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Móviles en España: hasta aquí hemos llegado

No hace todavía un año, faltaban terminales en el por entonces floreciente mercado español de la telefonía móvil. Hoy, el descenso de las ventas de móviles parece no tener fin y las compañías del sector anuncian drásticos recortes de beneficios. ¿Cuáles son las razones de este vertiginoso cambio de tendencia?

Aunque en realidad se trata de un problema mundial (Ericsson dejará de fabricar móviles tras los pésimos resultados cosechados últimamente, el declive de Nokia se acentúa por momentos, despidos masivos en Motorola y Cable & Wireless, ventas de 550 millones de móviles en 2000, frente a los 550 millones previstos), la situación del sector en España está siendo especialmente negativa en el primer trimestre de 2001 que está a punto de finalizar. Según los analistas, el mercado español de móviles ha sido uno de los más expansivos durante el último lustro. El crecimiento en la colocación de terminales celulares así lo atestigua: 4 millones en 1996, 7 millones en 1997, 10 en 1998, 17 en 1999 y otros 17 millones el año pasado.

Hace un año, la noticia que se veía venir saltó definitivamente a las primeras páginas de los periódicos: la telefonía móvil superaba a la fija. Por aquellas fechas, cada tres segundos un español se convertía en cliente de Telefónica Móviles, Airtel o Amena.

Pero poco duraría el optimismo. Después de las campañas veraniegas de los fabricantes, la venta de teléfonos móviles comenzó a desacelerarse ligeramente, llegó la Navidad y con ella casi tres millones de móviles quedaron en stock, y en lo que va de año la crisis se ha agudizado aún más. Como no podía ser de otra forma después de un crecimiento sin precedentes en ningún sector de la economía española, el mercado había tocado techo.

Y no hacía falta ser un experto para vaticinarlo. Veinticinco millones de usuarios y una penetración del servicio en el 62% de la población hacían presagiar el estancamiento. Pero los analistas esperaban que, con semejante número de clientes, el negocio de la reposición de nuevos terminales en sustitución de los viejos actuara de mullido colchón para el sector.

El UMTS pasa factura

Se equivocaron. A mediados del año pasado, las operadoras decidieron que ya habían dado bastantes ventajas al cliente y que era la hora de dejar de subvencionar la compra de terminales. Más que nada por los ingentes costes en los que incurrieron para los procesos de licitación destinados a hacerse con licencias de UMTS.

Pero la ralentización del mercado no amenaza sólo a las operadoras. También a las casi 20.000 tiendas de distribución de equipos que han proliferado como setas en los últimos cinco años al amparo de la explosión del negocio. Antes no sólo vendían todo lo que llegaba a su local, sino que lograban unos beneficios más que interesantes, porque cada terminal estaba subvencionado con alrededor de 15.000 pesetas, y cada nuevo cliente con 1.000 pesetas. Ahora la suerte está echada para buena parte de estos comercios.

Las cifras hablan por sí solas: en enero y febrero, las ventas de móviles (1,2 millones de unidades) cayeron un 50% con respecto a los mismos meses de 2000, debido a la saturación del mercado y al descenso de las subvenciones de las compañías. Según Jesús Banegas, presidente de Aniel, la patronal del sector, las operadoras de móviles han recortado las ayudas por compra de packs (teléfono y tarjeta) \”por la incertidumbre que atraviesa el sector debido a los cambios en el marco regulatorio\”.

Previsiones a la baja

El año pasado se vendieron en España 17 millones de teléfonos móviles, lo que permitió a los fabricantes facturar unos 1.700 millones de dólares (300.000 millones de pesetas). De esta cantidad prácticamente la mitad fueron renovaciones, y de éstas menos de 2 millones fueron compras, ya que la práctica más común entre los clientes fue sacar partido a las ofertas de las operadoras y darse de alta de nuevo.

Para 2001, las previsiones más optimistas sitúan el volumen de ventas en 13 millones de terminales (los expertos vaticinan que en todo el mundo se venderán en torno a 450 millones), con una facturación de \”sólo\” 1.092 millones de dólares (200.000 millones de pesetas). Un descenso significativo que vendrá provocado por el mayor esfuerzo inversor exigido a los usuarios una vez retiradas las subvenciones. Desde el pasado mes de enero los consumidores han empezado a pagar el precio real de los móviles, que asciende a un promedio de 20.000 pesetas.

Pero en el sector de la telefonía móvil está ocurriendo el mismo fenómeno que acontece en el parque de computadoras, si bien más matizado. Aunque para muchos usuarios cambiar de terminal es casi sinónimo de estar a la última moda, el consumidor medio no lo cambia cada dos o tres meses si el aparato le ofrece unas prestaciones satisfactorias.

Las razones de las operadoras

Las compañías argumentan que ya no les sale a cuenta subvencionar los terminales GSM, por lo que se reservan para apoyar el despliegue de la tecnología GPRS, que forzará a los usuarios a consumir más. También están presionando a los fabricantes para que les proporcionen precios más competitivos en los teléfonos con acceso a Internet. Pero todavía queda lugar para el optimismo. Fuentes de Airtel Móvil prevén más de 30 millones de usuarios de telefonía móvil en España en 2004, con una tasa de penetración del 80% \”y grandes posibilidades de crecimiento para Internet móvil\”.

El propio marco regulatorio invita a la esperanza. Desde hace cuatro meses ya es posible en España cambiar de operadora sin hacerlo de número de teléfono, gracias al llamado plan de portabilidad en redes telefónicas públicas móviles, una norma aprobada por la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. El objetivo es aumentar la competencia entre las telecos que operan en telefonía móvil ya que, al permitir que el cliente mantenga su número independientemente de la operadora que elija, las empresas tendrán que ofrecer siempre las mejores ofertas.

Esta es la bonita teoría. Sin embargo, los miles de usuarios que lo han intentado se han visto sometidos a todo tipo de obstáculos y costes ocultos. Al iniciar el proceso, los clientes se dan cuenta de que el cambio puede salirles por 130 dólares (unas 25.000 pesetas). Más trabas: los terminales son subvencionados por las compañías y se bloquean; transcurridos doce meses el desbloqueo es gratis, pero si un cliente intenta cambiar de operadora antes de que pase ese tiempo hay que pagar. Conclusión: buena parte de los distribuidores tratan de convencer a los consumidores para que no cambien y destinen el dinero a comprar un nuevo y más moderno terminal.

En cualquier caso, será difícil que el sector vuelva a repuntar significativamente a corto y medio plazo, y desde luego volver a la exhuberancia mostrada en el último año es misión imposible. La única posibilidad de regresar a fuertes crecimientos podría venir de la mano de Internet móvil, pero las cifras son desalentadoras: sólo uno de cada veinte españoles con teléfono móvil tiene un terminal WAP para acceder a la Red, según el último estudio de la consultora Feedback.


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