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Napsterdolores para Bertelsmann

Estados Unidos es el país de las demandas. Eso lo saben ya en todo el mundo, pero incluso en América, 17.000 millones de dólares en una serie de ellas, no es para tomárselo a broma. Se trata de la cifra acumulada hasta hoy del montante de las demanadas que la totalidad de la industria musical mundial ha interpuesto contra Bertelsmann por su papel respaldando a Napster.

Como escribe Fortume Magazine, \”no existe la píldora del día después de un acto impulsivo cometido bajo los efectos de las burbujas puntocom\”. Thomas Middelhoff, el entonces carismático CEO de Bertelsmann, decidió, al parecer sin ayuda de nadie más en el consejo de la multinacional alemana, comprar y apoyar Napster en su lucha contra la totalidad de la industria musical mundial, de la que Bertelsmann era parte importante.

La lógica de la demanda está orientada al hecho de vque, gracias a Bertelsmann, Napster continuó su papel como intercambiador de archivos musicales durante 8 meses más de lo que hubiera sido posible sin la intervención de la empresa alemana. Tanto Universal Music Group como EMI presentaron sus demandas durante los pasados meses de mayo y junio, pero muy probablemente haya otras en preparación.

Middelhoff, que ya no está en Bertelsmann, quemado como tantos otros por sus debilidades puntocom -un enfrentamiento con otros consejeros en el caso de Thomas- tuvo que abandonar la multinacional hace ya varios meses, pero la herencia que ha dejado puede convertir a Bertelsmann en una empresa al borde del colapso. Ni su sólida estructura financiera anterior, ni su historial como líder de la industria editorial y del ocio pueden garantizar su supervivencia si todas estas demandas se fallan en su contra.

En el momento de la decisión, Middelhoff se convirtió en portada de todas las revistas de negocios del mundo. Los expertos en Internet explicaban que Thomas era el único directivo de la industria musical que comprendía Internet. Sin embargo, las mayoría de los especialistas consultados en la época no entendían cómo había aceptado el alto riesgo, hoy confirmado, de las posibles -casi seguras diríamos nosotros- milmillonarias demandas.

Bertelsmann tiene ante si un futuro comprometido por alguien que se ha ido y no juega ya papel alguno en la empresa. ¿Es justa esta situación? El tiempo dirá cuanto de lo que cuantifican los demandantes es o no probado.

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