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Netflix: la gran oportunidad que estamos perdiendo

Alrededor de toda la polvareda levantada por la ley Sinde se están diciendo muchas cosas. Entre dimisiones, convocatorias de movilizaciones y amenazas de retirada de voto a los partidos que acordaron la ley, también deberíamos acordarnos de la necesidad de implantar soluciones alternativas a la (bien o mal llamada) piratería.

Una de esas alternativas podría ser Netflix, un modelo de distribución de películas y series de TV a través de Internet que triunfa en Estados Unidos y Canadá, los únicos países donde por el momento opera. Esta semana, Netflix ha dado a conocer los resultados del último trimestre de 2010 (aquí en PDF), con cifras que avalan el éxito de su modelo.

En 2010 consiguió 7,7 millones de suscriptores nuevos, mas del doble de los 3.6 millones que había marcado como objetivo. En total ha alcanzado los 20 millones de suscriptores, lo que la sitúa, por ejemplo, al nivel de canales de televisión por cable como Starz (17,3 millones) o Showtime (18,2).

Los resultados económicos no se quedan atrás: los ingresos crecieron en el último trimestre un 34% (hasta 595 millones de dólares), y los beneficios netos un 52% (47,1 millones). Al conocerse estos datos el pasado miércoles, las acciones de Netflix subieron un 10% en bolsa.

Un dato llamativo es que de los 7,7 millones de clientes nuevos de 2010, más de un tercio se suscribieron exclusivamente a la distribución de películas por streaming. Recordemos que Netflix empezó el pasado noviembre a priorizar el streaming sobre los envíos postales de DVDs, su principal línea de negocio.

Netflix no tiene previsto por ahora abandonar esa opción, aunque va a intentar reforzar la distribución digital sobre la física, con cada vez más variedad de plataformas para distribuir el contenido (consolas, reproductores Blu-ray, TVs y sintonizadores conectados a Internet) y aplicaciones para el iPad y smartphones.

Además, conseguir clientes nuevos le sale más barato desde que ofrece la opción de la suscripción digital. Atraer un nuevo suscriptor le costó 11,13 dólares en el último trimestre (ya ofreciendo la opción de streaming), frente a los 19 dólares que le costaba en septiembre.

Con tanto éxito, es normal que Netflix se plantee una expansión internacional. La compañía quiere extenderse durante la segunda mitad de este año a nuevos mercados, presumiblemente Latinoamérica y Europa. Para ello tiene incluso previstas unas pérdidas iniciales de 50 millones de dólares.

Pero parece que (ay!) España no entra en sus planes de crecimiento. ¿Por qué? La primera respuesta que vendría a la mente es porque somos un país de bucaneros digitales. Para alguien que distribuye películas a través de Internet, sería como lanzarse a una piscina de pirañas.

Pero no: resulta que lo que frena a Netflix, según un sondeo del mercado europeo que desvelaba hace unos días la Asociación de Internautas, es el pago de derechos de autor, que en España es dos o tres veces superior a los de países como Francia o Alemania.

Así pues, no queda otra que repetir –por enésima vez- a los políticos que la solución no está en criminalizar, perseguir o censurar, sino en diseñar un nuevo marco legal para regular y favorecer la distribución digital de los contenidos.


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