Esta historia no tiene desperdicio: haber encriptado los contenidos de su disco duro no ha sido suficiente para proteger su intimidad y ponerla a salvo del FBI.
El acusado se compró un ordenador Compaq en el que instaló varias aplicaciones de cifrado de datos. Con ello pretendía evitar miradas de curiosos, pero al final no ha visto cumplido su objetivo.
Cuando fue arrestado por el departamento de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego el PC le fue confiscado, y al no poder acceder a su contenido, el PC fue cedido al FBI. Los ingenieros de la agencia de investigación norteamericana resolvieron el problema volcando el contenido del disco a otra unidad.
Eso les dio acceso a los datos del acusado, entre los que se contaban vídeos sexuales de él con su pareja y evidencias de que visitaba algunas páginas pornográficas. Al sentirse avergonzado por estos hechos y en particular, por los últimos, tomó la decisión de demandar a Microsoft, ya que esto no tendría que haber ocurrido, porque estableció que Internet Explorer borrara el historial de visitas a los cinco días.
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