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O vuelve la burbuja, o aquí no hay quien haga proyectos globales

Recientemente, tras la compra de YouTube por parte de Google, la revista Time hizo un reportaje sobre sus fundadores, en el que éstos cuentan cómo lanzaron YouTube desde el inicio y cómo lo han vendido a Google.

Todo parece fácil. Vamos, que ni Alicia en el País de las Maravillas: unos chavales salen de una fiesta que han grabado en vídeo, y se preguntan: \”¿Dónde puedo subir el vídeo para que lo vean mis amigos?\”. Y a partir de aquí, hasta el penúltimo éxito de la Red.

En España es imposible que algo así funcionase. ¿Se imaginan? Una persona de 26 primaveras acude a una empresa de Capital Riesgo con una idea novedosa; normalmente su interlocutor en la firma inversora no entenderá \”ni papa\”, y encima le dejan el dinero para montar el negocio. ¡Eso no pasa ni de coña!

El Capital Riesgo se está dedicando a grandes operaciones de compra de empresas por parte de sus trabajadores, o a desmembrarlas y venderlas por parte, al más puro estilo Pretty woman. Y el Capital Semilla busca que el negocio esté empezando a dar sus frutos y sus fundadores empeñados hasta las orejas: entonces quizás entraría en el proyecto.

No creo que los fundadores de YouTube se endeudasen hasta las cejas para que Sequoia Capital (sin duda la empresa de capital riesgo con más visión de negocio de las que existen en estos momentos) les inyectase el capital necesario para aguantar durante años con un modelo de negocio inexistente.

Evidentemente, habrán caído por lo menos otros 10 proyectos de Internet parecidos, pero éste ha salido bien. En España tendrían que acumular, como mínimo, 10 años de experiencia, haber trabajado anteriormente en multinacionales, dominar tres idiomas y tener un primo político. De lo contrario, no creo que ningún emprendedor pase de la primera entrevista.

Deberíamos aprender de los norteamericanos e incentivar al capital para acudir con la mayor libertad posible a la búsqueda de oportunidades y proyectos interesantes, y dejarnos de intentar competir a base de talonario y superempresas públicas europeas, como el proyecto de buscador Quaero: concebido para contrarrestar la supremacía tecnológica estadounidenses, finalmente, como todas las empresas publicas, no puede competir con la productividad de una empresa privada, y menos si esa empresa se quiere comer el mundo y además se llama Google.

Habrá que irse a Silicon Valley a ver si allí nos dan financiación… O que vuelva la burbuja, que entonces sí se la jugaba el capital para entrar en proyectos futuros, aunque casi nunca realizables.


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