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Pago por uso, y olvídese de los stocks

Ahora que los más prestigiosos economistas comienzan a ponerse de acuerdo acerca de la salida del túnel de la economía norteamericana (la europea vendrá a la zaga con sus 12 meses de retraso, como siempre), es oportuno hablar de cómo algunas grandes compañías han actuado para mejorar sus resultados. Y lo han hecho introduciendo flexibilidad en su partida de gastos.

En efecto, todos sabemos que no hay nada más flexible que los ingresos, ni más rígido que los gastos. Aunque, para ser correctos, esta regla se aplica con rigor en entornos de crecimiento económico negativo, ya que cuando las cosas van bien, cuando los ingresos aumentan, es fácil incrementar los gastos. La reciente crisis, esa que parece se evidenció con el estallido de la burbuja tecnológica, ha servido para lo que sirven todas las crisis: encontrarse a sí mismo y sanear los excesos que siempre acaban cometiéndose en la fase final de los ciclos de bonanza.

Y en esta ocasión, la misma tecnología que nos prometía modelos de negocio galácticos nos ha traído la posibilidad de conocernos mejor. En efecto, grandes bancos, compañías consultoras, de logística… han aprendido que para optimizar los recursos es necesario conocerlos, compararlos y flexibilizarlos.

  • Conocerlos: la tecnología nos permite hoy en día monitorizar el uso que se hace de cada equipo hardware o software del que se dispone. Eso significa conocer en todo momento y en tiempo real el uso que se está dando a los recursos disponibles por parte de cada unidad de negocio.
  • Compararlos: de poco sirve disponer de datos si no sabemos lo que representan. ¿Es mucho 5%? La respuesta depende lógicamente de lo que estemos hablando y de con qué lo comparemos. Cobra vital importancia por lo tanto ser capaces de comparar los gastos generados por dos departamentos con un tipo de actividad similar, y teniendo en cuenta la carga de trabajo de cada uno. Y si además disponemos de valores medios del sector (algo ciertamente infrecuente en la mayor parte de las industrias), pues mejor que mejor. Seremos entonces capaces de conocer si somos más o menos productivos que nuestra competencia.
  • Flexibilizarlos: y después de todo lo anterior ¿qué? Ahora toca actuar. Ya sabemos que hay que reducir o que hay hueco para incrementar los gastos. Y aquí es dónde nos topamos con la rigidez heredada de una estructura adquirida por los medios tradicionales: compra, financiación o renting.

Pague sólo por los recursos que realmente consuma

Lo que las cuentas de resultados piden a gritos desde hace tiempo es una correlación lo más exacta posible entre ingresos y gastos en cada momento del tiempo (es decir, la elasticidad de los costes). Lo mismo que hacemos con la contratación de electricidad o de teléfono, se puede hoy en día ampliar a la mayor parte de los costosos recursos de una empresa, y en particular a los recursos informáticos. Éstos son considerados fiscalmente amortizables en 4 años.¡Pero si ya pasados dos apenas nos permiten ser competitivos debido a su rápida obsolescencia tecnológica! ¡Y encima en muchos casos estamos obligados a comprar capacidades de producción muy superiores a las necesarias!

Cuantas veces nos hemos enfrentado a la necesidad de optar por uno u otro modelo, donde la diferencia de precio es, pongamos, tan \”solo\” de un 30%. Los argumentos que nos suelen intoxicar son del tipo \”bueno, por un poquito más tienes el doble de capacidad para cuando la necesites\”. O bien: \”¿Y si se te quedas corto y dentro de 6 meses tienes que comprar otra unidad más? ¡Entonces te cuesta el doble de lo que podrías haberte ahorrado hoy!\”.

No nos engañemos. Todas las compañías (no solo las grandes corporaciones), pueden ya acceder a lo que se ha venido a llamar la \”variabilización\” (que la Real Academia de la Lengua nos perdone) de sus recursos. Existen compañías (como la española Pulsar Technologies) dedicadas precisamente a esta novedosa actividad.

Podemos hoy en día adquirir equipos de almacenamiento de datos instalados en nuestras propias instalaciones y pagarlos por Terabyte utilizado, o servidores y pagarlos por transacciones realizadas, o impresoras que pagamos por página impresa y en las que ni tan siquiera debemos estar pendientes de si se acaba el toner, pues la empresa arrendadora se encarga de todo ello. Esto es, pagar por el uso que se hace en cada momento.

Así es. El sueño de todo responsable de un centro de producción está muy cerca. Al igual que en los años 80 hizo furor el just on time y los stocks fueron poco a poco dejando sitio a la producción bajo pedido, ahora se dispone de los medios suficientes para eliminar igualmente el stock contable de los elementos de producción (es decir, la elasticidad de la estructura de producción). ¿Que la demanda se ha disparado? Pues a producir como locos para satisfacerla, sin necesidad de requerir un tiempo de reacción, ni miedo a atiborrarse de recursos que pueden quedar ociosos a medio plazo, y que entonces nos pasarán factura. El principio es muy sencillo: si vendo mucho, produzco mucho, consumo más, ingreso mucho y pago más. Si vendo poco, pues todo lo contrario.

Además de las ventajas evidentes del pago por uso como modalidad de adquisición (a recordar, el control de los gastos mediante su conocimiento en tiempo real, la elasticidad de los costes y la elasticidad de la estructura de producción), existen muchas otras ocultas, pues estamos a mitad de caballo entre una solución financiera y el outsourcing (perdón, subcontratación). Pero esto ya será contenido para un próximo artículo.

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Antonio Sánchez es C.O.O. y co-fundador de Pulsar Technologies


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