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Patrullero Gadget, a lomos de Ginger

Aunque sea un gadget que todavía no está disponible, esta semana es imposible no hablar de Ginger, un artefacto que se mantuvo en el más absoluto misterio durante meses para acabar revelándose como un ingenio que pretende revolucionar el transporte de las personas. Y que quizá lo acabe consiguiendo, pese a que en un primer momento ha provocado expresiones desencantadas del tipo \”ah, era eso\” entre los círculos tecnológicos que llevaban casi un año especulando sobre el artefacto. Cosas más raras se han visto.

La denominación oficial de lo que todo el mundo lo conoce como Ginger es Segway Human Transporter (SHT), un nombre que parece poco probable que trascienda. Es un vehículo de transporte personal, con toda la apariencia de un moderno patinete a motor. Las dos ruedas emplean un complicado sistema giroscópico para acompañar los movimientos del ocupante aportándole estabilidad. Según sus creadores, caerse es casi imposible. Su conductor puede desplazarse de lado, girar y marchar en todas las direcciones con facilidad, sin necesitar apenas espacio para maniobrar. Además, Ginger avanza sin problemas sobre el hielo, la nieve y sube y baja escaleras sin demasiada dificultad.

Ginger no pretende sustituir a los automóviles. Y es que difícilmente lo podría lograr con su velocidad punta de unos 20 kilómetros por hora (tres veces más deprisa que un caminante bastante rápido) y su autonomía de casi 28 kilómetros (las baterías son de Alcatel, requieren una hora de carga para dos de funcionamiento, que está estudiando un sistema de autoalimentación), sino contribuir a mejorar el desplazamiento dentro de los centros urbanos y la ecología de las ciudades, así como a que sus propietarios ahorren tiempo. La compañía responsable de este invento lo promociona con estas tres frases: \”Cubre más terreno. Sé más productivo. Muévete de forma más inteligente\”.

Habrá tres modelos: uno de la i-series, veloz y capaz de recorrer todo tipo de terrenos; otro de la e-series, un modelo industrial más robusto y con más capacidad de carga (35 kilogramos además del conductor), y por último el representante de la p-series, más ligero y pensado para desplazarse en el interior de edificios o en zonas muy transitadas.

Estarán disponibles durante el cuarto trimestre de 2002 y se espera que cuesten entre 3.000 y 8.000 dólares, un precio que a muchos les puede parecer excesivo por algo que, por muy revolucionario que quieran presentarlo, no deja de ser muy similar a un patinete con motor. Para contrarestar esta impresión, Segway recalca que moverse con él cuesta menos de un centavo al día.

Detrás de Ginger está la empresa Segway, financiada principalmente por Kleiner Perkins Caufield & Byers y Credit Suisse First Boston (cada uno ha aportado 38 millones de dólares en el proyecto). El principal responsable con nombre y apellidos es Dean Kamen, un célebre inventor galardonado en varias ocasiones. Uno de sus últimos inventos, al que podríamos considerar como progenitor de este monopatín con ínfulas, es una sofiticada silla de ruedas perfectamente capaz de subir escaleras.

De momento, a partir del primer trimestre de 2002, diferentes empresas e instituciones se harán con un buen puñado de Gingers para comprobar su eficacia. Entre los testeadores destacan Amazon.com, el Servicio Postal de los Estados Unidos, la red estadounidense de parques nacionales, Michelin y General Electric. En caso de que Ginger arraigue como medio de transporte en las ciudades, Segway ya ha construido una fábrica en Manchester capaz de producir 40.000 superpatinetes al día.


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