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Paul Allen insiste en demandar a medio mundo

Después de co fundar la empresa de software más grande del mundo, ninguna tarea parece demasiado difícil. Aunque se trate de demandar a otras 11 grandes compañías alegando infracciones de propiedad intelectual, incluso después de un primer revés en los tribunales y aunque afecten a tecnologías muy extendidas.

Quizá por eso, Paul Allen insiste en su propósito de demandar a Facebook, Google, Apple,  AOL, YouTube, Yahoo, eBay, Office Deport, OfficeMax y Staples y ha entregado los documentos pertinentes justo a tiempo, después de que una juez estadounidense le dijera que las acusaciones eran demasiado vagas y generales, y que si quería seguir adelante tendría que concretar un poco.

Las patentes en cuestión resultarán familiares para cualquiera. Por un lado, está la tecnología que permite proponer productos relacionados a un usuario que está comprando en una tienda online. Allen afirma que su empresa Interval Licensing (ahora cerrada) patentó ese sistema, que utiliza por ejemplo YouTube.

El texto también reclama violaciones a la propiedad intelectual en el sistema de notificación de los móviles Android, en los que un discreto icono en la barra superior advierte de nuevos correos o mensajes, en lugar de ocupar toda la pantalla. El sistema operativo desarrollado por Google no es el único que emplea este recurso, pero es el único mencionado expresamente en ese párrafo de la demanda.

Estos son apenas dos ejemplos, porque la documentación no ahorra en páginas y esquemas explicando cómo desde el sistema de Yahoo para ofrecer noticias relacionadas hasta la mensajería instantánea de AOL infringen patentes de Interval.

Las reclamaciones de Allen no son ambiciosas sólo por el número de acusados, sino por la enorme trascendencia que tendría si se le reconoce la propiedad intelectual de tantos servicios y herramientas, que no sólo son muy utilizados, sino que en algunos casos forman parte de ecosistemas de código abierto que podrían verse completamente trastocados si se "recalifica" un fragmento de software para convertirlo en propietario. Incluso en una industria acostumbrada a las demandas por propiedad intelectual, la campaña de Allen resulta casi grotesca.

Claro que, a juzgar por la mayoría de expertos, medios y analistas, es muy improbable que la ambiciosa demanda de Allen (que ocupa el puesto 37 en la lista anual de Forbes de los más ricos del mundo) logre convencer a los jueces.


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