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Pero… ¿alguien necesita un iPhone?

Ya está aquí, ya llegó. Después de meses de expectación y rumores, por fin Apple ha presentado su esperado y cantado teléfono móvil, el iPhone, el gadget definitivo, la reinvención del móvil. Aunque calificar de teléfono móvil a un aparato tan polifacético y ambicioso sería quedarse bastante corto. En su página web se explica que el iPhone cumple tres funciones básicas: un diseño revolucionario (sobre todo por la ausencia de teclado, que es virtual, y el interfaz de la pantalla, basado en Mac OS), un sustituto para el reproductor iPod (en el que la mítica rueda de control se reemplaza por botones), y un aparato para acceder a Internet (desde el que navegar con Safari, mandar e-mails, buscar en Google y Yahoo,.callejear por sus mapas o acceder a diferentes aplicaciones). También tiene sus limitaciones, añadimos: no hay conexión 3G, ni se habla de la VoIP (campo en el que otros rápidamente reaccionan), ni de ampliaciones de memoria o del sistema operativo… Pero claro, hay que sacar un modelo nuevo cada año.

Realmente, poco de lo que hace este aparato es nuevo. Todas estas funcionalidades, o similares, se encuentran en multitud de gadgets multimedia de nueva generación… y en los que surgirán a rebufo del iPhone en los próximos meses, ya que la nueva joya de Apple no llegará a las tiendas antes del verano. Y sin embargo, es seguro que el iPhone será un éxito de ventas. Para empezar, el iPod le ha allanado el camino del reconocimiento de marca. Hasta hace unos años, Apple era una marca reservada a friquis y especialistas, prácticamente desconocida por el gran público. Con la revolución del iPod, ha conseguido que sus productos se identifiquen con un mercado (mp3 = iPod), el mayor éxito al que puede aspirar una compañía. Si lo ha logrado con el iPod y los reproductores digitales, puede repetir la jugada con el iPhone y los dispositivos móviles.

Pero no sólo de la marca vive Apple. Sus productos son sinónimo de elegante diseño, de buena experiencia de usuario, de cuidada imagen, de apariencia y funcionalidad. Otros pueden hacer lo mismo o parecido, pero son feos. No son guays, no son cool, nadie presumirá de ellos, nadie guardará horas de cola por comprarlos. Bravo por Apple, maestros no sólo en diseñar productos innovadores, sino en venderlos. Tal vez no necesitemos un iPhone, pero nos moriremos por tener uno.


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