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Pesadilla a la vuelta de la esquina

Tener un problema con una compañía proveedora de servicios de Internet es como la muerte: todos sabemos que nos puede asaltar cualquier día, pero preferimos (o evitamos) no pensar que nos va a tocar. Hasta que llega el día en que te toca. Y entonces comienza el calvario: empieza la procesión de innumerables llamadas al servicio de atención al cliente, eternas esperas, instrucciones inútiles, recomendaciones inservibles, patatas que circulan de mano en mano sin que nadie se quiera hacer cargo de ellas…

Todo se convierte en un proceso kafkiano que pone a prueba la paciencia del más pintado, porque por ninguna parte se atisban soluciones ni final feliz. Ni siquiera es fácil poner una reclamación o darse de baja del servicio, pues se diría que estas empresas están diseñadas a la manera de fortalezas medievales, inexpugnables en lo alto de sus atalayas, sin un solo resquicio que pueda facilitar la entrada al enemigo. Rece para que no le toque.


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