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¿Plasma o LCD?

Los televisores de alta definición van a ser uno de los regalos estrella de estas navidades. Su precio se ha abaratado tremendamente en los últimos años, y en cuestiones de estética y volumen no tienen comparación con los tradicionales televisores de tubo. Ahora bien, a la hora de elegir un nuevo aparato, tenemos que optar entre un televisor de plasma o uno de LCD (Liquid Cristal Display).

Ambos modelos se diferencian por la tecnología que emplean: el LCD está formado por dos capas conductoras que recubren un material de cristal líquido, que reorienta su apariencia al paso de la corriente entre electrodos transparentes. Por su parte, en las pantallas de plasma las imágenes se crean a partir de la excitación de sustancias fosforescentes mediante una descarga entre dos pantallas planas de vidrio.

Ahora bien, esta explicación puede que no diga demasiado a la hora de elegir entre una y otra alternativa. En Digital Home encontramos una guía con razones para decantarnos por una de las dos opciones. En primer lugar, cinco razones para elegir el plasma:

  1. Mejor reproducción en color: el plasma se describe como “auto iluminado” porque las partículas fosforescentes se encienden cuando las atraviesa la corriente eléctrica. Por eso los colores son más dinámicos que en el LCD, donde la luz parsa por diferentes filtros.
  2. Mejor contraste de negros: las sombras son importantes para ofrecer sensación de profundidad. El plasma puede alcanzar el negro absoluto apagando los píxeles necesarios, mientras que en el LCD, que recibe constante energía, el negro se logra con un filtro que bloquea casi toda la luz, por lo que crea algo más cercano a un negro oscuro.
  3. Mejor ángulo de visión: en el LCD, la calidad de la imagen disminuye si nos apartamos del ángulo central de visión, debido a que la luz se dispersa a través de los filtros; en cambio, en el plasma la calidad de reproducción es la misma sea cual sea el ángulo de observación.
  4. Nitidez mejorada: la claridad de las imágenes es superior en el plasma por dos razones: por el efecto mencionado anteriormente con los ángulos de visión, y por sus tiempos de respuesta más rápidos, que elimina la posibilidad de sombras o rastros en la pantalla.
  5. Menor precio: aunque la diferencia no es muy grande y tenderá a igualarse en el futuro, los televisores de plasma suelen ser ligeramente más baratos que los LCD.

Los compradores de LCD también manejan sus propios argumentos para justificar la superioridad de esta tecnología, aunque las evidencias técnicas demuestran que los motivos que suelen esgrimir no son científicamente demostrables:

  1. El LCD no padece el “efecto quemado”: así se conoce la retención permanente de imágenes en la pantalla, por ejemplo, al mostrar un menú de un DVD, que se superponen luego a otras imágenes. Es un problema que podía acontecer en los primeros modelos de plasma, pero que actualmente está bastante superado.
  2. Menor consumo eléctrico: dado que una pantalla LCD está soportada por una fuente de luz siempre encendida, su consumo es constante; en cambio, el plasma tiene un consumo variable dependiendo de la cantidad de píxeles que se iluminen; si todos se iluminan (suceso poco habitual), entonces su consumo eléctrico sí se puede disparar, pero lo normal es que se alternen, y el consumo de ambos modelos sea similar.
  3. El LCD dura más: la vida media de un televisor de tubo es de 30.000 horas, frente a las 60.000 horas de uno de plasma y ligeramente más del LCD. 60.000 horas en activo supone una media de 6 horas diarias durante 27,4 años, tiempo más que suficiente para que la mayoría de personas cambien de televisor, sin esperar a que llegue al final de su vida útil.
  4. El LCD es superior en habitaciones luminosas: es cierto que con una luz extrema un televisor de plasma puede provocar un efecto reflectante y dificultar las imágenes, pero para ello debería recibir alrededor de cinco veces la luz habitual de un salón medio de cualquier casa.

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