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Profesionales imposibles: aprendiz de todo, webmaster de nada

Internet es un medio en constante cambio: al ser humano medio nos resulta inabarcable y, demasiadas veces, incomprensible. Solo mantenerse al día representa un esfuerzo notable, no creo que nadie que viva de esto dedique menos de 10 o 15 horas a la semana, difícil de entender desde otras profesiones menos cambiantes. Cualquier profesional del medio lo sabe, y cualquier persona mínimamente informada lo intuye.

Considerando esto, es difícil comprender una buena parte de los perfiles laborales que se solicitan en las ofertas de empleo. Es cierto que se suele tirar por arriba -mejor que sobre que no que falte-, aunque creo que es una estrategia equivocada. Al incluir numerosos skills, se abre en exceso el abanico, dejando la puerta abierta a candidatos que se alejan de los requerimientos básicos deseados.

Por mi parte estoy encantado con estos requerimientos. Llevo tantos años en este negocio que domino una amplio espectro de habilidades, pero de eso a ser un experto en todas ellas, con el nivel de exigencia que debe plantearse en este negocio, media un abismo. La gestión de todo el conocimiento que mueve el mundo digital es una labor que requiere numerosas destrezas, y cualquiera que piense que puede abarcarlo sin el soporte de un equipo cualificado, o le falta experiencia, o es un necio.

Este amplio espectro de conocimientos se daban hace años en el webmaster, figura mítica que atesoraba una buena parte del conocimiento cuasi-mágico que movía la Web de los 90: administración de sistemas, diseño y programación de las webs, gestión de los contenidos y conocimientos importantes en promoción y posicionamiento. Cual moderno Leonardo, el webmaster era capaz de cubrir todas las áreas con dignidad y mantener los proyectos en marcha. Eran profesionales muy flexibles y a menudo con una formación multidisciplinar, como muchos de los grandes programadores de la década anterior.

Con la llegada del nuevo siglo y la explosión de Internet, el webmaster quedó un tanto desdibujado, en ocasiones marcados por las modas, a veces por intuición, y pocas por un conocimiento contrastado de las necesidades del medio y sus usuarios. En demasiados casos es una figura desbordada por las responsabilidades que le adjudican, y en el caso de los más novatos, por las que se echan a la espalda ellos mismos: el \”aprendiz de todo, webmaster de nada\”.

En las grandes empresas ha pasado a ser un coordinador, que gestiona proyectos y equipos, habitualmente externos, que se encargan de las distintas áreas operativas de la web actual. A menudo se debe encargar de los contenidos y el mantenimiento inmediato, dedicando una buena parte de su tiempo a la mejora de la web, a escuchar a los visitantes y usuarios, analizar estadísticas de tráfico y diferentes métricas, para conseguir escalar posiciones en buscadores y en la percepción del visitante. Compleja misión que le obliga a priorizar las distintas tareas, para que encajen dentro de los presupuestos y de su apretada jornada laboral.

Con frecuencia me piden ayuda para buscar perfiles de estas características, para hacerse cargo de los proyectos que desarrollamos o para crear equipos internos. Las más de las veces el perfil solicitado coincide con un licenciado, con entre 1 y 3 años de experiencia, todos los conocimientos mencionados y unos cuantos más.

Estimado lector, lamento decirle lo mismo que digo habitualmente a mis clientes: ese profesional, con esos conocimientos y esa experiencia, no existe. Y de existir, la mayoría de las veces, no aceptaría los presupuestos que se suelen barajar.

Internet tiene pocos años, podríamos establecer el inicio formal hace poco más de una docena de años, allá por 1995. El webmaster que se autoformó antes de 2000 tenía una visión y un conocimiento de todos los aspectos de la web que podrían acercarle al perfil idealizado, pero que el actual habitualmente no tiene.

Si analizamos profesional por profesional, su trabajo, cómo lo hace y en qué fundamenta sus decisiones, nos encontraremos a menudo con errores de base, que podrían parecer irrelevantes, pero que demuestran su importancia cuando el proyecto crece, aparecen los problemas de seguridad o cualquier otro tipo. La capacidad de estos bomberos de apagar distintos fuegos -eso si no los han generado ellos mismos- es bastante más limitada.

Mi primera recomendación es que se baje el nivel de exigencia. A la hora de buscar profesionales en plantilla o subcontratar proyectos hay que situar el listón a una altura razonable. No importa si está buscando un programador, un diseñador o una navaja suiza humana, le recomiendo que centre la búsqueda en aquellas habilidades principales que se
precisan -recuerde que un buen profesional traerá muchas otras cualidades bajo el brazo-, y sobre todo, céntrese en los resultados.

Dedique su esfuerzo a contrastar los portafolios y los trabajos que le presenten, y asesórese adecuadamente. Si no tiene claro lo que le están mostrando, busque consejo experto. Le ahorrará tiempo, dinero, simplificará la selección y aumentará las posibilidades de encontrar el profesional con las cualificaciones que precisa.


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