BAQUIA

Proveedores de problemas

Cuando uno entra a una empresa, aunque a veces éstas son relativamente nuevas, hay tantas posibilidades de que tengan ya algo desarrollado en Internet como de que haya que comenzar desde cero.

En ambas situaciones la cosa es complicada. En el segundo caso nos enfrentamos principalmente a los tiempos de entrega que la gente que te ha contratado tenía en mente. Es duro, pero se puede presentar batalla y conseguir retrasar la salida el tiempo suficiente como para tomar el control de la situación (a la gente le sigue costando diferenciar entre que uno sea muy bueno en su trabajo o que sea Dios).

En el primero de los casos, la cosa se torna más complicada, ya que no sólo nos enfrentamos a los plazos de entrega de las nuevas y geniales ideas de la cúpula directiva, fruto de interminables tormentas de ideas (apenas unas borrascas de carácter moderado), sino que tenemos que partirnos la cara con esas adorables personas que han realizado el desarrollo que te has encontrado.

Y no es que te tengas que pegar con ellos para conseguir que cumplan los plazos de entrega de las nuevas ideas, mientras tú vas montando un equipo de desarrollo paralelo para controlar por ti mismo la situación; el problema va mucho más allá.

Primero porque te encuentras algo desarrollado por gente que no conoces, que afortunadamente han dado en el clavo con la plataforma tecnológica, pero que han seguido los postulados de una persona neófita en Internet (y que después de casi nueve meses metido en esto sigue igual de neófita), demostrando que sus comerciales y consultores tienen la misma habilidad que la Gallina Caponata para defender sus ideas.

Ante esta situación, es necesario abrir dos frentes de batalla. Primero para detener todos los golpes que te caen a cuenta de la porquería que te has encontrado desarrollada, y segundo, sentar las bases de lo que será la futura herramienta de trabajo de los treinta penitentes que ahora mismo tienen que sufrir semejante aberración de la tecnología. Para hacernos una idea, imaginemos que decidimos montar un servicio de taxis. Compramos un Mercedes de la gama alta pero le ponemos una sillas de madera de esas de las cafeterías en el interior, y, en lugar del motor, ponemos una ruedecilla con dos hámsters correteando en su interior… el resultado sería bastante similar.

Los problemas crecen a la hora de conseguir que los benditos proveedores te concedan el privilegio de acceder a tu propia máquina que está en su servicio de housing. Cuando llevas cinco días discutiendo con ellos a diario y que no consigues nada, se te pasan por la cabeza ideas como que tienen algo que ocultar o bien que su inutilidad es mayor que su incapacidad para defender un proyecto. Esto se podría finalmente bautizar como el “Efecto Caponata”, dada la similitud de esta situación con las conversaciones que el personaje gallinomorfo entablaba con el no menos famoso caracol hablador: Perejil.

La sorpresa es mayúscula tras descubrir que han invertido cinco días en instalar un servidor FTP seguro… y en el servidor web cualquiera con un poco de mala fe puede entrar y modificar lo que le venga en gana. Eso si, podrás subir las imágenes por FTP bien encriptado no sea que algún pirata te las copie.

A partir de aquí, y como mero divertimento, se puede tratar de solicitar la instalación de algunos programas en tu servidor, tipo PHP o MySQL, para ver primero si saben lo que es, y después cronometrar -con un calendario- el tiempo que tardan en tenerlo operativo.

A estas alturas, el “Efecto Caponata” ha tomado tintes de tornado que arrasa con todos los planes que habías hecho al entrar a esta nueva empresa, y ruegas a Dios porque un rayo parta el servidor y a todos los que lo manipulan para poder empezar de cero y sólo tener que enfrentarte al clan de los Consejeros Trajeados.


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