BAQUIA

¿Qué hacer con Internet? Todo menos ignorarla

Esther Dyson es una inversora y analista definida por algunos como “un think tank de una sola mujer”. Preside Edventure Holdings y edita la publicación Release 1.0, donde lleva desde 1993 detectando y anticipando las tendencias en TI. La revista Wired dice de ella: “Aquello en lo que Esther muestre interés, acabará siendo de importancia en la industria”. Entre sus numerosas inversiones en Europa figura NewKnow, la empresa española de Gestión del Conocimiento de cuyo Consejo de Administración, además, forma parte.

Pues esta mujer, que ha hecho una fortuna ingente poniendo a trabajar su capacidad de anticipar el futuro y convirtiéndola en riqueza para las empresas, dice que Internet cambia y va a seguir cambiando radicalmente el modo en que las personas, los mercados y las empresas funcionan y se relacionan con su entorno. Y esto no sólo lo dijo en 1999, cuando salió a la luz el Cluetrain Manifesto y el capital aventurero lucía sus plumas más vistosas. Lo sigue diciendo ahora, cuando las TI tienen que pelear por su credibilidad y la palabra Internet anda por los pasillos del capital buscando eufemismos con que cubrirse. Esther y todos cuantos hemos firmado el Cluetrain Manifesto seguimos creyendo en el poder disruptivo de la Red. Y es más: El hecho de que haya estallado la burbuja de Internet no ha hecho sino consolidar la diferencia entre aquellas empresas que entienden a sus clientes y los ponen en el centro de su atención, y las otras que creen que el cliente es un lastre necesario para obtener beneficios.

Seguimos creyendo en el poder disruptivo de la Red

Como ya he dicho en algún comentario anterior, muchas empresas físicas, léase en España Inditex o El Corte Inglés, siempre han tenido el concepto claro. Sin embargo, incluso los que lo tienen, encuentran difícil el nuevo entorno de un cliente que “nos contesta” y “quiere entablar conversaciones con nosotros”. Ya no basta el servicio post-venta, ni siquiera el departamento de reclamaciones. La respuesta tiene que ser inmediata, la conversación fluida, y el cliente debe encontrar satisfacción rápidamente si no queremos perderle.

Internet está aquí para quedarse. Las empresas pueden ignorarlo. No por mucho tiempo. Las grandes empresas han empezado ya a convertir todos sus procesos a Internet (lo que ahora se llama internetizar). Nuevos enfoques de gestión del conocimiento como el que propugna la compañía mencionada anteriormente se convierten en clave para el desarrollo de la gestión y el seguimiento de la competencia. La PYME española no reacciona, en buena parte porque cree que esto de Internet ha sido una moda pasajera que no afecta a su día a día. ¿Acaso España no es el único país de la UE que ha visto descender su número de internautas?

Esta ignorancia de los cambios tecnológicos les afectará severamente. Alguien tiene que decírselo. Cada día se están gestando en toda la Unión Europea PYMES de nuevo cuño, bien dotadas tecnológicamente y con recursos avanzados. Algunas de ellas, por supuesto, en España; pero seguimos a la cola de nuestro entorno en la generación de empresas de rápido crecimiento. Aquéllas que tienen el potencial y el modelo de negocio necesario para convertirse en la salvación de los puestos de trabajo que están dejando caer las empresas de gran dimensión.

No hay vuelta atrás. Si nuestra empresa no conoce y sigue bien a sus competidores, si no es capaz de conocer sus costes individuales por producto, por línea de producto, el margen que le dejan sus clientes. Cada cliente. Si no hemos empezado nuestra conversación con el cliente o tenemos dificultad en saber cómo se comporta y cómo utiliza nuestros productos o servicios. Si no nos preocupa el próximo invento que deje obsoleta nuestra ventaja competitiva… entonces tenemos un problema.

La promoción de la Sociedad de la Información está siendo un fiasco. En todos los foros en los que participo, el número de españoles es mínimo. Pareciera que, a pesar de tener empresas de nuevas tecnologías, creemos que eso es cosa de americanos. Que no nos concierne.

¿Cuántos puestos de trabajo tendrán que destruirse para que nos demos cuenta?

Temas relacionados:
  • Entrevista a Esther Dyson

  • Compartir en :


    Noticias relacionadas

    Recomendamos




    Comentarios