BAQUIA

¡Qué horror, ordenador nuevo!

Les planteo una pequeña cuestión: ¿a quién dedicamos más tiempo gratis? ¿A una ONG, o al hombre más rico del mundo? Lo han adivinado. Bill Gates recibe gratis mucho de nuestro tiempo. Probablemente, uno de los intervalos de nuestra vida de mayor frustración.

Los más avispados entre mis lectores ya lo habrán supuesto. Sí, tengo un ordenador nuevo. Le llevo dedicado no menos de 50 horas en las últimas dos semanas. No, todavía no está del todo bien, ya ha salido de la UVI pero sigue con fiebres diversas: que si el MSXML no está registrado, que si la secuencia de comandos de Internet Explorer tiene fallos… En fin, una delicia.

Para aquellos lectores que creen que la tecnología ya ha tocado techo –haberlos los hay- les propongo un hipotético relato del futuro que representa lo que yo, a estas alturas de la película, hubiera deseado que fuera ya una realidad.

Lo que podría ser y no es

Una ventana en mi PC se abre y me dice en formato afirmativo: “Entiendo que has tomado la decisión de cambiar de ordenador”. Hago clic sobre la opción “Sí”, y la respuesta no se hace esperar:

Después de exactamente 2 años, 3 días y 22 horas has tomado una decisión que implica otras muchas. En primer lugar, para que no pierdas el tiempo, aquí tienes un análisis de tu ordenador actual:

  • 87 programas
  • 252.000 archivos

Analizado todo ello, llego a la conclusión de que sólo utilizas 12 programas, que la casi totalidad del resto sólo se ha utilizado un par de veces, y que si borras todo lo que no has utilizado en los últimos 14 meses podríamos dejar lo que realmente necesitas en:

  • 14 programas
  • 8.000 archivos de texto
  • 1.000 archivos multimedia

¡Por cierto! ¿Alguna razón especial para cambiar de ordenador?

  • Necesitas más almacenamiento
  • Más rapidez
  • Menor peso
  • Mejor pantalla…


“Simplemente, quería cambiar a uno más sexy”, respondo con sorpresa al reconocer la agudeza de mi interlocutor.

“Bien, pues entonces es sencillo. Copia el fichero “chicolisto.exe” a tu nueva máquina. Sí, lo has adivinado, soy yo mismo. En cuanto me instale en mi nuevo hogar me pongo a trabajar para ti.”
Una vez hecha la simple copia utilizando la red de mi oficina, ChicoListo aparece de nuevo, ya en mi nuevo ordenador y me saluda con un:

“¡Hombre, un Libretto de Toshiba! Tenía ganas de vivir en uno tan pequeño y can tantos recursos. Veamos, ya me he conectado a la red y sí, he podido descubrir tu viejo ordenata. Me voy a traer primero los 14 programas que necesitas y voy a abrir un fichero con las licencias de cada uno para que pueda reinstalarlos sin problemas. Dame un par de horas y te lo tendré listo.”
He aprovechado para tener una reunión interna y recibir a un cliente. Cuando me vuelvo a conectar todo parece familiar. El escritorio está como yo lo tenía: todos los programas más utilizados se pueden acceder sin problemas y cada vez que busco un fichero ahí está.

Sólo tengo una ventana abierta de ChicoListo, que me pregunta qué quiero hacer con la PCMCIA que ha detectado, y que sospecha que pertenece a un operador telefónico para permitir que acceda a su red desde cualquier punto en que me encuentre.

Le confirmo su intuición, y le facilito los datos que me ha dado el operador al que he comprado la tarjeta. ChicoListo me la tiene funcionando en menos de 20 minutos, mientras he atendido un par de llamadas telefónicas.

Y aquí acaba este sueño…

Está claro cual es el límite del crecimiento de la tecnología: la barrera de comprensión de cada individuo. Si alguien acostumbrado a moverse en el entorno de la tecnología necesita 50 horas para medio hacer que su nuevo ordenador le deje hacer lo que hacía antes, ¿cuántos clientes potenciales habrán optado por dejar de sufrir mucho antes, para devolver el equipo y quedarse como estaban?

¿Es comprensible que, todavía hoy, tengamos que dedicar a la instalación de cualquier equipo electrónico horas, muchas horas? ¿Microsoft? ¿Linux? Lo importante es que cace ratones… En este caso que nos ayude de forma sencilla a hacerlo.

Bueno, por lo menos mi Word funciona y les he podido contar alguna de mis frustraciones de los últimos 15 días. Sigo todavía con el “error-7000-no-sé-cuantos” en el Windows Update, a pesar de haber seguido paso a paso las instrucciones de los foros de ayuda de Microsoft.

¿Quién programa un instalador inteligente? Se va a forrar, se lo digo yo.


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