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¿Qué mató a Quiero TV?

A veces, la mejor forma de comprender un problema consiste en echar mano de los recuerdos. Una de las personas que acudió a las reuniones donde se ponían las primeras piedras de la que, teóricamente, sería la plataforma de televisión digital que arrebatara el dominio a Canal satélite Digital y Vía Digital, lo deja bien claro: \”Jamás había sentido tanto vértigo como el día que participé en una de las reuniones fundacionales de Quiero TV. Estaban construyendo su oferta sobre unas previsiones que no tenían fundamento alguno\”.

Ideas inalcanzables, proyectos demasiado ambiciosos, dura competencia, intereses políticos, gastos descontrolados, lucha nada velada entre los accionistas… la suma de todos estos factores contribuyó a que Quiero TV pasara de ser la plataforma con la tecnología más avanzada de España a convertirse en un lastre para la mayoría de sus accionistas.

Dos años después de comenzar sus emisiones, el 15 de noviembre de 1999 bajo el nombre de Onda Digital, y tras 900 millones de euros invertidos y otros 400 millones perdidos, el Consejo de Administración y la Junta General de Accionistas de la plataforma decidieron desenchufar la televisión. \”A pesar del cumplimiento por Quiero Televisión y sus socios de la totalidad de los compromisos asumidos en el Plan Financiero y de Negocio de su oferta, las condiciones actuales hacen inviable continuar con las explotación de la concesión del servicio público de carácter nacional\”, explicaron en un comunicado.

No todo el mundo lo ve así. Tras el anuncio de la liquidación ordenada de la compañía, varios trabajadores tomaron la iniciativa de dar a conocer las causas reales que han provocado esta situación. \”No sabemos si dará resultado, pero por lo menos que se sepa la verdad\”, sostienen haciendo buena la frase del filósofo Friedrich Nietzsche según la cual \”si se quiere perjudicar a alguien lo único que hace falta es decir de él alguna verdad\”. Ahora se enfrentan a un futuro incierto, aunque cada vez cobra mayor peso la tesis de que cobrarán \”20 días por año trabajado (teniendo en cuenta que nadie lleva más de dos) y al paro\”. No obstante, la situación de los 150 trabajadores puede variar en función de la figura legal que adopte la compañía: expediente de regulación de empleo, suspensión de pagos, cierre patronal, quiebra….

Esa incertidumbre sobre el futuro contrasta con la seguridad que muestran a la hora de encontrar el motivo que condujo al cierre de la televisión digital. A su juicio, han contribuido una serie de factores entre los que destacan el hecho de que Quiero TV \”naciera por problemas políticos de conveniencia. Los accionistas lo fueron a desgana y persiguiendo objetivos particulares extra-empresariales\”, lo que derivó en una serie de \”peleas continuas entre los propietarios, que ponían palos en las ruedas del negocio\”.

También señalan los obstáculos colocados por el Gobierno, con el ministerio de Ciencia y Tecnología al frente, como una de las causas que han llevado a organizar el entierro de la compañía. Entre otras cuestiones, los trabajadores achacan al Gobierno la falta del marco regulador prometido \”con las televisiones públicas liderando la digitalización\”. A la pregunta de si a lo largo de estos dos años Quiero ha recibido presiones por parte del Gobierno, los empleados no dudan un segundo: \”Así lo ha comentado nuestra dirección en varias reuniones públicas con empleados, y ellos sí deben saberlo con certeza, o no se arriesgarían a decir semejante cosa\”.

Pero no toda la responsabilidad sobre la decisión de liquidar la compañía proviene de las supuestas presiones del gabinete dirigido por Anna Birulés. También deben tenerse en cuenta la \”perversión\” en el mercado de contenidos, provocada por Vía Digital –\”empresa montada con el único fin de parar a Polanco (presidente del Grupo Prisa)\”, sostienen– y a la carencia de interés \”por repartir el principal activo de Quiero –la licencia– entre un grupo de amigos en vez de ayudar a reflotar la empresa, cuando de verdad podía ser viable\”.

Lo que mal empieza, mal acaba

Atrás quedaban los comienzos, cuando el Gobierno convocó un concurso para conceder la licencia de una nueva televisión de pago. Ya entonces surgió la polémica por dos motivos bien diferentes. El primero fueron las críticas que acusaban de plantear un concurso amañado. Nada extraño teniendo en cuenta que acudió un sólo candidato: Retevisión. Ironías del destino o casualidad más que dudosa, la cuestión es que por aquel entonces el puesto de consejero director general de la empresa lo ocupaba Anna Birulés, actual ministra de Ciencia y Tecnología.

La segunda polémica la pusieron encima de la mesa los expertos del sector. A su juicio, ya era difícil que dos televisiones digitales sobrevivieran en un mercado como el español. Tres era imposible. La muerte de Quiero TV y la reciente fusión entre Vía Digital y Canal Satélite han acabado por darles la razón. Aunque no todos comparten esta tesis. Los ex trabajadores de la plataforma aseguran que \”la televisión digital terrenal es, por definición, un escenario distinto al satélite, con un lugar propio. Otra cosa es si el producto debía haberse planteado como competencia directa del satélite\”. Asimismo, se lamentan de que \”falló el mecanismo de divulgación y el público (usuarios potenciales) no diferencia entre satélite, digital/terrestre o cable, cuando la digitalización era la proa del buque de la Sociedad de la Información\”.

Rencillas accionariales

Quiero TV apareció en un mercado más preocupado por la pugna que enfrentaban al Gobierno con el Grupo Prisa en la guerra de las plataformas digitales que por la aparición de otra compañía telivisiva. Quiero TV quedó en un tercer y más que discreto puesto. Y allí permaneció anclado el resto de sus días.

Más que a la indiferencia del público o a la saturación del mercado, la plataforma encontró su principal escollo en sus accionistas, compuesto por Auna (49%), Mediapark (18%), Planeta (12%), Carlton (6%), InverCataluña (3,4%), Caixa de Vigo (3%), Caja de Ahorros del Mediterráneo (3%), Caja de Ahorros de Navarra (1,8%), Euskaltel (1,8%), la Kutxa (0,8%) y BBK (0,8%). Las disensiones entre ellos ha sido una constante desde el comienzo hasta las últimas semanas. Ni si quiera para decretar la liquidación de la compañía encontraron unanimidad. Y es que la broma no les ha salido barata. Hasta el final aportaron 900 millones de euros en sucesivas inyecciones de capital y han debido derrochar grandes dosis de paciencia en la lucha nada dismilada para saber quién se encargaba de la gestión de la plataforma.

La primera lucha enfrentó al grupo editorial Planeta y Retevisión, actual Auna. Hasta mayo del año 2001 fue Planeta quién se hizo con los mandos de la nave, justo cuando el globo de Quiero empezaba a desinflarse. Además, la compañía participaba en otra televisión en abierto, Veo TV, lo que hacía más que aconsejable poner los pies en polvorosa. El 49% del capital que estaba en manos de Auna fue motivo más que suficiente para asumir la dirección. Una de las primeras decisiones fue nombrar a Ildelfonso de Miguel como nuevo director general.

Es entonces cuando se decide poner toda la carne en el asador para reforzar la estrategia de marketing. Una publicidad atrayente protagonizada por unos divertidos muñecos y una canción pegadiza de fondo permitió a la plataforma convertirse en la octava marca más conocida de España, según apuntó en una ocasión De Miguel. Pero de poco valía si no se atraían nuevos abonados.

Alcanzar la barrera psicológica de los 100.000 suscriptores seguía siendo una cifra paupérrima comparada con sus principales competidores. Por eso se deciden explotar las diferencias frente a Vía Digital y Canal satélite, cuestión que jamás llegó a cuajar entre la gente. Entre otros aspectos, los usuarios podrían enviar y recibir correos desde su propia televisión o navegar por Internet. Además, la palabra interactivo adoptaba toda su razón de ser en Quiero: los usuarios podían participar desde su casa en el concurso 50 por 15, ver vídeos musicales a la carta, \”chatear\” al mismo tiempo que se emitían programas como Gran Hermano, corridas de toros o acontecimientos futbolísticos.

Pero se necesitaba más y más. La clave residía en los descodificadores. La idea de los responsables de Quiero TV consistía en ser lo más parecido a TIVO, la plataforma que ha revolucionado la forma de ver la televisión en Estados Unidos. Para ello comenzaron a trabajar en la comercialización de unos descodificadores con un disco duro que grababa hasta 20 horas de programación, congelar la imagen en el momento de la emisión, rebobinarla, adelantarla… Todo era posible.

Pero ni por esas. Las previsiones de alcanzar la rentabilidad en el año 2004 y atraer más de tres millones de suscriptores comenzaban a evaporarse poco a poco. Se llevó a cabo un último golpe de efecto: seis meses de suscripción por el precio de uno, ausencia de fianzas en la mayor parte de los casos y precio especial de cinco euros para los partidos de fútbol. Quiero TV toca su máximo techo: 200.000 abonados.

Atención al cliente… ¿y eso qué es?

Es entonces cuando a la compañía se le cae el disfraz y demuestra ser un proyecto sustentado sobre pies de barro. Las peticiones de suscripciones revientan la capacidad de sus servicios de atención al cliente. Los instaladores no dan abasto y la ira entre los posibles abonados aumenta por momentos. Fue el caso de Sergio Martín, quien aprovechó la oferta estelar de seis meses por uno. En mala hora… \”Compré la cajita de Quieto TV en enero de 2000 y ya el primer día llamé para que me lo instalaran. Pasó enero, febrero y llegamos a mayo. Llamé al servicio de atención al cliente para amenazarles de que si no venían los técnicos en menos de una semana me daría de baja\”, recuerda. Lo que más le sorprendió fue la respuesta que le ofrecieron: \”me detallaron todos los pasos que debía dar para borrarme como suscriptor. Estuve seis meses con una caja en el salón para nada\”.

Los ex trabajadores de Quiero TV contemplan este problema con mayor perspectiva. La conjunción de tres problemas fueron, a su juicio, los causantes de estas deficiencias a la hora de atender a los usuarios: por un lado, la \”mala evaluación de los problemas técnicos de la adaptación de un parque de instalaciones de televisión y antenas muy viejo, así como el nulo apoyo del Gobierno para la adaptación de las antenas y expansión de la red\”.

A esto se une la desventaja con la que partía Quiero TV en la guerra por los instaladores desatada entre las tres plataformas: \”el orden, calidad y rapidez de la instalación varía en función de las comisiones que se llevan\” lo que hacía \”imposible competir con Vía Digital, que dispone de un presupuesto virtualmente ilimitado\”, señalan.

Los empleados asumen que también contribuyó \”la mala planificación y gestión de las necesidades de instalación y una campaña de marketing (regalar seis meses de suscripción) de auténtica locura\”. No obstante, aseguran que desde hace ocho meses, el servicio ha mejorado de forma significativa \”a pesar de que los medios son tremendamente inferiores\”.

Paciencia agotada

Todas las estrategias puestas en marcha son ineficaces para hacer siquiera sombra a sus competidores. Canal Satélite sobrepasa el millón de abonados, Vía Digital ronda los 800.00 y Quiero pasa de los 200.000 a poco más de 94.000. Se convierte en un herido que en vez de sangre derrama billetes. 320 millones de deuda acumulada durante su historia contribuye a que los socios se pongan a buscar un posible comprador de la plataforma. Comienzan los contactos, pero todas son reticentes a pagar el oxigeno que necesita el moribundo. A pesar de Canal Satélite y Vía Digital siempre plantearon la posibilidad de hacerse con la compañía, reculan en el último momento. \”Ha habido muchísimos intentos\” por vender la plataforma a sus competidores, recuerdan los ex trabajadores. Pero o no han sido \”políticamente convenientes, como Sogecable, o se han asustado, literalmente, al ver el gallinero político que suponía entrar en este mercado\”, añaden.

Son meses intentos de reuniones. Auna negoció la venta con el grupo sueco Skandia y recibió una oferta conjunta de la francesa Bouygues y la estadounidense Echostar, que finalmente no fructificaron. Tampoco llegaron a buen puerto las negociaciones con el fondo estadounidense Anschultz –propietaria del equipo de baloncesto Los Ángeles Lakers, la liga de hockey o el 20% de las pantallas de cine de Estados Unidos-, que retiró su oferta tras percatarse de \”la dificultad de estructurar una compañía en un entorno tan difícil\”.

En una compleja reunión, los socios de Quiero aprueban la liquidación ordenada de la compañía y la solicitud de resolución del contrato de la concesión de la Televisión Digital terrestre, firmado el 14 de octubre de 1999 con la Administración.

\”Tenemos una empresa funcionando, poseedor de un bien valioso y escaso –el espectro–, con un equipo que se ha dejado la piel y cree en el proyecto, muy ajustado en número, refinado a base de errores y purgas, con un producto que es internacionalmente reconocido por su aportación tecnológica y potencialidad, y con la infraestructura montada. ¿Todo eso valía millones y ahora no cuesta nada?\”, reflexionan los empleados de la compañía.

Aunque un poco largo, podría servir de epitafio para la tumba de Quiero TV. Sería la mejor forma de resumir la historia de un fracaso.

Descanse en paz.


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