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Réplicas digitales, por el camino de en medio

En un seminario reciente escuché a un ponente quejarse del desorden, y lo difícil que resultaba por ello encontrar información, de las ediciones de Internet de los periódicos. Y lanzó el siguiente exabrupto: \”¡En algunos ni siquiera sabes en qué página estás!\” Eso es drogodependencia del papel. Tal que si un internauta devolviese el periódico al quiosquero y le espetase: \”¡Pero si no puedo pinchar en los titulares!\”

El hombre es un animal de costumbres. Dos siglos después, los periódicos han vertido en negro sobre blanco un diseño para contar las cosas que se ha clavado a sangre y fuego en nuestras retinas. Es difícil desprenderse del orden en que la información se nos ha ido presentando cada día. Por eso hay quien echa de menos (al navegar) la portada, la cabecera, la última, la entradilla, la opinión en la página tal y la televisión al final. Y no sólo los lectores: entre las muchas circunstancias que han llevado a la publicidad online a estar donde está se encuentra el desprestigio, frente al papel, de lo que se lee en la pantalla. El eterno \”no es lo mismo\”. No es lo mismo un robapáginas en página impar de El País, por el que pasarán 60.000 pares de ojos, que un banner \’al que no harán caso\’ 100 millones de visitantes. Curioso.

A medio camino entre despreciar Internet —algo a lo que ya ningún medio se atreve— y sacarle todo el partido, se encuentra utilizar la Red como canal de distribución. Ya no se trata de aprovechar todo lo que significa, o puede significar, el nuevo medio (intercativo, instánteneo, multimedia…), sino de utilizarlo como vehículo para distribuir al lector lo de siempre. Y que éste, o el anunciante, pueda ver en su portátil o impreso en casa la prestigiosa cabecera de The New York Times, que \”no es lo mismo\” que verlo en la Web, aunque sea gratis. ¿Será porque es gratis?

Ediciones digitales para envolver bocadillos

Desde su nacimiento, las ediciones electrónicas de los periódicos han buscado la fórmula para rentabilizar la inversión. Ahora, eso se ha convertido en una actividad casi desesperada. Además de la imparable tendencia al \’suicidio\’, que ha llevado a muchos periódicos a cerrar su contenido al pago por suscripción, se tiende a diversificar los ingresos hasta donde sea posible sin perder el norte (en algunos casos, perdiéndolo). Junto a contenidos premium de pago, la venta de archivos y la sindicación, no pocos periódicos se han reconvertido en vendedores de servicios, de software, en tiendas online… llegando a ser una suerte de portales que un día nacieron de un periódico de papel.

Un intento loable que no se desvía un ápice de el corazón de su negocio, consiste en aprovechar la digitalización de la información para crear una versión del diario con una barata y casi infinita posibilidad de distribución, imprimible o legible en el PC o en dispositivos portátiles.

A la espera de que la tecnología convierta al bit en un digno rival del papel, incluso capaz de reemplazarlo, las réplicas digitales comienzan a repartirse el mercado de lectores de prensa. Actualmente, según Digital Deliverance, alrededor de 200 periódicos producen y distribuyen ediciones electrónicas. De los 50 grandes diarios europeos consultados por Digital Dots e Ifra, la práctica totalidad (alrededor del 90%) confían en que las \’copias\’ digitales sean una realidad masiva y rentable al final de esta década.

Algunos periódicos producen sus propias versiones digitales, mientras que otros confían en proveedores como NewsStand.com, NewspaperDirect, Olive Software o PEPC PressPoint. Desde NewsStand, por ejemplo, se pueden descargar unas 30 publicaciones —el software lector se descarga gratuitamente—, como The New York Times, Harvard Business Review, The Boston Globe, Herald Tribune, China Daily, Barron\’s, etc. Estos quioscos electrónicos cobran una cuota por número vendido, además de un bonus por cada suscriptor que añaden desde sus páginas.

The Washington Post, a la vez que comenzó a solicitar a sus lectores online datos personales para poder acceder a sus páginas, lanzó su edición digital por 3,15 dólares a la semana. Si The New York Times eligió NewsStand (en el que también ha psinvertido su dinero) como quiosco, The Post optó por Olive Software. Aunque utilizan modelos diferentes, Olive y NewsStand ofrecen el mismo producto: una réplica exacta de la publicación de papel en la que se pasan páginas con el ratón y se pueden realizar búsquedas dentro del texto. NewsStand precisa descargar un lector a cambio de poder disfrutar del periódico sin conexión, mientras en Olive es necesario estar conectado.

En España, el diario El Mundo venía ofreciendo una edición vespertina en formato PDF. Desde el uno de octubre ha integrado todos sus productos —El Mundo, El Mundo en PDF, El Mundo de la Tarde en PDF— entre los nuevos servicios de pago. El último en dar una vuelta de tuerca a este modelo ha sido ABC, que ha lanzado su \’Edición PDF\’ para descargarse el diario completo o en oferta por secciones.

Réplica del papel, no del sitio web

La distribución online, fundamentalmente, reduce costes: no existe papel, tinta, furgonetas, correos… ni retraso en la entrega. No está pensada para reemplazar a los sitios web de los periódicos, pero se le pueden encontrar diversas utilidades, como comprar números concretos o acceder a publicaciones editadas en un lugar remoto mediante una suscripción por correo electrónico.

Al contrario que en la Web, vuelve la limitación de espacio del papel y no existen los artículos relacionados y enlazados para poder ampliar información (aunque siempre podrá remitir a la edición online). Se retorna a la presentación \’lineal\’ —al orden, las páginas, las secciones— de la información, frente a la profundidad y lectura más personalizada de la página web. Y, al contrario que el papel, es complicado de leer tumbado en la cama, y resulta inútil para envolver bocadillos…

Es fácil ver un mercado potencial entre la gente que ha abandonado su población natal y echa de menos el diario que leía cada mañana, en el mismo formato en el que lo leía. Detrás de esta tendencia se encuentran las iniciativas de algunos periódicos argentinos, que inmersos en rentabilizar sus ediciones digitales, apuntan a \’aprovechar\’ la crisis del país para cobrar a todos los que acceden a sus páginas de Internet desde fuera de Argentina.

Pero a la evidente ventaja para el lector extranjero o expatriado, que no espera días para recibir la edición impresa y ahorra dinero, se abre el campo de las nuevas generaciones, mucho más acostumbrados a leer en pantalla.

¿Y por qué no?

Pocos peros se puede poner a una iniciativa que no supone ningún riesgo; al contrario que en la edición web, la inversión es insignificante. Los editores ven en este servicio una forma de atraer unos ingresos, tanto por circulación (suscripciones) como por publicidad, que Internet no les estaba entregando. Y como la distribución digital no añade costes a la edición impresa, la nueva tecnología se abraza con un \”¿y por qué no?\”.

Todavía no se ha podido valorar significativamente la respuesta de los lectores, pero con unos gastos fijos inexistentes parece un negocio en el que hay que estar. El único problema lo tendrá el editor que vea en la copia digital una alternativa a la edición HTML.

Los resultados a corto plazo son esperanzadores. Technology Review, que se ha asociado —al igual que IDG— a Zinio Systems para distribuir su edición electrónica, ha obtenido una respuesta interesante. En el primer mes de funcionamiento del servicio se suscribieron 3.000 lectores de fuera de EEUU, un incremento del 20% en su base de suscriptores extranjeros y un 30% del objetivo marcado para todo el año. La cuota anual, 30 dólares, no es muy atractiva para los estadounidenses, que pagan lo mismo por el papel, pero sí para un extranjero que lo adquiere por 64 dólares al año.

En comparación, The New York Times ha conseguido unos 3.000 suscriptores a su copia digital, que pagan 26,8 dólares mensuales, un año después de su estreno, aunque espera que se sumen varios miles en breve hasta contribuir con un millón de dólares a los ingresos anuales por suscripciones. El rotativo neoyorquino cuenta con la evidente desventaja de ofrecer una completísima edición web gratuita.

Bruce Journey, CEO de Technology Review, dice que su compañía gana un 30% más con las suscripciones a la edición digital que con las de la impresa debido a los menores costes de distribución. Este porcentaje incluso se antoja corto, ya que la revista ya se enviaba digitalizada a la planta de impresión. A partir de ahí sólo habría que sumar los costes de comprimir los archivos y añadirles unas cuantas funciones para su lectura en PDF, además de los 50 centavos por número que cobra Zinio (aproximadamente la mitad del coste de impresión y distribución de cada número de papel).

El papel del siglo XXI

Quizá, el único gran problema actual de las ediciones digitales —sin entrar en comparaciones con el papel y la Web— es que precisan de banda ancha para leerse sin tener que perder antes la paciencia. Las descargas mediante un módem pueden durar entre 15 minutos y una hora, mientras que con ADSL el periódico o la revista aparecen en pantalla tras un minuto o poco más. En Estados Unidos, a finales de este año habrá 15 millones de hogares con conexiones a alta velocidad, frente a los 53 millones que acceden con módem a través de la línea telefónica normal, según Jupiter Research, lo que lastra el crecimiento de los lectores de ediciones electrónicas. Aun así, NewsStand asegura que el 30% de sus suscriptores no tiene banda ancha.

El avance tecnológico —la banda ancha, el software, las pantallas, los soportes…— no puede sino empujar el desarrollo de la edición electrónica. Gracias a su mínima exigencia, supone una opción inevitable para los editores, que pueden cambiar su escéptica mirada hacia Internet y conseguir unos ingresos que la Red les ha negado.

Para empezar, abren muchas posibilidades, y no sólo en lo concerniente a extender el mercado de lectores. Los anunciantes pueden encontrar en las copias digitales, además de más ojos para su publicidad, un soporte multimedia que no ha cuajado en la Web. Cuando los archivos de audio y vídeo se empiecen a incluir en las ediciones electrónicas, los anunciantes tendrán un gran campo para experimentar. \”La calidad que se puede obtener del multimedia \’descargado\’ es muy superior a cualquier experiencia online\”, dice Journey, de Technology Review.

Casi nadie espera que las ediciones electrónicas de los medios impresos siquiera se aproximen a medio plazo a lo conseguido por el papel o la Web, pero abren el camino para ofrecer el periódico tradicional en el formato del siglo XXI.


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