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Reprimenda del Congreso estadounidense a la ICANN

No hay que olvidar que la ICANN nació fruto de un acuerdo con el Ministerio de Comercio estadounidense, que en teoría debe certificar las decisiones de la ICANN. Por tanto, el organismo que regula el sistema de nombres de dominio está sujeto a algún tipo de control gubernamental y a la estrecha vigilancia del Congreso. A este último le ha correspondido esta vez el papel de padre que sube a su hijo sobre sus piernas y le da un par de azotes en el trasero. Todo porque la controvertida asignación de nuevos dominios no se hizo con las debidas garantías de objetividad y porque el proceso tuvo más agujeros que un queso Gruyère. Los perjudicados, algunos con propuestas del todo legítimas, se quedaron sin dominio que gestionar.

Los argumentos de la ICANN, puestos en boca de Vinton Cerf, su actual presidente, no convencieron al máximo responsable del Comité de Comercio de la cámara baja. Cerf excusó los defectos procesales alegando que fueron necesarios para garantizar la estabilidad de la Red. O lo que es lo mismo, que hay que andar pasito a pasito, aprobando tan sólo un puñado selecto de dominios, para probar la solidez de la estructura.

Lo que terminó de indignar a los grupos rechazados fue la incapacidad de los miembros de la ICANN para examinar la validez de las propuestas, y el escaso tiempo que les fue concedido para responder a sus dudas. Aunque eso sí, para llegar hasta ahí cada uno de los aspirantes a registrador tuvo que desembolsar 50.000 dólares. No reembolsables, faltaría más.

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