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Sableando a través de la Red

A todos nos ha sucedido en alguna ocasión. Estás en la gasolinera o cerca de una estación de autobús y se te acerca un individuo con cara lastimosa. “¿Me puedes prestar un euro, que me he quedado tirado?”; “¿Me dejarías dos euros que me faltan para sacarme el billete? Es que he salido ayer de la cárcel y tengo que llegar al pueblo porque se está muriendo mi madre…”.

Las tácticas del pedigüeño que esgrime cualquier excusa para rascar algunos euros las tenemos muy vistas, y estamos acostumbrados a esquivarlos con una cintura bien engrasada. Pero desde hace un tiempo se ha extendido una nueva modalidad entre los especialistas en el manejo del sable: el cyber-begging, o los pedigüeños electrónicos. Gracias a la enorme resonancia que ofrece la Web, ya no hay que limitarse a abordar a los transeúntes de la esquina: es posible lanzar una petición universal a la espera de desconocidos mecenas.

Salvad a Karyn

Karyn, una neoyorquina adicta a las compras, fue una de las pioneras en esta modalidad de súplica digital. En el año 2002, apremiada por una deuda de 20.000 dólares, montó una página web en la que solicitaba la ayuda de donantes para saldar el descubierto de su tarjeta de crédito. Karyn lo intentó primero en Craiglist, pero su anuncio fue rápidamente eliminado por los editores. Antes de eso, sin embargo, tuvotiempo de recibir unos cuantos mensajes electrónicos felicitándola y dándole apoyos por su idea. Eso la animó a montar la web, presidida por el lema:

\”Sólo necesito que 20.000 personas me den un dólar,
o que 10.000 me den dos dólares,
o que 4.000 me den 5 dólares…
¡Como tú prefieras!\”
Una cosa estaba clara: Karyn iba con la verdad por delante. En su página explicaba que ella no era nada parecido a una institución de caridad, sino una persona muy aficionada a gastar dinero. Quien quisiera darle algo, tenía bien claro dónde se destinaría su dinero. Semejante desfachatez no fue óbice para que la idea fuese un éxito rotundo. En total Karyn recibió 13.323 dólares en metálico, más una larga lista de de objetos, muchos de ellos subastados en eBay. En 20 semanas, la deuda estaba cancelada.

La moda iniciada por Karyn pronto se expandió. En directorios como Cyberberg.org o Cyberbeg se pueden encontrar multitud de demandantes en busca de benefactores. Por supuesto, muchos de ellos no son más que burdos timos o estafas, pero quien quiera ayudar al prójimo puede aventurarse a intentar localizar una historia de necesidad real.

También hay formas de solidaridad que no incluyen el envío de dinero. El caso más conocido fue el de Ramon Stoppelenburg, un estudiante holandés que gracias a la web Let Me Stay For a Day consiguió viajar por todo el mundo durante dos años y medio sin gastar un céntimo en alojamiento, durmiendo en casas de personas que le ofrecían acomodo.

Pero no siempre cuela

Uno de los sitios más famosos en la práctica del cyber-begging es Send me a dollar, creado por el californiano Rich Schmidt. Aquí no se esgrimen excusas ni deudas apremiantes, simplemente se pide dinero. Como mucho, explica Schmidt, después de la donación se puede saludar a un amigo o insertar un anuncio publicitario que pueden ver miles de personas (no está mal al precio de un dólar, dice). La idea de Schmidt era sencilla: si sólo el 0,1% de los 1.000 millones de internautas de todo el mundo le enviaba un dólar, ganaría 10 millones. Descarado, sí. ¿Eficaz? No tanto: hasta principios de enero lleva recaudados 8.248 dólares, muy lejos de su objetivo.

Y es que resulta curioso observar como la caradura y la audacia a veces (las menos) son recompensadas por el público y otras (la mayoría) topan con su indiferencia. Como le sucedió al tejano Ed, que desde Ed needs a Hummer pide a quien quiera escucharle una contribución para hacer realidad su sueño: conducir uno de esos mastodontes de la carretera. Pero mal lo lleva por este camino: desde 1996 apenas ha recaudado 200 dólares. Al fin y al cabo, no todos se ganan a los potenciales donantes con el ingenio y simpatía que demostró Karyn, que incluyó en su página un diario personal (en cierta forma, también fue pionera de los blogs) y un programa de buenos propósitos para ahorrar dinero.

Las donaciones son una práctica bastante extendida en las sociedades anglosajonas. Muchas fundaciones e instituciones se financian con los cheques de mecenas y filántropos anónimos o reconocidos, que reconocen y apoyan así su labor de investigación, acción social, etc… Detrás se encuentra tal vez la influencia de la mentalidad protestante (que Max Weber sintetizó en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo) de reconocimiento y valoración del trabajo y el esfuerzo personal.

Tal vez por eso, en España todavía nadie se ha lanzado a mendigar en la Red. ¿O acaso daría usted dinero a alguien que se lo pidiera sin más desde una página web? No, aquí seguiremos sorteando a los que piden un euro para llamar desde una cabina porque el móvil se les ha quedado sin batería.


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