Salas de cine: ¿The End?

En el último año y medio, sólo en Madrid han echado el cierre once salas de cine. Y de las que sobreviven, algunas aguardan en el corredor de la muerte el momento en que sus propietarios se deshagan de un negocio que ha dejado de ser rentable, para vender el local a una cadena de hamburgueserías o de ropa. Las nuevas tecnologías tienen algo que ver en esta pérdida irreparable: por un precio cada vez más asequible, cualquiera puede montarse su sala de proyecciones privada en el salón de casa, con una pantalla plana o un proyector de imágenes y un equipo de sonido envolvente. A poco que toda la familia vea unas cuantas películas y se eviten pagar los seis euros por cabeza de la entrada del cine (a los que se suelen añadir tres o cuatro en palomitas y bebidas), la instalación queda amortizada.

Además, las redes P2P permiten disponer de los últimos estrenos prácticamente en el mismo momento en que llegan a las pantallas. Por algo, los productores y los grandes estudios de cine se están volcando cada vez más en la Red como medio para distribuir sus productos. ¿Para qué tomarse la molestia de desplazarse hasta la sala de cine si se puede construir un sucedáneo en casa? Aunque algunos siempre echarán de menos la emoción de ver las cortinas descorrerse y escuchar las primeras notas de la banda sonora mientras se acomodan en su asiento de fieltro rojo. Más


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