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¿Se ha pasado Facebook de la raya?

\”Facebook se ha vuelto salvaje, ebrio de los sueños de dominación mundial de su fundador, Mark Zuckerberg\”, comenzaba un artículo de opinión publicado en Wired hace unos días. Zuckerberg ha pasado de ser el ejemplo de emprendedor, el salvador de la comunicación moderna, a aparecer en los medios como un súper villano hambriento de poder. Es \”salvaje\”, es Darth Vader. En lo que a sus héroes y sus enemigos se refiere, a Internet le gusta exagerar. La mayoría de las quejas se centran en los cambios de la política de privacidad de Facebook, que han ido restándole control al usuario y convirtiendo la información sobre sus usos y costumbres en una moneda en curso. El tema del mes Las críticas vienen cada vez de más sitios, desde los senadores estadounidenses a la Unión Europea, los grupos de derechos digitales o las agencias de protección de datos, aunque luego la empresa responde que de eso ni hablar, que se lo inventan todo los medios y que a los usuarios \”les encantan\” los cambios. Y por mucho que algunos lo repitan con sorna, los números no mienten: Las herramientas de la red social son inmensamente populares. Como no hay indignación satisfecha sin un poco de insulto personal, se añaden anécdotas dudosas y poco serias sobre que Zuckerberg tuvo un ataque de pánico en un cuarto de baño y una vez se rió de un empleado al grito de \”¡yo no creo en la privacidad!\” (insertar risa malvada aquí). Ahora que hemos descubierto que las infografías son magníficas, por supuesto tenemos una sobre la historia de la privacidad en Facebook. ¡Los peligros de Facebook!, nos advierten otros, y no nos quedamos cortos de metáforas para explicar que eso de que nuestros datos sean de quien los quiera comprar no nos termina de convencer. Parece una caza de brujas, y el jefe de Relaciones Públicas se siente culpable. No es para menos. Entre tanto, alguna voz sensata recuerda que Facebook no tiene la culpa si decides subir las fotos de la despedida de soltero de tu primo, en ese karaoke que no recuerdas. Dejarlo o no dejarlo Se van amontonando las guías sobre cómo cerrar tu perfil y asegurarte que tus datos están muertos y bien muertos. Como aprovechar todas las funciones de privacidad que quedan en (¿apenas?) 20 minutos. Cada dos por tres alguien anuncia que ha llegado la gota que colma el vaso. Si no es la privacidad es un fallo técnico que expone los chat de los usuarios, y la semana que viene será otra cosa. Pero la cuestión es si de verdad, una parte significativa de los 400 millones de usuarios de Facebook (y no nos olvidemos de lo enganchados que están) está dispuesta a dejarlo. Por mucho que se anuncie el fin de Facebook, por muchas alternativas que aparezcan (Diaspora, un proyecto que ni siquiera se ha iniciado, recogió en quince días más de 120.000 dólares en financiación tras aparecer en The New York Times), todo esto es difícil de creer. Una huida en masa (o un éxodo a otras redes) parece como mínimo improbable y Zuckerberg, al igual que los anunciantes y los desarrolladores de aplicaciones, lo saben perfectamente. Así que en la sede de la empresa en San Francisco se celebró una reunión informal sobre el tema de la privacidad. ¿Las conclusiones? Secretas. Se trató el tema, dicen. Se respondieron algunas preguntas. Y no entran en detalles porque, seamos realistas, no les hace falta.


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