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Sexo, mentiras y dinero en la Red

Amigos hasta en el Infierno, y aprender hasta del demonio. El negocio del sexo, consentido pero inconfesado, oculto pero cada vez más presente en los medios, no es el negocio del siglo en la Red, ni es inmune a la crisis, pero merece la pena estudiar al vendedor de contenidos por excelencia.

La Red del sexo o el sexo en la Red es un campo cada vez menos oscuro, pero incluso cuando sale a la luz es fácil ver cómo los datos son deformados por las lentes de la propia industria, los analistas y el resto de los negocios asexuados.

Por un lado se han llegado a publicar cifras exageradas. Por otro, el cibersexo es un buen ejemplo materias como cooperación, sinergia, sindicación, diversificación, aprovechamiento de múltiples canales, lucha contra el fraude y tecnología de la Web. Lamentablemente, también es un caso de libro de saturación de oferta y un pozo sin fondo de técnicas intrusivas de publicidad y control de la navegación, que se van colando por la puerta trasera en las páginas para todos los públicos.

Hinchando las cuentas

Si el sexo en la Red ha atraído en los últimos tiempos la atención de los medios, se debe en parte al mito de los enormes beneficios que produce. Un tema jugoso en tiempos de crisis, pero los datos son difíciles de conseguir y los interlocutores poco de fiar.

El artículo de Frank Rich aparecido en The New York Times Magazine fue la guinda del pastel. En él se afirmaba que el negocio de la pornografía movía entre 10.000 y 14.000 millones de dólares en EEUU, incluyendo la distribución en vídeo, televisión de pago, líneas eróticas revistas e Internet.

Una cifra altísima, muy superior a los ingresos de la NBA, por ejemplo, y supuestamente basada en estimaciones de Forrester y la editora Adult Video News. En pocas semanas Forbes desmontaba punto por punto esas estimaciones, con un resultado muy alto, pero mucho más modesto: entre 2.600 y 3.900 millones de dólares. Nuevas correcciones han aparecido desde entonces.

Persiguiendo las cifras por las tuberías de la Red

Quizá como consecuencia de esta polémica, consultoras como Forrester o Data Monitor ya no cubren esta industria. No obstante sí hay una forma algo más segura de cuantificar el volumen del negocio del sexo en la Red: el hospedaje de páginas web. En un reciente reportaje de YNot, la estimación del volumen que la pornografía genera en la industria de hosting ronda varios miles de millones de dólares.

Medidas del tráfico de Netratings y Jupiter Media Metrix indican que el 25% de los internautas estadounidenses visitan páginas para adultos al menos una vez al mes, y la palabra \”sex\” sigue ocupando los primeros lugares en los motores de búsqueda.

Echando cuentas, si el tráfico total de la web ronda los 33.000 terabytes al mes, y tirando por lo bajo, el 40% de ese tráfico es contenido para adultos (muy intensivo en imágenes y vídeo) resultan 13.400 terabytes. Con un coste aproximado de 12 dólares por gigabyte, el total es de 1.900 millones de dólares al año que recibirían las compañías de hosting de EEUU.

¿Exageración de los magnates del porno o interés de la todavía puritana sociedad estadounidense por ocultar la prosperidad de un negocio del que se avergüenza? Quizá, pero nada diferente de lo que se hace en Hollywood, donde también se hinchan los presupuestos de las superproducciones para atraer más público. En cualquier caso, incluso las cifras más conservadoras son considerables.

El largo camino circular del dinero

En cuanto al recorrido y destino final del dinero del porno también existen discrepancias importantes. Mientras que algunos hablan de un mercado controlado por cuatro o cinco grandes compañías, otros informes hablan de miles de pequeñas páginas que generan todo el tráfico. Contemplando el funcionamiento actual de la industria, la respuesta podría estar en el justo medio.

Los contenidos pornográficos, como cualquier otro, están sujetos a derechos de copia, y los propietarios persiguen a los infractores. A día de hoy, el volumen de nuevos sitios gratuitos es inmenso y en constante renovación, como puede comprobarse con una visita a Persian Kitty, uno de los directorios decanos de la Red. La mayoría de las páginas gratuitas tienen unas pocas fotos enterradas en un festival de banners publicitarios y enlaces camuflados a grandes sitios de pago, que les facilitan el contenido.

Hace unos pocos años, el sistema funcionaba. Un granjero con una línea T1 podía poner su propio servidor de páginas de sexo gratuito y ganar 20.000 dólares al mes con un 80% de margen gracias a la publicidad. La medida era estrictamente por resultados: la gran compañía pagaba por cada nuevo suscriptor a uno de los sitios de pago de su propiedad anunciados en la página gratuita.

Puede parecer que cualquiera con una cámara digital y unos voluntarios exhibicionistas puede crear sus propios contenidos. La pornografía de aficionados es muy popular en la Red, pero aún así, los costes de alojamiento de las páginas son altos, ya que estas páginas soportan un tráfico muy intenso. La publicidad era un sistema seguro y complementario.

Organización ejemplar, hasta que llegó su día

Todo estaba organizado. En algunas páginas se reúnen todos los recursos necesarios para que los emprendedores organicen sus propios sitios de sexo. Desde los proveedores de publicidad hasta los programas necesarios para controlar las visitas, pasando por intercambio de banners, servidores de charlas, asistencia legal o sistemas de cobro de tarjetas de crédito. Una organización que para sí quisiera la industria editorial.

La famosa y fallida coopetencia de las puntocom es real aquí. Las páginas de chicas asiáticas enlazan con otras dedicadas a grandes pechos, por ejemplo, y cobran por cada suscripción que les consiguen. Páginas de sexo en general anuncian suscripciones a sitios especializados y viceversa. Todos ganan.

En cuanto a los servicios, la presión provocada por el miedo al fraude ha hecho progresar sistemas de pago como AdultCheck. En lugar de afrontar el gasto sumado de varias suscripciones individuales, los usuarios pagan 20$ al mes por el acceso a multitud de sitios asociados. Un sistema parecido a los paquetes que ofrecen las plataformas de televisión digital.

Otros sistemas incluyen el pago a través de la llamada telefónica, conectándose con un número 906 o similar, que se extienden sobre todo por en Europa. El coste es muy alto (entre 1 y 3 dólares por minuto) y en algunos casos no se informa correctamente al usuario del método y el cargo, pero su éxito está más relacionado con los recelos que provoca el uso de tarjetas de crédito.

La mayor de las lecciones para los medios tradicionales es que las páginas de pornografía venden contenidos por los que la gente paga. Lo normal es una suscripción mensual de 15$ para un sitio especializado, o de 25$ por uno general.

Lo que obtienen a cambio son miles de fotos, vídeos y actuaciones en directo con charlas incluidas. Las páginas de sexo son pioneras en algunas de las aplicaciones más avanzadas de la Red, como el vídeo streaming o la videoconferencia. En definitiva, ofrecen a los usuarios algo que no pueden obtener en otro sitio. Comparando eso con los cinco dólares de la copia impresa de Penthouse a cambio de una docena de fotos, se entiende por qué funciona el sistema.

De hecho, el sistema funciona tan bien que casi ha muerto por saturación. Hoy se cuentan por cientos de miles las páginas gratuitas asociadas. El número de suscripciones se ha reducido a la mitad, los márgenes se reducen y es extraño el sitio gratuito que gana más de 1.500 dólares mensuales. Ya no hay sitio para todos.

Crisis ¿qué crisis?

La industria pornográfica no es inmune a la crisis, aunque parezca más resistente que otras. Se trata en fin de ocio, por muy particular que sea, y en consecuencia también se ve afectada por el descenso general en el consumo. En mayo de este año, los grandes grupos habían sufrido un severo recorte tanto en sus cotizaciones como en los ingresos. New Frontier Media caía un 61% desde su máximo anual. En ese periodo Playboy registraba pérdidas de 53 millones de dólares.

Se palpa la consolidación y por el camino cerrarán muchos de los miles de sitios gratuitos que vivían de la publicidad.

La compañía Private Media Group de origen sueco, afincada en Barcelona, es la excepción a la regla. Si en mayo su cotización caía un 53%, desde entonces no ha hecho más que subir. Sus beneficios de 6 millones de dólares son un buen motivo.

La estrategia de Private es tan simple como eficaz: crean su propio contenido y lo distribuyen en todos los canales posibles: vídeo, canales de televisión de pago, revistas, y sus propios sitios web, también de pago. El último gran proyecto de la compañía es la banda ancha, sirviendo vídeo bajo demanda a través de Internet a los clientes, que compran bonos de tiempo que utilizan cuando desean.

Pero no sólo los grandes se salvarán de la quema. Hay sitios que ocupan un nicho determinado, como WifeysWorld.com, una empresa formada por un matrimonio y una cámara digital, que cuenta con 12.000 suscriptores y gana más de dos millones de dólares al año son contar con las ventas de sus vídeos.

Otras páginas dirigidas al mundo gay con contenidos de calidad tienen un buen futuro. No en vano New Frontier y Penthouse están diversificando su oferta con nuevos sitios especializados.

Como ocurre en el resto de los servicios, en la Red y fuera de ella, la industria se enfrenta con usuarios cada vez más exigentes y la necesidad de contenidos de mayor calidad. La pornografía alcanza por fin cierta normalidad, no tanto es su imagen, ya aceptada, sino como negocio, con todas sus ventajas en inconvenientes.


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