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Sí, usted: ¿por qué me envía spam?

Multitud de correos electrónicos que llegan a nuestros ordenadores son spam. Hasta ahora la mayoría procedían de empresas, de dudosa seriedad, que se dedicaban a enviar millones de mensajes prometiendo al receptor alargar su miembro viril o realzar la firmeza del busto, siendo totalmente indiferentes al sexo del recipiente y a lo alocado o inadecuado de su mensaje.

Pero ahora, según nos cuenta The Straits Times, el problema se acrecienta porque este tipo de empresas están empezando a utilizar las tácticas de los programadores de virus y llegan a penetrar las defensas –casi siempre endebles– de un usuario cualquiera: el método consiste en \”raptar\” a su procesador y servicio de correo y, con la frecuencia que ellos quieren, utilizar el ordenador del incauto usuario para utilizarlo como plataforma de lanzamiento de miles de correos basura, dirigidos a todos los contactos de la libreta de direcciones del usuario o a otros que ellos ponen a su disposición.

Cada día es más difícil detectar el spam. Por ejemplo, según nos cuenta el artículo, existen miles de formas de escribir \”Viagra\” de forma que sea entendido por un ser humano, pero de modo que el software antispam del ordenador no detecte el vocablo e identifique el mensaje como basura. [email protected] es un ejemplo. El problema tiene difícil solución porque muchos de los envíos proceden de fuentes fuera del control de un país con la regulación adecuada, y porque las nuevas tácticas de bombardeo cambian con gran velocidad para poder ponerles coto.

Países como Singapur, que obligan a incluir en cualquier correo un sistema de opt-out (la opción para que el usuario pueda darse de baja del servicio), sólo consiguen el efecto contrario. No hay nada que más guste al spammer que un usuario pinchando en el enlace de “Aquí puede darse usted de baja”. Eso confirma que la dirección de correo es auténtica y que el usuario recibe y lee los mensajes, lo que permite al spammer machacar todavía más (si cabe) a éste.

No será fácil volver a la época en que se podían leer todos los correos que nos llegaban.

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