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Skype y Siemens: extraños compañeros de alcoba

Skype, la compañía líder en la telefonía IP, y el gigante alemán de las telecomunicaciones Siemens han firmado un acuerdo para utilizar el software de llamadas peer-to-peer desde teléfonos inalámbricos dentro de los hogares. Mediante un adaptador conectado al puerto USB del ordenador, algunos modelos inalámbricos de la compañía germana podrán recibir o realizar llamadas gratuiras a través del PC, siempre que las dos partes utilicen el software de Skype.

El adaptador Gigaset DECT es el producto clave del acuerdo entre las dos empresas. Será el único producto que aparezca en el mercado con el software de Skype preinstalado. Su lanzamiento se realizó el mes pasado en Austria, Alemania, Inglaterra y Suiza, y pronto se podrá encontrar también en Estados Unidos y otros países.

El matrimonio es de lo más extraño, y demuestra la situación actual del mercado de la telefonía: un completo desajuste emocional en el que empresas tradicionales del sector se alían con el que se adivina su mayor competidor y amenaza, mientras los demás miran hacia otro lado como si el tema no fuera con ellos.

Según explica Red Herring, el mercado de la voz sobre IP alcanzará este año 4,8 millones de líneas e ingresos de 1.700 millones de dólares, según datos de Adventis, con un crecimiento de hasta 12,7 millones de líneas en el 2007 y facturación de 4.600 millones de dólares.

Los más de 40 millones de direcciones de correo electrónico que Skype ha conseguido gracias a las descargas de su software en ordenadores de todo el mundo parecen una fruta demasiado tentadora para cualquier fabricante. Siemens ha abandonado su natural aversión al riesgo y se ha aliado con quien es uno de los mayores retos de sus clientes tradicionales, las telecos de todo el mundo.

Este tipo de acuerdos está dando alas a Skype, que se precia de ser una teleco de nuevo cuño que obligará a la mayoría de las empresas tradicionales de este mercado a replantearse sus modelos de negocio. Su crecimiento espectacular hace que su amenaza no deba ser tomada a la ligera. Al final será el cliente quien vote con su decisión de utilizar o no el sistema.

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