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Smart Grid: el mercado de la energía en la red gracias a las TIC

Smart Grid, o red inteligente, constituye un sistema que integra innovadoras vías de transporte y distribución de electricidad con tecnología digital, permitiendo una comunicación en tiempo real entre el consumidor, el distribuidor, el transportista y el generador mediante dispositivos que hacen más eficiente y sostenible el consumo energético: A la vez, cada uno de esos agentes facilita la forma de operar en un libre mercado de intercambio de electricidad. Si bien este sistema aún no está implantado del todo comercialmente, su viabilidad es cada vez más cercana, y en el año 2025 el particular y las empresas podrán decidir cuándo consumir electricidad, de qué forma, a qué precio y de que fuente primaria o compañía; y además, cuándo y cómo vender la electricidad que genere su panel solar o la que tiene almacenada en su coche una vez cargado eléctricamente durante la noche. En otras palabras, el diseño e implantación de una red eléctrica ya está comenzando a considerar al consumidor final como actor fundamental activo, ofreciéndole la posibilidad de participar en el mercado gestionando su propia demanda y generación de energía. Los beneficios de la implantación de este sistema en términos de sostenibilidad son claros:

  1. La tecnología de infraestructuras inteligentes para la distribución de energía a nivel global podría reducir las emisiones de gases invernaderos del sector energético hasta 2GtCO2e para el año 2020.
  2. Las redes inteligentes tienen el potencial de reducir un 30% el consumo de electricidad.
  3. Quizás lo más importante es que hará que el usuario sea más responsable con su consumo y a la vez se convierta en un micro-empresario de la energía desde la comodidad de su coche, su despacho o su hogar.

Dado que este tipo de redes eléctricas dependen para su desarrollo tecnológico de la evolución de tecnologías de índole muy diversa, el sector eléctrico se convertirá cada vez más en un tractor de la innovación. Para los países de la OCDE resulta imperativo abordar una revolución tecnológica en el sector eléctrico. Diversas experiencias se están poniendo en práctica en Estados Unidos a partir de las conclusiones de estudios del Departamento de Energía de EEUU (DOE) y EPRI.

  • En China, se espera que Southern Power Grid Corporation invierta entre 3 y 4 billones de yuanes entre 2010 y 2020 (346.000 y 461.000 millones de euros) en la implantación de una red inteligente solo en el sur de la República Popular.
  • En Europa, la plataforma Smartgrids, fundada en 2005, ha reunido los actores más relevantes del sector (empresas eléctricas, fabricantes, sector académico, reguladores y usuarios) y está trabajando en su propia visión. El desarrollo de una red eléctrica europea de smart grids, a través de la European Electricity Grids Initiative (EEGI) es uno de los principales mecanismos para la implementación del objetivo 20/20/20 para 2020. Se trata de una propuesta unificada de las redes de transporte y distribución para configurar la nueva red del siglo XXI, pasando de un modelo de demanda pasiva a otro de demanda activa o inteligente
  • Por el lado español se tiene a FUTURED, constituida a finales de 2005 con el fin de investigar las características de las redes del futuro definiendo la visión de la red eléctrica española para el año 2025.

El desarrollo de las redes de transporte y distribución supone sin duda una gran oportunidad para el sector eléctrico y TIC, pero corre el riesgo de verse dificultado o ralentizado por algunos obstáculos. Toda revolución tecnológica necesita pasar por fases intermedias, pero la evolución de la implantación de smart grids en todo el mundo se está acelerando gracias a la iniciativa combinada de gobiernos y empresa privada. En este caso, las ciudades y sus ayuntamientos también juegan un papel determinante, pero los pasos para la adaptación de las entidades y mecanismos reguladores y sobre todo los intereses de las grandes eléctricas serán claves para su implantación. De momento, todo apunta a qué será posible para el año 2025 que el consumidor pueda decidir cuándo, cómo y qué electricidad consumir y, sobre todo, cuánta de la que genera su hogar quiera vender en lo que ya muchos llaman la Internet de la Energía.


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