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Software y oportunidades en la Aldea Global

Ashish Arora (Estados Unidos) y Alfonso Gambardella (Italia) han retratado con gran claridad cuál es la contribución de la industria del software al crecimiento económico global y los distintos casos de éxito internacionales, como el de las 3 Is (Irlanda, India e Israel).

El dilema es si el software, por su fuerte dependencia del capital humano y la baja intensidad en utilización de capital físico, puede convertirse en el sector de especialización ideal en el siglo XXI, aprovechando una nueva división internacional del trabajo, y beneficiando a las regiones más desfavorecidas del planeta. Los autores plantean ventajas y desventajas a la hora de impulsar un sector local de software.

Ventajas

  • Posibilidad de generar un rápido ajuste a los requerimientos locales a un costo más bajo del que implicaría un servicio offshore.
  • Las mayores contribuciones son indirectas: una industria exitosa puede ser ejemplo para el resto de la economía, un modelo empresarial donde organizaciones de estructura horizontal, incentivos individuales, la mayor competencia y la orientación a las exportaciones, guíen a emprendedores a seguir el mismo camino.
  • El software es a la economía del conocimiento lo que los bienes de capital eran a las manufacturas: es crucial para elevar la productividad, fomentando la innovación y la creatividad.

Desventajas

  • El software le permite a un país participar en el sector de la alta tecnología con una infraestructura física limitada. Pero aún las exitosas industrias del software representan una mínima proporción del PIB: alrededor del 2%, salvo Irlanda, con el 11,4%.
  • Ponen en duda el argumento del efecto indirecto de una industria de software local sobre otros sectores. Afirman que esta tesis adolece de una gran falla, y es que la mayor parte del software producido en las 3 Is es exportado: o sea, la producción interna de software termina beneficiando a empresas de otros países.
  • Probablemente sea ineficiente desarrollar software en el país.
  • El software es una actividad intensiva en mano de obra, pero requiere de trabajadores fuertemente cualificados, que no es común encontrar en naciones subdesarrolladas, lo cual contrasta con otros sectores intensivos en mano de obra. El software beneficiaría a un pequeño segmento de la población de estos países, pero dejaría al resto sin variación. Incluso, requeriría ingenieros desde otros sectores, lo cual no sólo podría generar mayor inequidad social, sino también aumentar las ineficiencias y reducir la producción.

Conclusiones

El efecto neto de todos estos factores, sugieren Arora y Gambardella, es que una industria propia sólo proporcionaría una modesta contribución al crecimiento general de la economía, aún considerando los potenciales efectos positivos sobre empresas nacionales.

Sin embargo, no debemos perder de vista todas las señales: el emblemático caso de Irlanda, que pasó de tener uno de los ingresos per cápita más bajos de Europa en los 80 al actual (superior al Reino Unido), no hace más que reforzar la hipótesis de la importancia de una industria local de software como impulsora del crecimiento.


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