BAQUIA

Spam bueno, spam muerto

A estas alturas de la película, la utilización del spam, mayoritariamente denostado por la comunidad de usuarios de la Red, sólo demuestra un profundo desconocimiento de Internet. La empresa que todavía caiga en la tentación de hacer envíos masivos de correos no solicitados está tirando piedras sobre su tejado. Aunque la mala reputación de una campaña de marketing o publicidad es directamente proporcional al spam que envía, la basura sigue inundando los buzones.

El problema es que se multiplica como la mala hierba, y es imposible cercenarlo de raíz. Porque, aunque al usuario se le eduque para abominar y combatir el spam, los servidores afinen sus filtros y los legisladores se esmeren para no dejar ningún spammer suelto, sigue siendo difícil derrotarlo del todo. Siempre habrá algún mercader falto de escrúpulos dispuesto a utilizar los más abyectos medios para conseguir sus fines.

Las leyes se enfrentan a varios retos: la definición exacta del spam —y su clara diferenciación de técnicas de marketing, como el e-mail marketing o permission marketing—, la aplicación consensuada de la letra de la ley en un cibermundo sin fronteras, la persecución y localización de los transgresores y la complicada imposición de penas. A fin de cuentas, aunque molesto y derrochador de recursos, no deja de ser un delito menor.

En ello están pues los togados de no pocos países. Entre las marañas legales a desentrañar en la era digital, el spam ocupa un papel protagonista. Los esfuerzos por combatirlo no caen en saco roto: con el mazo judicial se conseguirá, cuando menos, obligar al spammer a buscarse un servidor en Tailandia, cambiar constantemente de remitente y otras argucias para no ser cazado. Ponérselo un pelín más difícil, crear obstáculos que dificulten su labor, es un buen principio.

Gracias a estos empeños, el contenido del spam es cada vez más marginal. Si bien al principio la inexistencia de legislación y el desconocimiento de Internet llevaba a algunas empresas a realizar campañas de marketing o publicidad que incluían el envío indiscriminado de emails, ahora es raro encontrarnos con alguna empresa \’seria\’ que cae en el error. Lo que queda, que no es poco, son mensajes en cuyos asuntos priman contenidos del tipo \”Viagra a dólar\”, \”horny teens\”, \”dinero fácil\”, \”adelgace sin moverse del ordenador\” o \”hágase rico sin hacer nada\”.

El spam va unido a otra práctica no menos desdeñable: la apropiación indebida y el uso indiscriminado de bases de datos con direcciones de correo electrónico. De hecho, entre los contenidos de los correos no solicitados abundan las ofertas de listados de direcciones de correo electrónico a bajo precio. Ahí, el delito del spam se une a otro no menos complejo, que tiene que ver con la violación de la privacidad.

Correo basura, dinero a la basura

Pero, ¿tanto daño hace el spam? Pues sí, tan grande como difícilmente cuantificable. No se pueden calcular las horas que los usuarios pierden manejando spam, ni el espacio de la Red que ocupan los millones de bits cargados de basura no solicitada. Eso, sin contar los medios empleados en desarrollar herramientas automáticas para acabar con la plaga: las compañías que se esmeran en filtrar el spam consiguen unos usuarios satisfechos, lo que probablemente se traduzca en un aumento del número de clientes.

Entre los correos web más populares se notan fuertes diferencias. Mientras que Yahoo! es una zona de difícil acceso, Hotmail es un terreno abonado para los spammers. Sin echar mano de grandes números, no es difícil comparar un buzón de entrada de una cuenta de Yahoo! con una, como la que sigue (la del que suscribe), de Hotmail.

En el caso de la imagen el spam ha logrado inutilizar una cuenta de correo por completo. Sería un trabajo de chinos encontrar palabras amigas entre tanta porquería.

Abandonando el terreno particular, se publican a menudo cifras que hablan de la dimensión del problema. Recientemente la Comisión Europea publicó un estudio en el que valoró en 9.000 millones de dólares el dinero robado por el spam a los usuarios de correo electrónico en todo el mundo (el dinero que pagan por el tiempo de conexión mientras reciben, leen y borran spam). Cada día, según ese informe se envían alrededor de 500 millones de mensajes que nadie ha pedido.

Todos contra el spam

La reacción ante la invasión de la Bandeja de Entrada por parte de elementos no deseados va desde la indiferencia hasta la ira, pasando casi siempre por el hastío. El internauta asaltado por el spam puede intentar reaccionar por su cuenta: dotándose de un buen filtro, con reglas de mensaje para enviar la basura a donde pertenece, contraatacando con medios más o menos sofisticados (devolver el mensaje con un insulto, un archivo pesado o utilizar algún programa de mailbombing), etc. Pero será como derribar un tentetieso.

Más efectivo es unir las fuerzas para combatirlo. Así lo han intentado numerosas asociaciones de usuarios e incluso gobiernos. En España, la Asociación de Internautas (AI) presionó al ministerio de Ciencia y Tecnología para modificar ciertos artículos del anteproyecto de Ley de Comercio Electrónico y endurecer la normativa contra el spam. En EEUU, hace ya tiempo que funciona la Coalition Against Unsolicited Commercial Email y existen numerosas páginas web (Fight Spam on the Internet, SPAM-Archive, MAPS, War on spam, Spam Abuse, Blacklist y otras muchas) empeñadas en mantener a los extraños lejos de su buzón.

Incluso desde el otro lado de la barrera, donde se encuentran atrincherados los spammers, se redoblan los esfuerzos para que la necedad de unos cuantos no perjudique el trabajo de otros. Las compañías dedicadas al marketing online están también interesadas en que sus campañas se diferencien claramente de las técnicas ilícitas. Así, surgen iniciativas como la RECA (Responsible Electronic Communication Alliance), en la que 15 empresas pretenden sentar las bases para hacer un uso responsable del email.

La delgada línea que separa el grano de la paja

¿Cómo podemos afirmar con certeza que ese mensaje publicitario que aparece en nuestro buzón de correo se puede calificar de spam? Pues, simple y llanamente, si nos lo han enviado sin nuestro permiso. Que su contenido sea más o menos aborrecible, no es lo que lo define; habrá quien dé su consentimiento para recibir basura en forma de email. Aunque parezca extraño también existen los que están encantados de recibir correo que no han pedido. ¿Falta de amigos?…


Reacción de los internautas españoles ante el spam

Pero parece que no es tan sencillo delimitar la línea; de hecho, el 90% de los spammers asegurará que su actividad se enmarca dentro de una lícita promoción de bienes o servicios. Es muy probable que el usuario que escribe su dirección de correo electrónico en alguna página web no lea la letra pequeña que autoriza a la compañía \”y a todas las empresas asociadas\” a enviarle la información que crean de su utilidad.

Las campañas publicitarias o de marketing que tratan de desprenderse de la etiqueta de spam, piden permiso (permission marketing) a los usuarios para entrometerse en su buzón y utilizan medios como el opt-in (el usuario debe confirmar con un correo de respuesta que desea recibir los mensajes).

Los spammers tienen a veces de su lado unos intermediarios interesados en gestionar la mayor cantidad de mensajes posible. Los ISPs, que tienen la posibilidad de bloquear sus servidores a los spammers, a veces firman lo que se conoce como pink contracts, en los que se bajan los pantalones ante un buen fajo de dólares. Violando incluso sus propias políticas antispam, firman sustanciosos contratos con grandes compañías de marketing a las que permiten enviar correo no solicitado través de sus redes.

Lo que está claro es que el marketing por correo electrónico no va hacer otra cosa que crecer, por lo que se hace todavía más necesario proteger a los usuarios. Jupiter Media Metrix estima que en EEUU las empresas invertirán 1.300 millones de dólares para enviar 43.000 millones de mensajes a sus potenciales clientes. Y para 2005 el panorama se convierte en aterrador: dice Jupiter que el comprador online recibirá una media de 950 mensajes diarios.

Con la ley en la mano

Estados Unidos es un claro ejemplo de los esfuerzos, muchas veces baldíos, para acabar con esta práctica. En junio de 2000, el Comité de Comercio del Congreso aprobó la Ley de Correo Electrónico no Solicitado para parar los pies a los spammers. Y ya antes dieciocho estados habían aprobado sus propias leyes, que en algunos casos fueron invalidadas por los tribunales.

Varias iniciativas siguen en marcha. La del Senado, C.A.N. (controlling the assault nonsolicited pornography and marketing) Spam Act of 2001, trata de establecer estándares federales para controlar los envíos masivos, definiendo el spam como el email que no incluye la dirección del remitente y no ofrece la posibilidad de \’darse de baja\’. El proyecto de ley permite a los ISPs pero no a los individuos demandar a los infractores, y establece multas de hasta 500.000 dólares y un año de prisión.

Sin embargo, la Unsolicited Commercial Electronic Mail Act of 2001, que ha propuesto al Congreso el republicano Heather Wilson, legitima tanto a usuarios particulares como a ISPs a exigir reparación de daños por hasta 50.000 dólares si son \’atacados\’ por spam. Esta iniciativa, que ya ha pasado los filtros del las subcomisiones de Internet y Telecomunicaciones y de Comerio y Energía, ha encolerizado a la Direct Marketing Association, que piensa que se deja en manos de los ISPs establecer sus propias reglas.

Los grandes proveedores de acceso en EEUU, como AOL y EarthLink, dicen estar de acuerdo con el espíritu de la ley, pero muestran sus dudas sobre su efectividad para acabar con esta práctica. Ambos ISPs por su cuenta han dedicado no pocos medios para combatir el spam, que en el caso de AOL provoca una media de 250.000 quejas diarias.

Mientras se apuntala la numerosa legislación pendiente, los letrados hacen lo que pueden para dirimir los pleitos. Sin un texto legal sólido al que acogerse; en un caso reciente, un juez de Nueva York se vio obligado a forzar al ISP Pae Tec Communications a restablecer su servicio al spammer MonsterHut, al que había bloqueado el acceso.

España y la legislación que viene

España también está en vías de implantar un marco regulatorio para atajar el spam. Con el anteproyecto de ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, el Gobierno español pretende prohibir la publicidad a través del correo electrónico si el internauta no ha dado su autorización previa. La ley española responde a la directiva europea que proponía desarrollar dos alternativas para acabar con el correo comercial no solicitado: prohibirlo directamente si no cuenta con autorización expresa, u obligar a que fuese claramente identificado como tal —incluyendo el texto publi o pulicidad en el \’asunto\’ del mensaje— y que se garantizase el derecho del receptor a apuntarse a listas de exclusión voluntarias.

El Gobierno español ha optado por la primera medida, que coincide con los intereses de los internautas pero que ha provocado más de una mueca de contrariedad en la Asociación Española de Comercio Electrónico (AECE). Si esta Ley entra en vigor, queda por comprobar si resulta efectiva o, de otra manera, ¿cómo se las ingeniarán para localizar y castigar a los spammers?

Aunque se puede decir que España está en pañales en esto de Internet, el spam es ya un problema real al que se enfrenta cada día el usuario de correo electrónico. Un reciente estudio de la empresa de distribución de contenidos por email Domeus, revela, entre otros, los siguientes datos:

  • El 68% de los usuarios de correo recibe algún tipo de mensaje spam
  • El usuario recibe una media de 2,2 mensajes spam cada semana
  • La mayoría de los mensajes spam son sobre rumores, sucesos y mensajes en cadena
  • Al 64% de los usuarios les molesta el spam
  • La mayoría de los usuarios (86%) no emplea ningún filtro para evitar el spam ni solicita su baja (70%)

De todo lo dicho se deduce que el spam es un problema real que hay que afrontar, sea por las buenas —educación y sentido común— o por las malas —con todos los spammers entre rejas—. Si el tiempo es oro, no hay que escatimar esfuerzos para acabar con todo aquello que lo destruye. Que nadie, al final de sus días, tenga que decir: \”Me he pasado 30.468 horas en atascos de tráfico y 20.400 eliminado basura del correo\”.


Compartir en :


Noticias relacionadas

Recomendamos




Comentarios