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Spam, un trabajo en cadena

Las direcciones de correo electrónico son la moneda de cambio de la floreciente lacra del spam. La información personal contenida en bases de datos se merca entre empresas como si de higos o peras se tratase. Un activista anti-spam, Bob West, asegura que la basura en el correo se incrementará peligrosamente los próximos años, y ha trazado un mapa en el que muestra las relaciones entre las empresas que forma parte de la cadena que hace llegar los mensajes no deseados a nuestro buzón.

Los spammers encuentran muchos medios de recopilar direcciones de correo, esparcidas por sitios web, weblogs o grupos de noticias. Entonces pueden desde intercambiarlas con otros colegas spammers, hasta venderlas a empresas de marketing con pocos escrúpulos o a compañías legítimas que piensan que han comparado un listado de ávidos consumidores.

De este trabajo en cadena resulta un aumento exponencial del spam, que conduce a la cada vez mayor inutilidad de las cuentas de correo, de las que cada vez es más difícil extraer mensajes esperados.

West sugiere que la única solución es levantarse pública y ruidosamente contra esta práctica. En su página web ha creado un espectacular y trabajado mapa de las \’carreteras\’ por circulan las direcciones de correo—en Spamdemic señala como su dirección, que no ha ofrecido ha ninguna de las empresas que aparecen en el mapa, ha pasado de mano a mano entre muchas compañías, la mayoría de las cuales se lo agradecen enviándole correos no deseados—, que luego devienen en spam. Aunque según Steve Linford, de Spamhaus Project, todo el mundo sabe que \”una vez que un spammer tiene tu dirección, todos los demás la tendrán tarde o temprano\”.

Uno de los problemas relacionados con el spam aparece en vacaciones. Así como algunos webmail gratuitos dan de baja o vacían el buzón de entrada de los usuarios que no lo utilizan en un periodo de tiempo (entre 30 y 90 días, según los casos), los ISPs no se pueden permitir que durante el periodo estival sus servidores se llenen de basura.

Los spammers son unos seres que no descansan ni en verano. Así como a la vuelta de vacaciones un usuario se puede pasar una descargando en su correo toneladas de porquería acumuladas en su ausencia, también le puede sorprender un mensaje de su proveedor de acceso diciéndole que su cuenta ha rebasado la su capacidad y no le entregarán más mensajes hasta que no la limpie.

Al igual que la policía aconseja encargarle a un vecino que vacíe de vez en cuando nuestro buzón físico, para que los cacos no sepan de nuestra ausencia, quizá sea conveniente decirle a la portera que nos baje el correo mientras nos tostamos en la playa.

  • En Wired


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