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Spammea que algo queda

La viabilidad del spam como negocio es el tema de un interesante trabajo elborado por Andrew Leung, de la empresa canadiense Telus. En especial, Andrew nos llama la atención sobre lo rentable que puede resultar la práctica del spam a pesar de que tan solo 50 personas de cada millón respondan a este tipo de marketing online. Un sistema que capta 50 interesados y deja muy molestos a 999.950 sólo es rentable porque el coste del envío masivo es mínimo. Pese a que el retonro de este tipo de campañas es inferior al 0,005, crece el número de estos \”empresarios\” que, desde sus casas, captan clientes (de 50 en 50) a costa de molestar a millones en todo el mundo.

El problema es que, además, los cálculos de viabilidad del spam están en contra de quienes lo combaten. Las técnicas agresivas de captación de nuevas direcciones de correo electrónico significan que el coste para los que realizan el spam está cayendo. Además, cada día aparecen más y mejores sistemas para subcontratar los envíos a verdaderos especialistas que saben cómo permanecer ocultos y, cuando es necesario, cambiar de proveedor de acceso a Internet sin dejar de hacer su trabajo de llenar de porquería los casilleros electrónicos de millones de internautas. Técnicas de gestión del flujo de los envíos les ayudan a cambiar los ritmos cuando creen que han sido descubiertos. Como contrapartida, los usuarios contamos con iniciativas como la del Spamdemic Research Center, que trata de identificar a los spammers y ofrece entre otras cosas consejos para defenderse de su acoso.

Lo curioso del caso es que, a pesar del minúsculo ratio de respuesta de este tipo de envíos, la reducción de costes de captación de nuevas direcciones y el abaratamiento del servicio de envío propician que sea todavía un negocio para quienes lo plantean, desde su casa, sin costes de estructura.

Lo que está claro es que su \”trabajo\” hace cada día más difícil la utilización de medios lícitos como el opt-in marketing, en el que los clientes dan su consentimiento a un servicio que les interesa. El número de correos en nuestra bandeja de entrada nos apresta a destruir cualquiera de ellos que no nos llame inmediatamente la atención, restando eficacia a este tipò de acciones.

Los sistemas de filtrado son cada día menos capaces de resistir la avalancha del spam porque requieren una cierta atención del usuario que, con el cansancio habitual, termina por dejar el filtro sin actualizar durante días.

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