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Teletrabajo: a la búsqueda de la dignidad laboral

Hablar de teletrabajo hace algunos años hubiera sido para mí algo no menos que enigmático. Estaba acostumbrado a una relación con mis empleados y mis clientes face-to-face y a presentaciones del trabajo propuesto en reuniones que, además de largas y tediosas, me obligaban a mi o al responsable de la cuenta a mantenernos en vilo ante cualquier alternativa para salir airosos. El cambio hacia una modalidad de trabajo más dinámica, pero a la vez más distendida, como el trabajo a distancia, ni siquiera podía pasar por mi mente.

Pero dicen que naturalmente luego de una catástrofe, se renueva todo. Y sucedió la catástrofe económica. En Argentina, en diciembre de 2001 miles y miles de empresas como la mía –una agencia de publicidad y editorial- quedaron fuera de carrera.

Fue entonces que decidí, ante este nuevo (des)orden económico, replantear el modelo de negocios y de trabajo de la empresa y comencé por reorganizar los sectores de forma freelance. Tanto ventas como diseño, programación y medios, estuvieron hasta hace un año manejados en forma externa pero con concurrencia al sitio de trabajo. Haciendo más cuentas llegué a la conclusión que era más barato y eficiente contratar un servicio corporativo de ADSL y que cada área trabajara por objetivos desde donde quisiera.

En este punto la empresa, sin quererlo, se iba perfilando como un proyecto de teletrabajo. Allí tomé la iniciativa de contactar con clientes extranjeros. Viajé a España y luego de 4 meses capté un cliente. Esto puede resultarle al lector un tanto engorroso de llevar a cabo y lo es. Pero vale la pena puntualizar con esta breve historia que nada es casual y que, como decía Graham Bell: “Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya”.

Con este cliente, la empresa comenzó la “era” de trabajo a distancia. Nos llevó dos meses más poner a punto la comunicación, pero el trabajo encargado estaba en marcha: un portal de coches, desarrollado en ASP y SQL Server, que hoy, luego de un año de vida y aunque recién estamos trabajando sobre su posicionamiento, tiene unas 50.000 visitas mensuales.

Seis meses después y ya de regreso en Argentina, teniendo como referencia este único trabajo, me asocié a distancia con otros españoles para desarrollar sitios desde Argentina, y aunque la relación comercial es incipiente, hemos construido un promedio de dos sitios mensuales para terceros. Actualmente estamos construyendo un sitio para captar clientes y teletrabajadores ofreciendo servicios para agencias de publicidad.

De esta experiencia puedo rescatar algunos puntos para tener en cuenta a la hora de emprender teletrabajo:

  • Se debe tener claro el objetivo y el target dada la amplitud de temas que dan vueltas por la Red pero lo acotado de los servicios que se pueden ofrecer. No olvidemos que, en general, deben ser productos que sean digitalizables y factibles de transmitir por e-mail, ftp o cualquier método de envío por Internet.
  • Captar el primer cliente es lo más difícil. Estando en España pude hacerlo por e-mail, pero luego tuve una entrevista personal. Luego de este punto de partida y si ese primer cliente quedó satisfecho, lo tienes más fácil: ya lo puedes referenciar como un cliente con una gran sonrisa dibujada por tu trabajo.
  • Coordinar ambas partes (cliente-proveedor) un sistema de comunicación eficiente, que no sólo debe tener en cuenta la tecnología aplicada a tal efecto, sino sincronizaciones de horarios para las teleconferencias. Esto es muy importante porque el ahorro de tiempo puede llegar a ser enorme eficientizando este punto.
  • Revelar datos comerciales puede ser muy tedioso a la distancia. Pero ahí la RTed funciona de maravilla. Es muy raro encontrar un cliente que nos haga trabajar para luego no pagar o viceversa que nuestros proveedores freelancers sean unos cantamañanas. La Red no perdona: en poco tiempo quedará sepultado de malas referencias, por lo que la relación, por lo general resulta muy transparente. Es más, se evitan algunos roces habituales que, por el conocimiento personal, a veces en demasía, producen las formas tradicionales de contacto cliente-proveedor.
  • Otro punto importante es el servicio bancario a contratar, ya que deberá ser eficiente y barato a la hora de recibir las trasferencias a la cuenta de tu empresa. Si es posible busca un servicio que no le represente engorrosos trámites puesto que, mientras más trámites, más cargos cobrará el banco de tu cliente para transferir. Claro está que si estás en la misma ciudad, puedes tener un servicio de cobranza in situ, pero este no es el caso.

Los beneficios para ambas partes son muchos y variados y de acuerdo con el rubro:

  • Por un lado el cliente no paga los costes extra, de movilidad, viáticos, llamadas innecesarias, horas de reuniones poco o nada eficientes. Contrata directamente al especialista en el tema y lo mejor: puede escoger entre miles de ofertas, no entre decenas.
  • Por el otro, el teletrabajador puede obtener ingresos dignos sin moverse de su casa y así tener un remanente de horas para poder “vivir”.

Existen, como en toda otra materia, detractores de esta metodología. Sin embargo, el teletrabajo se realiza desde hace mucho tiempo, tal vez desde que Graham Bell inventara el teléfono. Inmediatamente surgió la venta por catálogo. Esto es un servicio a distancia, con mínimo contacto con el cliente. Obviamente esto es perfectamente extrapolable a la era de Internet.

Leí un artículo en el que decía que a nadie le interesa este formato de negocios. Se venderían menos coches para ir a trabajar y las petroleras facturarían menos, hablaba la autora. En ningún caso se preguntaba qué haría el teletrabajador con el tiempo libre que ganaría si no lo perdiera en uno de los tantos embotellamientos cotidianos de las grandes urbes.

Tal vez esta filosofía de trabajo sirva más para temas creativos, como a fines de la década de los 70 se plantearon los directivos de Hewlett Packard cuando veían que sus desarrolladores que vivían en San Diego perdían no menos de cuatro horas en las idas y venidas a Silicon Valley, además del cansancio físico y mental que ese viaje diario suponía. La solución fue el teletrabajo desde sus hogares, exigiéndoles un mínimo de tiempo conectado y trabajando sobre los archivos del servidor.

Seguramente no se podrá implementar en forma amplia, pero les aseguro que quien intente teletrabajar obtendrá ingresos dignos con mejor calidad de vida. Eso sí, no sin esfuerzo.

Adrián Ruiz Arach

Artefreelance


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