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Televisión interactiva, más vidas que el gato

La televisión interactiva es uno de esos conceptos que se escuchan habitualmente y que resultan opacos para la mayor parte de los ciudadanos. Hasta hoy, y después de unos cuantos tropiezos, se limita a sacar al televidente de las profundidades de su sofá para que elija una película de su agrado (pay-per-view), contemple el gol de la jornada desde varios ángulos distintos o navegue y compre por Internet.

Sin embargo, los fines de la televisión interactiva son mucho más ambiciosos. La integración de la televisión e Internet dará lugar a nuevas fórmulas narrativas. Programas como "Gran Hermano" o "Supervivientes" mezclan la televisión tradicional con otras herramientas participativas y ofrecen en Internet información adicional no disponible en la pantalla del televisor. Los mundos virtuales se convierten en extensiones de la ficción televisiva. Pronto, y si alguien da con el modelo de negocio adecuado, ambos serán complementarios y el contenido primará sobre el medio.

El matrimonio televisión-PC

Los experimentos con televisión inteligente comenzaron a realizarse en los Estados Unidos ya en el año 1950 aunque los esfuerzos y los fracasos se redoblaron con especial dureza a comienzos de los 90 (incluyendo sendos batacazos de Time Warner en las décadas de los 70 y 90) por los altos costes y los problemas tecnológicos. Mientras, en Europa, los más modestos ciudadanos debían contentarse con utilizar el teletexto, un servicio de uso más bien marginal originalmente nacido para proporcionar subtítulos a las personas con deficiencias auditivas.

Hasta hace muy poco los decodificadores (set top boxes en terminología anglosajona), nacidos a comienzos de los años 80, sólo servían para eso, para decodificar las señales de la TV digital o por cable. Sin embargo, la caída de precios de los microprocesadores y de los dispositivos de almacenamiento de datos permitió un nuevo resurgimiento de la televisión interactiva. Con ellos los decodificadores se convierten en pequeños ordenadores que dotan de inteligencia a la llamada "caja tonta". Las grandes compañías como Microsoft (que dispone de su propio servicio, llamado WebTV) o Intel se frotan las manos mientras desarrollan programas y fabrican chips específicos para este tipo de dispositivos. Pero aunque el cliente no quiera comprarse uno de esos mágicas cajas, las compañías de cable se las ingenian para que los usuarios puedan acceder a sus servicios desde los antiguos dispositivos. Con ellos los televidentes pueden navegar por la Red, jugar, encargar películas, enviar y recibir correo electrónico y hasta ir de compras. Poco a poco, caminamos, como predijo Negroponte, hacia una fusión de la televisión, Internet y el teléfono, también llamada convergencia. En ese estadio, la navegación y la contemplación televisiva se integrarán en un solo elemento.

Las cadenas de televisión y las compañías de cable y telecomunicaciones son conscientes del potencial del nuevo negocio –actualmente sólo 25 millones de un total de 1.000 millones de televisores utilizan servicios digitales de televisión interactiva- e invierten cifras millonarias en su desarrollo. Poco a poco, las empresas de televisión interactiva se van convirtiendo en una suerte de portales televisivos y sus fuentes de ingresos se asemejan a las de sus hermanos de la Red –de ahí que AOL lanzara su propio servicio de televisión interactiva.


Al otro extremo de la línea se encuentran los más importantes fabricantes de equipos como Sony o Philips, que venden, entre otros, set top boxes con los servicios conjuntos de DirectTV (el mayor proveedor estadounidense, con más de 225 canales digitales, de servicios de entretenimiento por satélite) y TiVo (que entre otros servicios de televisión personalizada ofrece uno de almacenamiento y reproducción de vídeo, similar al ofertado por ReplayTV, que permite guardar hasta 35 horas de películas). Esta última también tiene un acuerdo para operar en el Reino Unido junto con British Sky Broadcasting Group (BSB) y su servicio OPEN.

Curiosamente, es en Europa, con compañías como BSB, Canal Plus o TPS donde este tipo de televisión goza de una mayor aceptación. Sólo en el Reino Unido hay ya 4,6 millones de hogares (el 20% de la población) que disfrutan de alguna forma de televisión interactiva. En al año 2005 habrá en ese país más usuarios conectados a Internet a través del televisor que del PC, según Henley Center, una firma de investigación de mercado radicada en Londres. Para esas mismas fechas, el 57% de la población europea dispondrá de una televisión online, según un estudio de Strategy Analytics.

Mientras, Estados Unidos –donde ya no cabe ni un PC más- ha de contentarse con 600.000 usuarios o el 0,6% de la población, según Forrester. En 2004, según Jupiter Communications, serán 30 millones de hogares los que disfrutarán de la televisión interactiva en alguna de sus facetas.

Como sucede con la telefonía móvil, la ventaja europea se sustenta en la unificación de estándares. En el Viejo Continente, la industria europea se agrupa en torno a una plataforma única llamada Digital Video Broadcasting, un consorcio formado por más de 300 compañías que tienen como objetivo limar las asperezas de la transición del mundo analógico al digital. En Estados Unidos, por el contrario, son dos los estándares que luchan por la supremacía. La unificación de la tecnología permitirá a los creadores de contenido distribuir sus productos a través de diversos descodificadores y redes.

También hay piedras entre las flores

Pero a pesar de su progresiva aceptación, varios factores frenan el desarrollo de la televisión interactiva. El mayor de ellos es el del reparto de sus beneficios. Cuando un espectador se sienta frente a una pantalla tiene ante sí el trabajo de numerosas compañías (el del creador del contenido, la empresa que lo distribuye, la que pone la infraestructura por la que circulan los bits, el fabricante del descodificador, el del aparato de televisión, etc.) Y todos quieren llevarse una tajada de los ingresos. Las compañías no se ponen de acuerdo y terminan acumulando comisiones que inflan los precios y ahuyentan a los anunciantes. AOLTV, el servicio de televisión interactiva de AOL, todavía no se conecta a las redes de cable de Time Warner –cuando lo haga todo quedará en casa-, pero irrumpe en los servicios de otras cadenas de televisión. De esta forma, puede servir su propia publicidad en mitad de un programa de gran audiencia y reducir el tamaño de la pantalla de las cadenas rivales, que cobran una fortuna a sus anunciantes por su propia publicidad. El conflicto está así garantizado.

Pero también el usuario sufre las desventajas de esta forma de hacer televisión y se ve obligado a escarbar en sus bolsillos. WebTV, la compañía de Microsoft, cobra por el descodificador, pero también por la instalación del servicio de televisión por satélite, a lo que hay que sumar las tarifas mensuales por los canales contratados, la conexión a Internet y al servicio Personal TV (que es el que permite grabar la señal de televisión en el disco duro instalado en el descodificador). En resumen, una ruina.

En el fondo, la industria no termina de definir su modelo de ingresos. En principio, la financiación de las compañías proviene de las cuotas mensuales (la primera aventura de Warner fracasó, entre otras cosas, porque el sistema era fácilmente "pirateable"}, de la publicidad (aunque los anunciantes no terminan de animarse) y del t-commerce o comercio por televisión. En principio, y como se creyó anteriormente con la Internet y actualmente con el teléfono móvil, la televisión puede convertirse en un excelente canal de venta. Mientras un televidente ve su serie favorita puede comprarse la falda que lleva puesta una de las actrices o encargar una pizza de la tienda de la esquina.

Sin embargo, como se comprueba ahora con el comercio electrónico, nada es tan sencillo como pudiera parecer inicialmente. Muchos analistas y algunas encuestas señalan que el televidente quiere hacer únicamente eso, ver la televisión, y no llenar su pantalla con múltiples ventanas. La imagen del trabajador que llega a su casa fatigado y se tumba pasivamente en el sofá para ver cualquier cosa que escupa el televisor no hace sino reforzar estas teorías.

Por su parte, muchos de los servicios interactivos que ahora se ofrecen, como resultados deportivos, cotizaciones bursátiles, etc. ya se obtienen a través de otros canales como el PC. Estamos todavía muy lejos de la interactividad deseada. Ni existe todavía el suficiente contenido ni éste consigue atraer a tantos usuarios como se pretendía. En cualquier caso, se demuestra que no basta con replicar el contenido existente en la Red.

La aplicación más interesante de la televisión digital, y la menos explotada hasta la fecha, es la que permitirá crear grupos de interés –comunidades- en torno a las series y programas, versiones avanzadas y más complejas de lo sucedido con Gran Hermano. Así, los nuevos guionistas desarrollarán escenarios narrativos múltiples, dirigidos no a una audiencia unitaria sino a tantas audiencias como grupos existan. Los usuarios, por su parte, podrán solicitar películas o episodios atrasados y realizar búsquedas por contenido. La dispersión del contenido televisivo –series que se alargan durante años- podrá ser eliminada a voluntad del televidente. Las series del futuro mezclarán personajes reales como otros virtuales como los establecidos en el juego "La Prisión" . La televisión no desplazará a la Red ni viceversa, sino que ambos se conjugarán para crear entornos más lúdicos y reales.

Hasta que eso suceda, sin embargo, habrá de llover mucho. La televisión interactiva ya se ha estrellado otras veces en el pasado, y bien pudiera hacerlo ésta. Es de esperar que las compañías hayan aprendido algo de lo sucedido en las pasadas décadas e imiten algunos de los rasgos que contribuyeron al veloz desarrollo de la Red (estándares únicos y abiertos). El hecho de que ahora no sólo sea Warner sino otros gigantes como Microsof, AOL o las grandes cadenas de televisión quienes apoyan a esta nueva-antigua forma de hacer televisión invita a la esperanza. Ahora sólo queda que los televidentes utilicen el mando a distancia para algo más que para hacer zapping.


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