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Timos clásicos, herramientas de hoy

Hablamos de timos muy antiguos, estafas de toda la vida que, con los obligados matices derivados del paso del tiempo, siguen basándose en el afán de sacarle los cuartos al primero que no espabile. Sólo que si antes se timaba al paleto en las inmediaciones de Atocha, un suponer, hoy los listillos aprovechan Internet para engañar a los incautos.

En 2004, la Comisión Federal de Comercio de EEUU recibió 635.000 quejas de los consumidores por ventas de productos inexistentes a través de sitios de subastas o por las compras realizadas por cibercriminales que robaron tarjetas de crédito.

Las subastas continúan siendo la forma preferida de cometer timos en Internet. Si ha participado en alguna y no le ha llegado la mercancía comprada o no consigue el importe de la compra… échese a temblar. Asimismo, muchas reclamaciones hacen referencia a intrusión en los PC de los denunciantes y ataques de crackers.

Otro de los fraudes estrella es el robo online de identidades: cargar facturas o cometer delitos en el nombre/tarjeta de otro. Nada menos que 247.000 quejas hubo en este sentido, un 15% más que el año anterior. La media de los que perdieron alguna cantidad ascendió a 259 dólares, aunque 41 consumidores tuvieron los arrestos suficientes para confesar que les habían birlado más de un millón de dólares.

En fin, la especie humana nunca cambiará (ni los malos ni los buenos). Los que sí lo tienen más difícil ahora son los investigadores, que se lamentan de que perseguir a los que timan a través de la Red es más complicado que en el mundo real, ya que muchas veces hay miles de kilómetros de distancia entre el delincuente y la víctima.


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