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Todo lo que quiso saber sobre la Ley de Moore y nunca se atrevió a preguntar

La ley más mentada dentro del mundillo tecnológico, vigente durante más de tres décadas, es la Ley de Moore, pero no todo el mundo sabe quién es Moore, en qué consiste exactamente su precepto, y sobre todo, en qué momento se espera que expire.

En un momento en que se incrementan las cábalas sobre su próximo fin, no está mal volver la vista atrás y recordar la norma que ha conseguido que las computadoras sean aún más ubicuas que los televisores, impulsando un nuevo tipo de sociedad y de economía.

¿Quién es Moore?

Cuando Gordon Moore habló para dictar sentencia, era director en la pionera Empresa Fairchild Semiconductor, una de las primeras ¿startups¿ de Silicon Valley. Tres años más tarde pasó a ser cofundador de Intel junto con Robert Noyce, también de Fairchild.

¿Qué es la ley de Moore?

En 1965 Gordon Moore afirmó en una entrevista a la revista Electronics, con la intención de dejar clara la idea (por entonces no demasiado compartida) de que la tecnología tenía futuro, que el número de transistores por pulgada en circuitos integrados se duplicaba cada año y que la tendencia continuaría durante las siguientes dos décadas.

Algo más tarde modificó su propia ley al afirmar que el ritmo bajaría, y la densidad de los datos se doblarían aproximadamente cada 18 meses. Esta progresión de crecimiento exponencial: doblar la capacidad de los microprocesadores cada año y medio, es lo que se considera la Ley de Moore.

La consecuencia directa de la Ley de Moore es que los precios bajan al mismo tiempo que las prestaciones suben: la computadora que hoy vale 3.000 dólares costará la mitad al año siguiente y estará obsoleta en dos años. En 26 años el número de transistores en un chip se ha incrementado nada más y nada menos que 3.200 veces.

Mucha gente le ha dado gran importancia a esta ley que también se ha aplicado a otros aspectos tecnológicos, como la memoria o el ancho de banda, y cierta corriente de economistas cree que el boom económico que ha vivido Estados Unidos en los últimos años se debe en gran parte al crecimiento en progresión geométrica de la productividad de las computadoras.

Haciendo historia

El primer transistor vio la luz en los laboratorios Bell en 1947, para muchos la fecha del nacimiento de la era digital. De hecho, el transistor consiguió un Nobel para sus creadores: John Bardeen, Walter Brattain y William Shockley. Un transistor no es más que un dispositivo compuesto por unos estratos de material semiconductor que regula una señal o abre o cierra un circuito.

No obstante, el invento que más impactó fue el circuito integrado, comúnmente conocido como chip, patentado con el nombre de circuito sólido en febrero de 1959.

Pese a suponer toda una revolución, no procuró ningún premio a Jack Kilby, el ingeniero que lo creó en Texas Instruments. De hecho, lo único que consiguió para Texas Instrument fue una guerra de patentes con Fairchild, que había patentado poco después un circuito integrado más sofisticado.

El primer chip apareció en el mercado en 1961. En 1964 algunos chips ya contenían 32 transistores; en 1965, cuando Moore hizo sus famosas declaraciones, el chip más complejo del mercado se había desarrollado en Fairchild y contaba con 64 transistores. Un Pentium III corrientillo de hoy en día incluye 28 millones.

Más rápido, más pequeño y más barato

Pero la ley de Moore no es una ley natural (incluso se puede decir que va en contra de las leyes de la naturaleza), es simplemente una inspirada observación de un ingeniero que por el momento se ha ido cumpliendo, y que en cualquier momento puede expirar. Desde hace años se suceden los rumores que dan por muerta a la Ley de Moore.

Uno de los últimos agoreros en dudar del futuro de la ley de Moore y conseguir cierto eco fue Paul Packan, científico de Intel, que aseguró a The New York Times que difícilmente se encontrarían soluciones viables para continuar la progresión dectada por Moore.

Recientemente la Semiconductor Industry Association le dio 5 años más de vida, aunque siempre hay gente como Paolo Gargini de Intel, que asegura que en el año 2014 los chips contendrán 64,000 millones de transistores y los microprocesadores correrán a velocidades cercanas a los 4 gigaherzios.

No obstante, no sería la primera vez que se consigue lo imposible: en 1997 por ejemplo, esta asociación predijo que en el año 2001 se podrían crear circuitos de 0,15 micras de anchura, es decir, 800 veces más finas que un cabello humano. Andy Groove, antiguo CEO y actual presidente emérito de Intel, aseguró en el Comdex de 1996 que los chips de 1.000 millones de transistores y 0,7 micras llegarían en el año 2011. Pues bien, actualmente se están fabricando circuitos de 0,18 micras, que serán 0,13 el próximo año y 0,10 alrededor del 2003. Algunos laboratorios como el de IBM van aún más lejos y aseguran tener circuitos experimentales de 0,05 micras.

IBM es uno de los que cree que la Ley de Moore aún no tiene fecha de defunción. El gigante azul asegura que el camino no está necesariamente en hacer a los chips más rápidos, sino más potentes. En sus PowerPCs, por ejemplo, está utilizando interconectores de cobre en vez de aluminio, que por lo visto son mucho más eficaces.

Cuándo morirá es difícil de saber, pero lo que sí se conoce es la causa: la Ley acabará en el momento en que sea imposible continuar reduciendo el tamaño de los transistores y los circuitos que los albergan, o cuando hacerlo no compense económicamente.

En la actualidad los chips son menores de 180 nanometros, la milmillonésima parte de un metro. Para que la Ley de Moore no pierda vigencia, el tamaño se debería reducir a 150 nanometros en el 2001 y a menos de 100 en el 2005.

Otro problema que se une a la dificultad física de continuar reduciendo el tamaño a la hora de acabar con la Ley de Moore, es que el coste de crear algo tan extremadamente pequeño se incremente hasta llegar al punto de no hacer rentable continuar con este tipo de innovaciones técnicas.

De momento, y mientras la tecnología actual resista, AMD e Intel están protagonizando una dura lucha por que la ley de Moore se siga cumpliendo, por supuesto en su propio beneficio. Pero los límites del silicio están cada vez más cerca. En cualquier caso su muerte tampoco supondrá en ningún caso un parón en el desarrollo y la innovación tecnológica, sólo una ralentización, un cambio. Puede que muy pocos hayan oído hablar de las computadoras moleculares, pero ya son una inestable realidad en los laboratorios.


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