Tras las huellas del currito

No deja de ser triste que uno de los usos a los que más frecuentemente se destinan los avances en tecnología sean el espionaje, el fisgoneo, la monitorización, en definitiva, el control de lo que hacen las personas. Lo último que nos llega de Inglaterra es una empresa, Followus (no confundir con el legendario curso de la BBC con el que muchos iniciaron su relación didáctica con el inglés) que ofrece un servicio de rastreo a través del teléfono móvil. El aparato a seguir se da de alta con el software de la compañía, y desde ese momento emite una señal electrónica que puede ser localizada (con relativa precisión) desde la web del proveedor. Similares servicios ofrece VeriLocation. Andrew Overton, de esta última compañía, declara que la mayoría de sus 60.000 clientes –casi todos pymes- contrata el servicio por razones de seguridad y para optimizar la gestión de recursos humanos. Un móvil \”pinchado\” permite a los jefes comprobar si, por ejemplo, un empleado acude al trabajo por la ruta más rápida o si los gastos que ha declarado corresponden con los quilómetros efectivamente recorridos. No se especificó si la (supuesta) ganancia de productividad de los curritos es lo suficientemente grande como para compensar semejante pérdida de tiempo. Más


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