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TV interactiva en España (II): el satélite y la ventaja de ser el primero

Desde el nacimiento de las plataformas de televisión por satélite en 1997, la oferta televisiva en España no ha cesado de multiplicarse. Y con ella la competencia. Hoy tres tecnologías (satélite, cable y digital terrestre) luchan por el favor del usuario. La primera de ellas fue la más rápida y hoy cuenta con casi 2 millones de usuarios y una extensa programación. En el cuadrilátero se pelea por el contenido audiovisual, pero también por cuestiones como el acceso a Internet o los servicios interactivos.

La diversificación de servicios es la única forma de rentabilizar la inversión y fidelizar a un espectador que, hoy en día, está más perdido que un pulpo en un garaje. Las fuentes de ingresos no están del todo seguras, tampoco que haya quien esté dispuesto a pagar por los nuevos servicios.

A las plataformas de satélite la aparición de la competencia les ha obligado a ponerse las pilas. Y a fe que lo están haciendo. ¿Será suficiente para convencer al usuario?

CSD o la ventaja de llegar primero

Canal Satélite Digital (CSD) fue la plataforma pionera y el premio a esta condición son los más de 1,1 millones de abonados de los que dispone en la actualidad. Para lograr masa crítica, Sogecable, propietaria del 83% de CSD, se esforzó en un principio en migrar los abonados de su plataforma analógica (Canal Plus) a la digital.

Su empuje ha sido clave para que en la actualidad el 15,6% de los hogares españoles tenga acceso a los servicios de televisión por satélite, como manifiesta un estudio de la compañía de satélites Ses/Astra. Aun elevada, la cifra palidece frente a las del Reino Unido, donde BSkyB, la plataforma de satélite de Rupert Murdoch, cuenta casi con 5 millones de clientes, aproximadamente la mitad de los 9,8 millones de ciudadanos británicos que han utilizado alguna vez Internet.

Ese fuerte apoyo inicial a su plataforma digital no impidió que Sogecable siguiera cuidando de Canal Plus. Cuando se produzca el apagón analógico, esta cadena le dará derecho a cuatro canales digitales en abierto.

Desde el punto de vista tecnológico, es la plataforma menos flexible (utiliza un middleware propietario, Media Highway), lo que no es óbice para que la cadena explote al máximo los nuevos servicios. Hoy en día, todas las plataformas deben comprimir al máximo las aplicaciones, incluso las más avanzadas, para no consumir ancho de banda. Esto hace que en la actualidad no haya diferencias sustanciales entre las aplicaciones interactivas de las diferentes plataformas de satélite, sólo en el trabajo que lleva desarrollarlas.

Con el fin de no dormirse en los laureles, CSD trabaja en el proyecto G2 (generación 2) para desarrollar una nueva caja con módem de 56k y un disco duro de unos 40 gigabytes que permitirá grabar vídeo, al estilo de lo que ya ofrece Tivo en EEUU. La caja, disponible en enero de 2002, trabajará en el estándar MHP, aunque su código no será del todo abierto, como reconoce Fernando Enrile, responsable de interactivos de Canal Satélite Digital.

Su mayor capacidad facilitará el desarrollo de servicios más complejos, si bien CSD deberá ingeniárselas para amortizar su coste, aproximadamente el doble de las cajas que hoy residen sobre los televisores de los abonados.

Pero hay rumores de que CSD no quiere esperar tanto, y se habla de una posible alianza con Ultimate TV, el servicio de Microsoft que sustituyó a WebTV y que ofrece acceso a Internet y almacenamiento de vídeo.

CSD afronta la interactividad no como un fin en si mismo, sino como una mejora cualitativa del producto, señala Enrile. Los nuevos servicios se dividen entre aquellos asociados al contenido (información asociada al canal, guía de programación, etc.) y servicios interactivos puros. Los puros son los inicialmente no pensados para la televisión, como por ejemplo el t-commerce (su pasarela comercial genera ventas de más de 1,5 millones de pesetas al día), una evolución de la antigua teletienda que solía invadir la programación a horas intempestivas, o el acceso al correo electrónico (en principio con Inicia) desde el televisor.

Algunos de los servicios interactivos los paga el proveedor (por ejemplo los bancos), otros el abonado (servicios especiales de Bolsa) y el resto van incluidos en el coste de suscripción. En encontrar un equilibrio entre todos estos factores reside la clave de su rentabilidad.

La implantación de los nuevos servicios es lenta, pero segura. La renuencia de los compradores al medio electrónico es para Enrile un problema cultural, fundamentado en dos cuestiones principales: la falta de confianza y la complejidad del medio. La televisión interactiva ofrece respuestas a ambas limitaciones.

En el caso del t-commerce o comercio por televisión, la simplicidad se aplica a la gama de productos. Los catálogos de las galerías comerciales no incluyen incunables, sino los grandes éxitos y aquéllos productos que resultan más cercanos para el consumidor. La información es además fácilmente desplegable y accesible (no hay que encender el PC y pelear con un proveedor de acceso). Una tecla más en el camino, previene Enrile, puede tener un impacto brutal en la respuesta del consumidor.

Por otra parte, la televisión ofrece mayor confianza que Internet a los consumidores. Las transacciones se realizan en entornos cerrados, con compañías conocidas con las que ya se posee una relación estrecha cliente-proveedor y con medios de pago de riesgo limitado (tarjetas monedero).

Enrile considera imprescindible adaptar los formatos y la información al nuevo medio. La convergencia consistiría así en utilizar la misma información con un tratamiento diferente. La falta de adaptación de los contenidos de Internet al medio televisivo (problemas de resolución, o la incapacidad del software de las cajas para leer Flash) dificulta su aceptación por parte de los usuarios. Para comprobar si estos contenidos tienen su hueco en la nueva caja tonta, \”habrá que examinar la tasa de renovación de clientes en Quiero TV\” (la única que actualmente ofrece Internet por el televisor), apostilla con algo de escepticismo Enrile.

A pesar de la prudencia con la que contempla el desarrollo de estos nuevos servicios, Enrile cree que en un futuro cercano la televisión se hará pensando en la interactividad, y no al revés. Las aplicaciones interactivas en concursos (Beca, uno de los dos canales que el Grupo Planeta tiene en las plataformas de la competencia trabaja, trabaja ya en una versión interactiva del 50×15, el conocido programa de preguntas y respuestas, que permitirá a los espectadores participar desde su casa), debates y otro tipo de programas están a la vuelta de la esquina.

Vía Digital, el segundo en liza

Nacida en 1997, Vía Digital es la segunda plataforma de televisión por satélite del país, con 700.000 usuarios. La cadena comienza a dar sus primeros pasos en el terreno de la interactividad en junio de 1999, con los servicios de telebanca.

Meses después, en septiembre, lanzan el servicio de la UEFA Champion League, una aplicación interactiva de difusión dinámica (en la que sólo hay interactividad local entre el mando y el descodificador) que permitía consultar el minuto de juego y marcador del partido, goles, tarjetas o alineaciones e incluía una opción mosaico para ver el resumen con las mejores jugadas, información estadística sobre la competición, etc. Un Edén para el aficionado al mundo de la pelota. A finales de año, realizan dos campañas interactivas para Nescafé y Chrysler, a la que siguen más de una docena.

En total, los servicios interactivos que han visto la luz en Vía Digital se aproximan al medio centenar. Los usuarios los van abrazando de forma progresiva a medida que van perdiendo el miedo a lo nuevo, como asegura Pedro Cañizares, Director de Servicios de Valor Añadido de Vía Digital. Algunos de ellos, como los servicios de telebanca, tienen una cuota de utilización estable; otros, como los mensajes SMS, son un éxito seguro. En tan sólo unos meses, de septiembre de 2000 a marzo de 2001, los abonados mandaron alrededor de 800.000 mensajes cortos. Pero no son los únicos. En la actualidad hay cerca más de 20 en funcionamiento, entre los que se encuentran la compraventa de acciones a través de televisión o la participación en la liga fantástica de Marca.

Cañizares hace una marcada distinción entre el mundo de la televisión y el del PC. La distancia a la que el espectador contempla ambos (alrededor de 3 metros en el caso de la televisión y 30 centímetros en el del PC) es diferente, así como también el soporte que utiliza para manejarse en ellos: el mando a distancia y el teclado. Por tanto, \”diseñar para televisión no es diseñar contenidos Web ni páginas HTML\”.

Esto no quiere decir que Vía Digital haga caso omiso de la Red. Tanto es así que hace tan sólo unos días anunció la incorporación de nuevos desarrollos de Open TV (el interfaz de programación de aplicaciones de Vía Digital) que permitirán navegar por Internet y acceder al correo electrónico. A la vez, y al igual que sucede con CSD, Vía Digital trabaja en el desarrollo de una nueva generación de descodificadores con navegador y disco duro (30 gigabytes o unas 16 horas de programación).

También en un servicio de acceso a Internet por satélite, todavía en pruebas, aprovechando las asimetrías del tráfico de la Red (los usuarios demandan mayor velocidad de descarga de datos que de subida).

La parrilla de su programación refleja una de las paradojas del entorno multicanal, extensibles a todas las plataformas: a pesar de disponer de decenas de alternativas de programación, el grueso de los espectadores se aferra siempre a las mismas, en su caso Gran Vía 1 y 2.

¿Cambiará esto algún día?


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