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TV interactiva en España (y III): cable y digital terrestre, pisando fuerte

Tanto el cable como las plataformas digitales terrestres lo han tenido siempre claro. Si querían robarle abonados a las televisiones por satélite, tenían que ofrecer algo novedoso. En el caso del cable esto se materializa en la promesa de una mayor capacidad de transmisión, una interactividad más desarrollada (con servicios de video on demand) y la posibilidad de disponer de otros servicios de voz y datos. En el de las digitales terrestres de pago (Quiero TV), en aunar televisión e Internet y ofrecer al espectador acceso a toda la información y servicios que circulan por la red IP.

Pero del dicho al hecho hay un trecho. El cable se retrasa y los descodificadores de las digitales terrestres, alérgicos al Flash o Java Script, todavía no permiten la navegación plena. La cosa promete, pero a día de hoy todavía está en pañales. Ahora hay que ver si crece…

Internet en el televisor

Durante el año 2000, unos carteles naranjas comenzaron a invadir las marquesinas de los autobuses. Era la publicidad de Quiero TV, el recién llegado con más éxito en el mundo de la televisión.

La cadena había recibido su licencia en junio de 1999, en una concesión de servicio público (en esto se diferencia de las plataformas de satélite) de pago de una nueva tecnología de transmisión y de difusión de la señal: la televisión digital terrestre. De esta forma, Quiero TV aprovecha el medio tradicional de la televisión, la antena de toda la vida, para digitalizar la señal. Después de ensayar durante meses, comienzan a emitir el 5 de mayo de 2000.

Una de las ventajas de su tecnología es que comprime el espectro radioeléctrico. A este respecto, Quiero TV posee la concesión sobre cuatro canales de UHF (uno de ellos, el 66, lo comparten con Veo TV y Net TV, las otras televisiones digitales terrestres que operan en abierto). En cada uno de ellos puede introducir hasta 4 programas, lo que hace que en la actualidad pueda disponer de un total de 14.

El hecho de que prácticamente todo el mundo disponga de una antena de televisión facilita sobremanera la instalación al usuario. Además, la desventaja en cuanto a capacidad de número de canales frente a otras plataformas responde tan sólo a unos condicionantes que poco a poco irán desapareciendo, como afirma Ignacio López, responsable de Interactivos de Quiero TV. A medida que se vaya reordenando el espectro (cuando las analógicas comiencen a emitir en digital), el número de canales crecerá enormemente.

Como señala López, la filosofía de Quiero TV se resume en tres puntos principales: sencillez (precio único y fácil instalación), equilibrio (la programación tiene un poco de todo; se toman programas de otras plataformas como Vía Digital o Canal Satélite y se evitan los canales de relleno) y diferencia (marca distintiva y apuesta fuerte por la interactividad: el 80% de los abonados a Quiero TV utilizan Internet desde su televisor).

El gran acierto de Quiero TV es haberse atrevido a integrar televisión e Internet (hasta entonces sólo Freedomland ofrecía Internet por televisión, aunque sin mezclarlo con los contenidos televisivos). La cadena proporciona servicios (una EPG o guía de programación alabada por todos, comercio electrónico, SMS y correo electrónico, tiempo, loterías, ocio, actualidad, etc.) que utilizan tecnología de Internet y permiten acceso a la Red, gracias al navegador integrado en el descodificador. Para hermanar aún más ambos medios, Quiero TV proporciona un pequeño teclado a sus abonados. Estos pueden pasearse por el recinto delimitado de Quiero (páginas especialmente adaptadas al entorno televisivo) o hacerlo por los nodos que les venga en gana (lo que dificulta la visión en aquéllas páginas no adaptadas).

Su servicio más reciente, desvelado durante la semana pasada, es el chat por televisión. Con ayuda del teclado, los espectadores pueden hablar entre ellos y comentar o criticar las peripecias de los protagonistas de Gran Hermano, mientras el programa se desenvuelve ante sus ojos. Pero la interactividad se extiende a muchos otros programas, como sucede con el canal eMusic, que permite escoger el vídeo solicitado por el televidente desde el sofá.


eMusic, el canal interactivo de música de Quiero TV

Aunque, todo hay que decirlo, no todo es tan maravilloso como parece. El éxito de su campaña navideña de marketing (su cifra de abonados a enero de 2001 se sitúa en 210.000) y la limitada capacidad de instalación hace que algunos abonados tengan que esperar meses para recibir su caja. Por otro lado, la conexión a Internet ocupa la línea telefónica y tiene un coste adicional, que hasta la fecha Quiero TV intenta suplir con tarifas planas y bonos web. Además, es lenta, especialmente cuando se navega fuera del entorno propio, y no permite la visualización de todos los contenidos. Pero tiene el mérito de ser la primera entre las grandes en atreverse a hacer algo que no hacían los demás.

El cable o la eterna promesa

El tercer sistema de difusión es la televisión por cable. A éste le sucede como a los jóvenes futbolistas sin pulir que son fichados allende los mares: si bien se les presume el talento, todavía tienen que demostrarlo. En la actualidad, y con excepción de un puñado de compañías (Madritel, ONO o Euskaltel), el cable continúa siendo analógico (Menta, Supercable, etc.), a la espera de que los operadores actualicen sus redes.

En España, los operadores tienen su ámbito de actuación geográfica restringido. Sólo pueden existir dos operadores de televisión por demarcación, algo que no sucede con los servicios de telefonía e Internet. La restricción nace para fomentar la construcción de las redes de banda ancha al reducir la competencia y disminuir los plazos de recuperación de la inversión.

De esta forma, una compañía como ONO puede ofrecer telefonía e Internet en la Comunidad de Madrid, pero no televisión digital. Su modelo de negocio se nutre de las mismas fuentes que el resto de plataformas: publicidad, suscripción y servicios de pay-per-view.

Para Carlos Navía, responsable de Programación y Contenidos del grupo ONO, la interactividad es la esencia del cable. Por definición, el cable es la capacidad de transmitir cantidades masivas de información bidireccionalmente. El retorno circula por el propio cable (HFC-fibra óptica más coaxial), no por la línea de teléfono (como sucede con el satélite), y su ancho de banda de cerca de un 1 GHz hace que su capacidad de transmisión sea mayor que la del resto de plataformas. Esto permite ahondar en la interactividad y la personalización de los servicios, con lo que puede discriminarse la programación en función de la localización del abonado.

Como contrapartida a su supremacía tecnológica, el cable tropieza con la lentitud y elevado coste de su desarrollo. El despliegue de las redes no avanza al ritmo deseado y tropieza con los numerosos trámites burocráticos que plantean los ayuntamientos. Además, la banda de frecuencia que se ha asignado al cable para utilizar como canal de retorno es la más baja del espectro y por tanto la más sensible a las perturbaciones de ruido.

Pero también ofrecen algo que el satélite no puede, al menos no todavía, como es la integración de los diversos servicios (televisión, voz y datos) bajo un mismo proveedor.

ONO ya ofrece Internet de alta velocidad, si bien los servicios interactivos de televisión, que utilizan el middleware de Liberate, están todavía en pruebas. Entre ellos, los de almacenamiento de vídeo, no en las cajas, como en el caso del satélite o el digital terrestre, sino en las cabeceras, mediante grandes videoservidores donde se podrían almacenar cientos de horas de programación. Cuanto esto suceda habremos llegado a la verdadera televisión a la carta.

Navía subraya algo ya mencionado por el resto: la interactividad de la televisión nunca será igual a la del PC. En este sentido, la convergencia del producto no será tan completa como la convergencia tecnológica. La forma de comercialización, venta y comunicación de los contenidos será distinta en función de los terminales. La imagen del televidente como couch potato (tubérculo de sofá, en traducción libre) sigue siendo vigente. Y hará falta algo más que un mando a distancia de relucientes teclas para sacarle de su sopor.


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