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Un fallo en el iPhone, excusa para dormir de más

En estos tiempos tecnológicos, uno puede llegar a la hora sin molestarse en cambiar la hora, porque el teléfono que nos despierta se actualiza solo, el ordenador que nos recuerda la agenda se actualiza solo, y en el fondo el reloj del coche siempre está desactualizado.

Sin embargo, mucho despistados -o los que confían con fe ciega en su iPhone- se encontraron el domingo despertándose antes de tiempo, y quizá preguntándose por qué no había nadie en el restaurante a la hora de comer. Y otros más avispados se despertaron una hora tarde, y le echaron la culpa al iPhone.

El responsable es un problema del sistema operativo de Apple iOS, y el fallo es traicionero porque aunque el iPhone cambiaba el reloj principal, como el eficiente cacharro tecnológico que es, algunas alarmas se quedaban con la hora antigua.

Como Apple aún no ha resuelto el problema, para resolverlo los usuarios tienen que borrar las alarmas que se repiten varios días y volver a programarlas, después de que el reloj se haya actualizado solo.

Los efectos no han sido muy dramáticos, sobre todo porque el cambio de otoño es para retrasar el reloj, de forma que los que no se adaptaron llegarían a todas partes una hora antes, y no después. Y en España, donde hubo fiesta el 1 de noviembre, además había más margen para acompasarse al resto del mundo.

Lo más desconcertante no es el problema con las alarmas, sino que prácticamente todos los artículos sobre el tema aseguran que el fallo hizo que la gente llegara tarde a trabajar, cuando en realidad deberían haberse presentado una hora antes. Y los medios no lo dicen porque sí, sino porque los usuarios se quejan de que por eso llegan tarde.

Lo mismo había pasado el mes pasado en Australia, cuando el Estado cambió la hora. La diferencia es que allí, en el hemisferio sur, han pasado al horario de verano, adelantando los relojes, y sí se despertaron una hora tarde.


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