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Un Google mutilado para los chinos

En los partidos de patio de colegio, el propietario del campo o del balón solía establecer las reglas del juego, erigiéndose en juez y parte por encima de la voluntad del resto. “Es penalti porque el balón es mío”, o ”Gol anulado porque lo digo yo” podían ser algunas de las condiciones draconianas con las que el forastero o invitado no tenía más remedio que tragar si no quería verse marginado del partido. La alternativa, contemplar desde fuera como los otros pateaban la pelota, resultaba aún más amarga que someterse a las condiciones del dictadorzuelo de turno.
Algo parecido es lo que le ha sucedido a Google con el gobierno chino. ¿Quieres jugar en mi campo? ¿Quieres que mis 110 millones de internautas (el segundo mayor mercado en potencia tras los EEUU, probablemente el mayor dentro de 3 años) se conviertan en clientes tuyos? De acuerdo, pero entonces tienes que jugar como yo te diga. Y como yo te digo que juegues es omitiendo todo aquel resultado en las búsquedas que resulte molesto, inoportuno o contrario a lo que predica el discurso oficial. Y de paso, bloqueando el acceso a Gmail, Gtalk y Blogger, no sea que alguno consiga leer lo que no tiene que leer. ¿Lo tomas o lo dejas? Y Google, para escándalo de muchos, lo ha tomado. Una decisión dolorosa pero correcta, dicen desde Mountain View.
Como razona Enrique Dans en su blog, el gobierno chino ejerce más una “contención” que un “bloqueo” a los contenidos de Internet, ya que cualquiera con una mínima pericia tecnológica puede saltarse los filtros de acceso. En segundo lugar, el país se dirige inevitablemente a una economía de libre mercado, por lo que el gobierno debe optar por una liberalización controlada de muchos recursos (entre ellos el acceso a la información) para evitar una auténtica desbandada que causara trastornos sociales de todo tipo. Todo ello no justifica la decisión de Google de plegarse a las exigencias de la censura china, pero ayuda a contemplar las cosas desde otro punto de vista.
A Google le han llovido las críticas por este paso, cuando no es la primera gran empresa tecnológica en darlo, pero muchos parecen al acecho de cualquier movimiento en falso de la empresa de Brin y Page para lanzarse a su yugular: agotado el crédito de Microsoft como malo de la película, se requiere de un nuevo Anakyn Skywalker que sienta la llamada del Lado Oscuro, y nadie mejor que Google, el más popular y exitoso, para interpretar ese papel. Sin embargo, incluso el malvado Darth Vader tuvo tiempo de volver al sendero de la luz antes de morir: nadie es completamente perverso, ni inmaculadamente santo. Y los que recriminan a Google que incumpla sus principios ideológicos (resumidos en su famoso lema Don’t do evil, \”No hagas el mal\”) parecen olvidar que hace tiempo que el romanticismo está reñido con los negocios. Más


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