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¿Un llavero? No, es mi contabilidad

Su nombre revela poco de su atractivo. El USB Flash se está convirtiendo en una moda silenciosa que arrasa entre los usuarios de informática de todo el mundo. Incluso el prestigioso New York Times lo considera un objeto de culto que, además de su función como soporte para almacenamiento de datos, puede hacer las veces de llavero o de colgante, y ser personalizado al gusto del usuario en carcasas de diferentes formas y colores.

El éxito no es difícil de predecir cuando, en un espacio del tamaño de un pintalabios, se consigue almacenar hasta 256 MBs de información. Claro que si dispone del presupuesto suficiente, puede permitirse un aparato con capacidad de 2 GBs para moverse con la Enciclopedia Británica en el bolsillo de la chaqueta. La totalidad de la contabilidad de una empresa media cabe en uno de estos equipos en miniatura, ideados para cualquier almacenamiento o transferencia de ficheros.

El invento favorece incluso la salud de los usuarios, especialmente el bienestar de su columna vertebral: se ha terminado el ir a una reunión o presentación cargando con el portátil; basta pedir prestado un PC y en un momento podemos acceder a la información y trasladarla al disco duro del ordenador. Se acabaron los esfuerzos de preparación de presentaciones, por lo menos una vez conseguido su formato final.

Lo mejor de esta solución a tantos problemas de almacenamiento y seguridad es que su precio, ya de por sí asequible, tiende a descender progresivamente. Los modelos de negocio a su alrededor son infinitos y sólo encuentran el inconveniente de que ponerles precio es cosa de magia. ¿Cómo se presupuesta algo que baja de precio cada semana? Ya existen dispositivos con 32 MBs de capacidad por menos de 20 euros, e incluso los de 2 GBs apenas superan los 500 euros.

Prepárense para regalos de Navidad en formato digital.


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