Un viaje en el túnel del tiempo

No, no tenemos una máquina que desafía las barreras espacio-temporales. Pero para retrotraerse a épocas en las que los avances tecnológicos parecían cosa de ciencia-ficción, a veces no hace falta más que un poco de mala suerte para ir a caer en algún reducto donde las nuevas tecnologías se identifican poco menos que con el uso del fax.
Oficina de Correos de la calle Alcalde López Casero, en el barrio de El Carmen, Madrid. 19:50 horas, jueves. Nos disponemos a recoger una carta certificada, después de recibir el aviso pertinente por correo postal. Delante, una persona espera que le sea entregado un paquete procedente de los Estados Unidos. El funcionario que atiende al público lleva más de 10 minutos intentado localizar el paquete, mientras la cola de espera no deja de engordar, con personas cansadas tras su jornada de trabajo y deseosas de llegar cuanto antes a sus casas.
Lo que nos llama la atención es que no se observa un solo signo de informatización en todo el proceso. El funcionario relee una y otra vez el aviso de la persona que espera, como si se le hubiera escapado alguna clave oculta que le facilitara la localización del paquete. Repetidamente se dirige a las estanterías donde se amontonan cartas y bultos, para rebuscar sin resultado alguno. La línea de espera sigue creciendo. Durante todo ese tiempo, otra funcionaria charla apaciblemente por teléfono, planeando las actividades del largo fin de semana que se avecina, mientras sigue alargándose la fila de penitentes. Finalmente cuelga, y el primer funcionario, impotente tras sus frustrados intentos, delega en ella para localizar el escurridizo envío. La funcionaria hace memoria
– “Vamos a ver, vamos a ver. Esto debe estaaaaar eeennnnn…”
Pasmoso. Parece que todo el proceso de almacenamiento y reparto postal se basa en la capacidad de memorización del funcionariado. Ni un solo signo de organización logística, etiquetado electrónico, informatización o mecanización del proceso… Un auténtico salto en el túnel del tiempo.
PD.- Finalmente, tras un minuto de reflexión, la funcionaria fue capaz de recordar correctamente la ubicación del paquete. ¿Qué pasará el día que la mujer tenga un mal día? Suponemos que la oficina se colapsará por completo.


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