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Una clínica de Amsterdam trata a los adictos a los vídeojuegos

Un centro de tratamiento de las adicciones de Amsterdam ha abierto sus puestas a los adolescentes enganchados a los vídeojuegos, respondiendo así a las peticiones de ayuda de muchos padres dispuestos a pagar para que sus hijos se recuperen de esta dependencia de la era digital.

\”En la escuela, yo era el gordo a quien nadie quería. Por eso, al volver a mi casa, me ponía delante de mi ordenador y jugaba\”. A los doce años de haber recibido su primer ordenador, Tim, de 21 años y originario de Utrecht, pasaba veinte horas diarias jugando con el PC.

Los videojuegos eran de guerra, violentos y a veces neonazis. \”Disparar a la gente, pasar en tanque sobre sus casas… ésa era mi realidad. Cuando veía un joystick hasta me cosquilleaban los dedos\”, cuenta hoy Tim tras un mes de tratamiento en la clínica Smith and Jones.

Sigue el crudo testimonio: \”Mi habitación era un campo de ruinas. En el suelo, cajas de pizza y botellas vacías. Los postigos de las ventanas estaban siempre bajados y no me levantaba ni para ir al baño: orinaba en una gran botella mientras seguía jugando\”.

Keith Bakker, el estadounidense que fundó esta clínica, recuerda: \”En la primera entrevista, le dije Te quedas aquí desde esta noche, y me replicó ¿Puedo quedarme con mi Gameboy?\”. En el programa hay media hora de meditación por la mañana, ejercicio físico, largas sesiones en grupos de conversación y conferencias obligatorias de seguimiento por la tarde.

\”Es gente que ha perdido el control de sí mismos. Son niños que están mal en su piel, pero delante de su pantalla se sienten como un dios\”, subraya Steven Noel-Hill, que tuvo problemas con los juegos de azar en el pasado y ahora es consejero de Tim. \”La principal dificultad radica en que tras la terapia hará falta que vuelvan a utilizar un ordenador en su vida cotidiana\”.

En julio la clínica va a acoger a un grupo de quince adolescentes, la mayoría estadounidenses. \”Irán una semana al campo. Construirán cabañas, desarrollarán el espíritu de equipo y se les enseñará que las relaciones reales son mejores que los juegos\”, explica Noel-Hill. \”Pero va a ser difícil, porque estos adolescentes tienen mucha rabia dentro\”, concluye.


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