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Uso y abuso de Flash

Macromedia, una compañía californiana dedicada en sus inicios a los sistemas para creación multimedia, encontró en su día la forma de entrar en Internet por la puerta grande. Uno de sus productos, Flash, está instalado en más del 80% de las máquinas conectadas a la Red y está cambiando la cara a la web. Pero no a todo el mundo le gusta.

La transición no fue difícil. Macromedia disponía de productos como Director o Dreamweaver, que el estándar del mercado para la creación de títulos interactivos en CD-ROM, kioscos informativos y educación multimedia. Es muy probable que alguno de esos CDs de cocina paso a paso, astrología o (cómo no) sexo interactivo, que ahora duermen el sueño del olvido en los cajones de los usuarios veteranos de PC, tengan el logotipo \”Made with Macromedia\”.

Con la web asesinando progresivamente este mercado, Macromedia pasó al ataque. La ofensiva en la Red se llamó ShockWave, un sistema por el cual una aplicación interactiva, con sus botones de colores, animaciones y sonido, se podía incrustar en una página web. El sueño de los diseñadores, en un momento en el que la web era poco más que texto e imágenes.

Poco después, Macromedia adquirió la compañía creadora de Flash, una aplicación que utilizaba gráficos vectoriales. Esto se traduce en dibujos que se pueden ampliar, girar o reducir sin los \”escalones\” que aparecen en los bordes, y que además ocupan mucho menos espacio.

Flash se integró con el resto de las aplicaciones de Macromedia, con lo que bastaba con un solo plugin (la extensión necesaria para ejecutar estas aplicaciones) que se instalaba en el programa de navegación. Tanto Netscape como Microsoft lo incluyen como opción desde hace años. Además, el programa de creación de animaciones Flash resultaba mucho más fácil de aprender para los diseñadores, y no era necesaria programación. La puerta hacia el exceso en la web estaba abierta.

La pantalla animada de la muerte

Las ventajas de Flash no se detenían ahí. Para el sufrido departamento de marketing era un sueño hecho realidad: animaciones que cubrían todo el campo visual de usuario, más grandes, más impactantes, más vendibles, más… en fin, animadas.

Además, dentro de una animación Flash, las reglas las pone el diseñador. No funcionan los botones adelante y atrás, ni el historial del programa de navegación, ni los favoritos, ni la opción de búsqueda dentro de la página. El usuario no se dirige donde quiere dentro de la página, sino donde le dejan.

Pronto comenzaron los abusos. Apareció la moda de las llamadas pantallas splash o intro, enormes animaciones que se cargaban antes de llegar a la página de inicio. También innecesarios elementos móviles en la página, botones con efectos y una completa falta de consideración hacia ese 90% de usuarios de Internet desprovistos de banda ancha. Y en la culminación de la fiebre, sitios creados íntegramente con Flash.

La página de Shockwave, una exposición permanente de lo que era posible hacer con Shockwave y Flash, parecía más concentrada en la espectacularidad de las creaciones que en la efectividad o la velocidad de carga. Eran otros tiempos.

Al final, la locura inducida en todo el mercado ha sido reconocida por Macromedia, que ha intentado aplacar las críticas con una guía de consejos de usability. En la página se recomienda evitar las intros y poner la satisfacción del usuario en primer lugar. Pero el daño ya estaba hecho, y en una época en la que se buscan culpables para la crisis, las críticas llueven.

Animaciones del demonio

Si hay que hacer caso al gurú de la usability Jakob Nielsen, Flash es la encarnación del demonio. Las palabras más duras de Nielsen en su columna titulada \”Flash: 99% bad\”, hacen referencia precisamente a la capacidad de Flash para pervertir las reglas de juego de la web. No hay controles estándar, y el usuario pierde la capacidad de elegir lo que ve. Eso, además de las pantallas de introducción animadas, claro.

Y si bien todos los comentarios de Nielsen son aplicables a multitud de páginas, algunas de ellas de reputadas compañías, sus argumentos dejan lugar a la discrepancia.

Para empezar, no se puede culpar a la herramienta del mal uso que se haga de ella. Como apunta una columnista de la sección Webmonkey de Wired, Flash permite incluir los controles necesarios. El no incluirlos es una decisión consciente. Tampoco hay que señalar con el dedo a los diseñadores: ellos obedecían órdenes.

Por la vía de la ecuanimidad, Flash hace un flaco servicio a páginas de información de cualquier tipo, donde la austeridad que permite llevar al usuario directamente a lo que busca debe primar sobre los colores brillantes. Pero el entretenimiento es otra cosa muy diferente.

Flash permite la creación de películas de animación que de otra forma no podrían publicarse en Internet. En muchos casos sustituye con ventaja al vídeo digital. El usuario no soportará una descarga de diez minutos para ver la lista de productos de una tienda (algo que llevó a la tumba a boo.com) pero puede que espere encantado para no perderse un episodio de la parodia Napster Bad en Romp.com.

Flash no entiende de finanzas, por lo que no entra en el razonamiento la posible rentabilidad de los modelos de contenido audiovisual en la web. Sí que resultan significativos los ejemplos de las pastillas de menta Altoids, Nike o BMW; muestras palpables y descargables de cómo aprovechar la tecnología para poner contenido dentro de un anuncio.

Y por descontado, Flash es un nuevo medio para la expresión artística, que encuentra su manifestación más avanzada en sitios como RGB Gallery o el generador automático de Jazz Pianographique.com. Con el advenimiento de las nuevas versiones de Flash para Pocket PC, descargar juegos como los de Smashing Ideas es ya una realidad.

Tanto es así que algunos de los contenidos desarrollados en Flash terminan en televisión, como en el caso de la serie web \”Miss Muffy and the Muff Mob\”, que emitirá MTV, o la mismísima South Park.

Las críticas a Flash proceden en fin del mal uso que se ha hecho de una herramienta muy potente, algo a lo que la tecnología de Internet nos tiene tristemente acostumbrados. Se pueden clavar tornillos empleando un martillo, pero eso demuestra que no se ha comprendido el concepto de tornillo.

Temas relacionados:
  • Altoids Are Too Hot
  • Criticism of Flash grows with its popularity en News.com
  • Tipping Jakob\’s Ladder en Webmonkey
  • Flash: 99% bad en useit.com

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