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Viaje al interior del centro de datos

El jefe técnico de Internet Data House está resfriado. "Es por el aire acondicionado", dice mientras se arrebuja en un forro polar. Las salas se mantienen a una temperatura constante de 18 grados. El sistema de refrigeración está bajo el suelo, basta con retirar una de las baldosas para que salga un chorro de aire gélido.

Frío y silencio en la sala común, un espacio diáfano salpicado de jaulas de color naranja. Cada jaula contiene un par de armarios metálicos (racks) que contienen unos cuantos cientos de miles de euros en servidores Sun, routers Cisco, switches y un chorro de cables de cobre y fibra óptica que salen de todos ellos. En el extremo de la sala, dentro de una sala acristalada, un par de techies están atentos a sus pantallas, pendientes de que los bits sigan rodando.

Tantos cuidados son necesarios para mantener en buen estado de funcionamiento los servidores que contienen los datos de importantes empresas. Porque Internet Data House es un hotel de lujo, pero para máquinas.

La empresa responsable de todo este despliegue es Telvent, la filial de ingeniería del grupo español Abengoa. Sus ejecutivos, caballeros de traje impecable (nada de business casual aquí} están entusiasmados, y no es para menos. "Son 42.000 metros cuadrados, ¡cuatro campos de fútbol, uno encima de otro!", dice Bernardo Estevez, del departamento de marketing.

Este es el segundo complejo de hosting y collocation que Telvent pone en marcha (en el otro ya no cabe un alfiler, dicen). En cristiano quiere decir que si usted tiene un negocio en la Red, ellos se encargan de poner sus máquinas en un edificio moderno y acondicionado, conectarlas al proveedor de acceso, cuyas líneas de alta velocidad están ya allí esperando, e incluso cuidar de que su base de datos no se sature y no entre ningún cracker en el sistema. Es el proyecto más atractivo de Telvent, empresa también dedicada a cosas más prosaicas, como sistemas de control de energía, medio ambiente o transporte.

Talla XL

Cuatro plantas en las que todo es de un tamaño desmesurado. Desde los compresores de aire acondicionado hasta los cuatro sistemas de alimentación ininterrumpida, cada uno del tamaño de un utilitario, que mantendrán todo funcionando durante dos horas si hay un corte de suministro eléctrico. Claro que esto es sólo hasta que les proporcionen una minicentral eléctrica propia, que ya tienen contratada.

El hospedaje de los bits parece un negocio complicado, tal y como está el sector tecnológico, pero para José Ignacio del Barrio, director general, el hueco existe: "Todas las empresas, grandes o pequeñas, que quieren internetizarse, tienen que poner sus sistemas en manos de profesionales, pero son escasos. Nuestro datacenter es una plataforma independiente donde damos conectividad de Internet a través de los mejores proveedores y además disponemos de una capa de servicios, desde la monitorización más básica hasta la más avanzada".

Esas son sus mayores bazas frente a los negocios parecidos de las telecos, cuenta Miguel Angel Beascoa, director de Marketing. "Ellas, que son nuestra competencia, priorizan las telecomunicaciones para vender tráfico, ya que es al final su negocio. Nosotros enfocamos nuestro negocio a los servicios".

La idea de IDH es la independencia. "Si un cliente está un datacenter de un operador, que le sube el precio del ancho de banda, ¿que hace?. Cambiarse es peor que volverse a casar. Sin embargo en un sistema neutro le podemos decir al cliente que la competencia se lo da mas barato, en el mismo sitio. Además los protocolos redirigen el tráfico por donde menos saltos se producen para que el tiempo de respuesta sea más rápido", añade Beascoa.

En efecto, la sala que denominan Meet Me Room es el punto de confluencia de los cables de los diferentes proveedores de conectividad que desembarcan en el datacenter. Junto a ella, los clientes más adinerados podrán pagarse una suite propia para sus máquinas, en lugar de ocupar una jaula en la sala común. Como en el resto del edificio, los sistemas contra incendios sofocarían las llamas con gas FE-13, que no daña a los equipos.

Clientes, proveedores o ambos

En efecto, los clientes de IDH son exigentes. "No es que no tengan departamento de informática propio, pero este tipo de servicio requiere disponer de gente muy preparada. Tenemos acuerdos con las empresas que desarrollan para los clientes finales, y cubrimos el 90% de los servicios: bases de datos, servidores de aplicaciones, Unix, etc.", comenta Beascoa.

Un mercado muy atractivo al que podrían acudir las operadoras de telefonía, que son las propietarias de las cañerías de los datos. "El cliente nuevo sólo busca más ancho de banda, pero las grandes cuentas saben que la capa de servicios es importante. Además las telecos también se benefician del tráfico de nuestros clientes", dice del Barrio.

Beascoa está presto a puntualizar. "De todas formas un operador también puede ser cliente de Internet Data House. Si quisiera montar su propio Data Center se tiene que dirigir a las empresas que tengan experiencia, es decir, nosotros".

La metáfora está clara: el datacenter es como un centro comercial donde hay beneficios comunes para las tiendas alojados: seguridad, aparcamiento, entretenimiento o publicidad. Los gastos de infraestructura, carísimos, los pueden compartir entre varios operadores. Es a la postre un canal de distribución para el operador, que vende su ancho de banda.

La teoría es que a la postre la conectividad se convertirá en un bien de consumo (commodity), algo que al no ser exclusivo, se vende como el suministro eléctrico, la mensajería o las máquinas. Es el momento de los servicios. "Para una teleco eso supone una transformación profunda en la empresa. Nosotros no tenemos esos complejos."

El futuro será pequeño y mediano

Si bien los clientes de estos servicios son las grandes cuentas, como los bancos o los portales internacionales, José Ignacio del Barrio ve una puerta abierta en las necesidades de las pequeñas y medianas empresas. "Hay expectativas, aunque está siendo muy lento. Parte de las iniciativas como incubadoras son modelos de ASP (proveedores de aplicaciones) o appliance, cosas que la pyme entienda y pague como un servicio, como el bono prepago de un teléfono móvil o la factura de la luz".

Internet Data House dispone de un canal de incubadoras, donde se convierten en sus socios tecnológicos para ayudar a estas empresas en lo que no saben o no quieren hacer. A esto se unen seminarios de divulgación a los que acuden las grandes empresas de tecnología para fomentar el uso de los servicios entre las pequeñas empresas. "Contamos que pueden tener un sistema de call center completo y pagar 1000 ptas. al mes, con una operadora en su oficina, o que tienen acceso a telecomunicaciones o videoconferencia. Son servicios básicos que la pyme puede entender y comprar".

Esta es la definición de appliance para las empresas. El futuro del modelo ASP pasa también por estos hoteles para máquinas, donde residirán todos los servicios que se ofrecen de modo remoto a las empresas y les liberarán de los departamentos técnicos especializados, la compra de equipos y desarrollo de aplicaciones. "Este es el boom del ASP que predicen los analistas para 2003 y creemos que hay que sembrar ese mercado, porque si no lo hacemos nosotros no habrá boom" insiste Beascoa. "O lo harán otros" puntualiza del Barrio con una sonrisa.

Si el modelo ASP no naufraga, las pymes pueden convertirse en el motor de la recuperación del sector tecnológico. "El objetivo es la educación del mercado, elegir a las pymes de referencia para que el resto lo tomen como ejemplo. Hay mucho que hacer porque no hay nada hecho.", dice Miguel Ángel Beascoa.

Pero no sólo los clientes obtendrían beneficios del modelo ASP. "Los fabricantes de software no quieren nuevas versiones para un nuevo sistema operativo de un monofabricante que tiene problemas antimonopolio en el mercado, sino algo que no consuma tantos recursos, montarlo en un datacenter ilimitado en recursos y escala y dejar al usuario tranquilo. Tenemos centros de demostración donde les ayudamos a montar esos sistemas y probarlos".

Zonas sensibles: seguridad y fiabilidad

La primera crítica a la que se enfrenta el modelo de aplicaciones distribuidas es la seguridad, algo de los que son muy conscientes en IDH. "Evidentemente una inversión en seguridad es crítica. Para que tu cliente se crea el modelo ASP le tienes que poder decir que tendrá la mejor seguridad. Especialmente en negocios críticos donde la información vale dinero, como I+D o datos de control de redes eléctricas o gasoductos"

Los empleados del datacenter tienen que firmar un compromiso ético y legal muy restrictivo para garantizar que esos datos están blindados. Por ejemplo, un operario no puede acceder directamente a los datos, sino sólo a través de los sistemas automáticos de backup. Los fallos pueden acabar con el servicio más seguro.

"Disponemos de planes de contingencia para avisar a los desarrolladores con tiempo de los posibles fallos de las bases de datos y aplicaciones, y cubrir los momentos críticos. Es no lo hace ningún otro datacenter en España", afirma contundente Beascoa. La seguridad se paga, no obstante. "El que la máquina funcione al 100% es posible sólo si se contratan redundancias entre diferentes datacenters, que entran automáticamente cuando es necesario. Pero ese tipo de inversiones sólo las pueden asumir los bancos, que además están obligados a ello"

Centros de atención al cliente, soporte técnico de productos, control remoto del consumo de energía… los servicios que puede albergar un datacenter son numerosos y alejados del simple albergamiento de páginas web. La distribución de aplicaciones y servicios es el próximo paso para las empresas de tecnología, y estas inmensas zonas portuarias para los bits son la base para su implantación, si la eventual desconfianza del mercado y la tardanza del ancho de banda no lo impiden.


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