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Webmasters y responsable de Internet: trabajos con futuro

La catedrática Mari Carmen Gallastegui ha llevado a cabo un estudio para el Consejo Económico y Social Vasco, llegando a la conclusión de que los puestos de webmaster y responsable de Internet tienen mucho futuro en el entorno de las empresas vascas.

Nos parece interesante porque habla de dos puestos completamente dispares. Un webmaster es alguien casado con su web. Alguien que sabe cómo están programadas, de dónde vienen sus visitas, cómo mejorar el tráfico diario que reciben, cómo generar marketing viral aprovechando sus conocimientos de la Red y, en general, el aspecto económico del negocio le interesa sólo como medio para sobrevivir. Se desayunan con Linux y XML, solo leen si está en RSS y no encuentran nada más atractivo que una página en SHTML capaz de hacer virguerías que sólo ellos saben apreciar.

Es un espécimen poco corriente en la empresa moderna actual, a pesar de su gran valor para la misma. Pocos están preparados a enfrentarse con gente que, motu propio, cree que la jornada laboral empieza cuando se levantan –muchos se conectan antes de desayunar- y termina cuando se acuestan –la mayoría no puede hacerlo sin antes echar un vistazo a su criatura. Toda esta dedicación es imposible transferirla a una empresa tradicional con horarios de 8 horas.

Por el contrario, el responsable de Internet es alguien que sabe cómo sacar dinero de la Red. De acuerdo, no demasiado, pero ya saben como funciona el mundo de las grandes cuentas y sus centrales de medios, y como se consigue un porcentaje del presupuesto publicitario de un cliente, provienen en general de los grandes portales o de los primeros medios de comunicación.

Ambos están condenados a entenderse, aunque por lo general se desprecian olímpicamente. Los webmasters no tienen respeto alguno por los responsables de Internet –aunque les ayuden a pagar las cuentas de sus casas- y éstos consideran que los webmasters son, como mucho, un mal menor.

Las empresas de Internet con éxito consiguen que ambos se entiendan, y por lo menos de vez en cuando, se beban una cerveza juntos. No, no es sencillo, y no lo enseñan en ninguna escuela de negocios.


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