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Wi-Fi, dolores y dudas

Rupert Goodwins escribe para ZDNet algunos de los análisis más finos que leemos con regularidad. Les transcribimos el inicio del que hacemos referencia en el enlace anterior:

\”Londres está lleno de restos arqueológicos muy interesantes de civilizaciones muertas hace ya tiempo. La Torre de Londres muestra ejemplos excelentes: al salir de la estación de metro de Tower Hill, mire arriba y a la izquierda justo al pasar la salida. Pegado a la pared existe todavía un colorido y polvoriento anuncio de un servicio de comunicación inalámbrico ya olvidado llamado Phonepoint. Junto a sus competidores, Zonephone, Callpoint y Rabbit, formaba parte de un sistema de elevado perfil denominado CT-2: flexible y barato, estaba destinado a llevar la comunicación digital móvil a las masas años antes que el GSM. Las masas pensaron algo distinto. Lanzado en 1989 por un gran consorcio de bancos, compañías telefónicas y fabricantes de equipos, el sistema murió en 1994\”.

Goodwins opina que el paralelismo entre CT-2 y WiFi es increíble. Su lección, no menos comprometida: \”la gente no lleva consigo nada que duplique las prestaciones de algo que ya tienen, no toleran incompatibilidades que son sólo resultado de las luchas por la supremacía entre empresas y todos tienen el disco de Dead Kennedys, Give Me Convinience Or Give Me Death\”.

Estamos de acuerdo con él. Hoy el problema de las ofertas WiFi -por cierto, algo de lo que también adolece el cable- es que sólo ofrece aplicacionesme too. Es decir, copias de otros servicios que ya existen y, además, en la lucha por la supremacía en el mercado, los oferentes de estos servicios no se ponen de acuerdo para, como en el mundo del PC, disponer de un bus estándar que permita a cualquier equipo llevar aplicaciones de terceros. Grave error que está convirtiendo el mercado de Wi-Fi en una réplica del fracaso que fue el CT-2.

Al parecer, pocos se han dado cuenta de que la gran ventaja de WiFi es su ancho de banda y eso exige aplicaciones nuevas, multimedia, que sean diferentes a las ya disponibles, y convenzan al usuario final de que merece la pena la tecnología.

De seguir con el actual mercado de competencia sin estándares, podemos ver un desastre similar al de CT-2. Rupert, estamos al 100% con tu análisis.

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