Zune no convence a casi nadie

Los que ya han tenido entre sus manos el reproductor Zune de Microsoft no parecen haber quedado muy satisfechos. Para empezar hay que reconocer que la estética es poco afortunada: los colores de la carcasa no son precisamente alegres, y para controlar las opciones del menú se ha optado por la archifamosa rueda (¿no les recuerda algo?). Uno de los fuertes del iPod reside en el atractivo de la estética. Desde esta perspectiva, Zune salta al terreno de juego derrotado de antemano por goleada.
Pero la principal limitación no es otra que las fuertes restricciones en la reproducción de archivos. Zune no permitirá reproducir archivos protegidos, incluido el propio DRM de Microsoft. Para escuchar una canción comprada en la tienda de Microsoft (además de en Napster, Rhapsody, Yahoo! Unlimited, Movielink o Cinemanow), habría que volver a adquirirla en la tienda del propio Zune. ¿Se imaginan? Pues no sólo eso, sino que Zune coloca su propio candado a los archivos que pasan por sus tripas y se envían a otro reproductor, condenándolos a tres escuchas o tres días de vida útil antes de ser destruidos. Vamos, que no se intercambian videos ni canciones, sino condenados a muerte.
A nadie se le escapa que en realidad Microsoft no ha creado un gadget, sino un anti-iPod. Es por eso que Zune incorpora algunas prestaciones de las que carece el reproductor de Apple (radio FM, conexiones Wifi). Lo de entrar tarde en un mercado y copiar las mejoras de sus competidores es una estrategia que Microsoft ya ha utilizado en otras ocasiones. Por ejemplo, las pestañas, uno de las grandes novedades que trajo Firefox al sector de los navegadores, ya han sido incorporadas a Internet Explorer. El problema con el que se encuentra Microsoft es estos casos es simple: ¿para qué cambiar, si lo nuevo no mejora lo ya disponible?
A todo esto, ¿se acuerdan de Origami? ¿Alguien sabe qué ha sido de él?


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