Uber cede y se fusiona con su rival en China, Didi Chuxing

Uber renuncia al mercado chino y se integrará en su principal competidor, Didi Chuxing, dejando una situación casi monopolística en el sector del transporte bajo demanda en el país.

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‘Si no puedes vencer a tu enemigo a él’ ha debido pensar el gigante estadounidense del transporte urbano al evaluar sus posibilidades en China, decidiendo finalmente fusionar su negocio en el país con su principal competidor local, Didi Chuxing, según ha informado la propia compañía a través de medios oficiales nacionales.

Los rumores eran confirmados cuando el consejero delegado de Uber, Travis Kalanick publicaba un extenso post en su perfil de Facebook en el que explicaba que Uber pasará a tener una representación del 20% en la nueva firma —valorada en 35.000 millones de dólares.

Tal y como el propio Kalanick reconoce, es un tema de “rentabilidad”, en un mercado en el que ambos competidores llevan invertidos “miles de millones de dólares”. Pero las expectativas de UberChina va más allá, y el consejero delegado de la firma adelanta: esta fusión abre el camino para hacer equipo con Didi en una misión enorme, que libera fuentes sustanciales para centrarnos en iniciativas muchos más atrevidas para el futuro de las ciudades: desde tecnología de autoconducción hasta el futuro de la comida y la logística.

Didi Chuxing que hasta hoy era ya líder del mercado local de este tipo de alternativa de transporte urbano con una cuota del 87 %, unos 300 millones de usuarios, que contratan cerca de 11 millones de viajes diarios a través de su plataforma, recibía el pasado mes de mayo una importante inversión de 1.000 millones de dólares de la tecnológica estadounidense Apple.

China, primer país en regular la ‘Uberización’

Hace apenas unos días, el Gobierno chino aprobaba nuevas regulaciones que legalizan definitivamente las actividades de Uber, su rival china Didi Chuxing y otras redes de transporte vía internet, según recogía EFE citando a la agencia oficial china Xinhua. Un paso que fue recibido positivamente por las dos compañías que emitieron sendos comunicados alabando la iniciativa gubernamental.

La nueva normativa, resulta ser la primera que elabora un país para regular a nivel nacional este tipo de negocios, acabando con la alegalidad con la que hasta el momento operaban en el país asiático ambas compañías hoy fusionadas, y en respuesta a la creciente presión por parte de los servicios tradicionales de taxi —como viene ocurriendo en muchos de los países donde se instala Uber, incluído España.

El Ministerio de Transportes chino, de quien parte la regulación, estipula que estas nuevas redes no necesitan tener su propia flota de vehículos, a diferencia de las compañías de taxi, lo que en la práctica les permite para operar sin miedo a prohibiciones o investigaciones judiciales, como ha ocurrido en algunas ciudades del país en los dos últimos años.

Los conductores de estas redes pueden solicitar una licencia de operación y sus empresas serán responsables de que tengan la suficiente cualificación y los vehículos tengan las condiciones de calidad idóneas, señala el documento oficial.

También indica que los vehículos con más de 600.000 kilómetros u ocho años de funcionamiento ya no podrán usarse en estas redes de transporte y aclara que los conductores que hayan sido sancionados por actos violentos, consumo de alcohol, drogas o infracciones de tráfico no tendrán licencia para operar en ellas.

Las firmas de este sector deberán pagar impuestos y seguro de viaje para los pasajeros y tendrán prohibido llevar a cabo políticas agresivas de precios que puedan causar perturbaciones en el mercado. La nueva fusión empresarial, genera paradójicamente, una situación cercana la monopolio, donde no cabe esperar más guerras por precios de tarifa, captación de conductores u oferta de nuevos servicios que en definitiva, acaban repercutiendo en la masa de clientes.

Asimismo, la regulación también se dirige a las compañías tradicionales de taxi, a las que pide que reduzcan las altas tasas de operación que cobran a sus propios conductores y que unidas a la fuerte competencia de firmas como Uber o Didi han dificultado mucho el negocio de millones de taxistas en el país.

Esta situación llevó a conductores de taxi de diversas ciudades de China a organizar numerosas y agresivas huelgas en los últimos años, paralizando en ocasiones el tráfico de sus localidades durante horas o incluso días.

Cerca de 100 millones de ciudadanos chinos (uno de cada 14 en la nación más poblada del mundo) solicitaron alguna vez un vehículo a través de su ordenador o teléfono inteligente en el año 2015, cuando la situación legal de este tipo de servicios aún no estaba clarificada.


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