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Economía e Innovación, Embajada de Israel en España

Aldo Levin: El reto de Israel no es crear un gigante mundial tipo Nokia

“Ahora nos gustaría cambiar de ‘startup nation’ a ‘scale-up’ nation’, pero es el mercado quien lo va a decidir”, reconoce Aldo Levin, ministro-consejero de Economía e Innovación de la Embajada de Israel en España.

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Aldo Levin . Imagen: Silvia Font/Baquía.

Israel se ha ganado en la última década el sobrenombre de ‘nación startup’, así quedaba constatado en el libro de Dan Senor y Saul Singer de 2009 “Start-up Nation: The Story of Israel’s Economic Miracle”, y las cifras más recientes no niegan la transformación: se ha convertido en una potencia mundial en inversión Venture Capital —tan sólo las startup tecnológicas consiguieron 4.430 millones de dólares en 2015, según la consultora  Israel Venture Capital Research—, cuenta con el número más alto de startups tecnológicas per cápita del mundo y con su propio Silicon Valley (bautizado como Silicon Wadi) donde ya están instalados muchos de los gigantes estadounidenses.

Aldo Levin, Ministro-Consejero de Economía e Innovación de la Embajada de Israel en España, insiste en que “no hay ningún secreto” detrás del caso de éxito israelí, sino una suma de factores que han dado los resultados esperados: dos décadas del programa ‘Yozma’ de inversiones públicas y captación de capital extranjero, el tradicional expertise de Israel en el sector TIC y la particular ‘cultura militar’ de Israel —uno de los ejércitos más potentes del mundo y cuya industria militar posee un gran peso dentro de la economía nacional—, que cuenta ya con importantes multinacionales como ICQ, Lumenis o CheckPoint, una de las empresas de ciberseguridad más potentes del mercado.

Coincidiendo con la participación de Israel como país invitado del primer Digital Enterprise Show celebrado recientemente en Madrid, Levin comparte en esta entrevista con Baquía algunas de las claves políticas, económicas y culturales que han convertido a Israel en uno de los modelos de emprendimiento tecnológico que más interés despierta en el panorama mundial.

Israel se ha convertido en el paradigma de transformación digital, un país con poca más de ocho millones de habitantes y en un complejo enclave geográfico que, sin embargo, muchos gobiernos desearían imitar. ¿Cuál es la receta del éxito?

Cada vez que me hacen esta pregunta creo que cambio la respuesta ¿sabes? porque creo que no hay una concreta. Me gusta hablar de ‘ecosistema’ que es un término derivado del mundo de la naturaleza, es decir, cómo conviven e interactuan los ingredientes para crear un entorno exitoso e innovador. No hay una respuesta fácil pero lo que está claro es que el éxito atrae al éxito. Al inicio de este éxito a final de los 80 y principios de los 90, el gobierno hizo lo que tenía que hacer: dar paso al entendimiento, apoyar con una inversión pública muy alta en I+D+i, la inversión total en Israel, es quizá la más alta del mundo en proporción a la privada,…

En los 90 con la apertura de la antigua URSS hubo una ola muy importante de inmigración judía, que supuso una llegada increíble de talento que supuso un empuje muy importante a la infraestructura de capital humano del país, y por otro en el país había mucho interés por que entrara capital extranjero. Aunque para mí el punto más importante es que el mundo ha girado en la dirección en la que Israel puede hacer las cosas bien. Todo lo teníamos antes: deseo de salir al exterior, formación muy buena a nivel universitario,… Pero la economía mundial ha pasado de estar en la industria a una economía basada en el conocimiento. Es cuando ha llegado nuestro momento.

Lo que está claro es que el apoyo de gobiernos e instituciones públicas es vital a la hora de acometer estos cambios.

Pero hay que ser inteligentes, responder a las necesidades del mercado, dar financiación donde tiene más impacto, donde pueda estar la diferencia, y no plantear demasiadas condiciones para la financiación. El sector público no puede pretender gestionar la inversión privada; desde el gobierno se decide qué tiene valor para financiarse, pero no definimos por ellos objetivos de negocio, no pedimos ningún tipo de garantía… Es un fondo perdido en el sentido español, pero sé que en Europa funciona de otra manera.

Comentaba que el éxito atrae más inversión, pero esto también hace que las jóvenes startups se vendan a rápidamente a grandes inversores. Y ese es un valor que deja de tener el país, de algún modo. ¿Cómo se gestiona ese reto que es la ‘retención de talento’?

Es una buena observación. En la administración pública de Israel, ahora nos gusta hablar de cambiar ‘startup nation’ a ‘scale-up’ nation’, pero es el mercado quien lo va a decidir, no nosotros. Si las empresas quieren, vender van a vender, y si no lo permitimos, van a irse a EE.UU. No es fácil, pero la actitud del gobierno es intentar no intervenir demasiado cuando funcionan bien las cosas. Eso es muy importante.

¿Qué otros retos identifican para continuar con la evolución del denominado Sillicon Wadi, el Sillicon Valley israelí?

Somos un país en que la mentalidad de los jóvenes es muy luchadora, en la que si fracasas no pasa nada, lo intentas de nuevo. Esperamos que las cosas vayan en este sentido pero los retos son conseguir más inclusión social, que los beneficios, digamos de un poder internacional, lleguen a más partes de la población y del país.

Tenemos problemas de inclusión y sabemos que el mix demográfico del país está cambiando. Hay minorías de población árabe, ultra-ortodoxos que no están tan involucrados en este proyecto de ‘Israel multitecnológico’ y eso tiene que cambiar.

¿Ha tenido algún impacto en este ecosistema de emprendimiento, especialmente tecnológico, la fuerte presencia de una identidad e industria militar en la sociedad israelí? 

Sin duda, históricamente sí. Los avances en tecnología militar tienen también sus usos en el ámbito empresarial, pero quizá el aspecto más destacable del aspecto militar es la forma en que los jóvenes pueden intercambiar ideas con amigos o con compañeros de su misma edad en el ejército y desarrollar después un proyecto, crear una primera startup.

Hay una unidad del ejército, la 8-200, que se considera la incubadora más potente del país porque los actores del mercado civil contactan con los jóvenes en una fase muy temprana para darles el apoyo necesario para tener éxito cuando salen del servicio militar. Es decir, no es sólo concepto de innovación, también de excelencia. Esta unidad sólo atrae a los genios en cifrado y programación; si eres TI este club sigue más allá del ejército. Se generan unos nexos, una red social, que les permite testear sus productos para llegar al mercado, porque dentro del club 8-200 también está el CEO de CheckPoint, por ejemplo… Éste es el efecto del servicio militar más allá de adaptar tecnología, es el aspecto cultural y de formación de futuros empresarios y líderes en networking. Y eso es algo que no se puede copiar.

La unidad 8-200 es la agencia de inteligencia israelí en la que, como comenta, la informática y la ciberseguridad es uno de los principales objetivos de desarrollo. No sólo a nivel startup, sino de industria, muchos países están intentando especializarse e Israel también trata de alzarse como un líder en el sector. 

Tienes razón. Si hablamos de transformación digital, necesitas un nivel muy alto de seguridad para dar paso al cambio de modelo económico y modernización de infraestructuras. Si no tienes capacidad de protección digital, entonces tu negocio puede caer muy rápido.

Sobre todo en Israel ha habido un cambio de mentalidad en invitar a stake holders a participar y ver cómo trabajar para desarrollar soluciones de manera conjunta. El gobierno está bastante interesado en crear un SOC [Security Operation Center] y CERT [ Computer Emergency Response Team] propios en el sur del país, bastante similar a lo que hace el INCIBE español en León.

¿Es España un ejemplo a seguir en ciberseguridad?

España está más avanzada que nosotros en temas de SOC, con tecnología propia de la que salen productos muy buenos.

¿Colaboran España e Israel en este campo?

Esto va más allá de mi cargo en la embajada, pero se ha firmado un acuerdo de colaboración en temas de seguridad entre ambos países, y hay mucho por hacer en knowledge sharing. La tecnología, al fin y al cabo, es algo empresarial y en Israel, hoy en día, no tenemos un régimen intercultural de tecnología que exportar a un tercer país; pero sí queremos que los socios españoles se acerquen a Israel.

Israel encabeza todas las listas: creación de startups, inversión en I+D, empresas cotizantes en NASDAQ… Pero todavía no tiene su Google, su Facebook, su Uber …

Sí, tenemos algunas multinacionales, pocas, pero están. Y es un gran debate si es deseable o no. Habrá algunos políticos más metidos en temas de empleo que digan que nuestra política ha de ser crear un gigante mundial, pero no es un reto tener un Nokia y no creo que la mayoría de los israelíes lo consideren como tal. Mira lo que pasó en Finlandia, cayó Nokia y cayó el país.

En un mundo global, si tienes INTEL, que emplea más de 6000 personas en el país, ya tienes tu multinacional. La opinión del gobierno es que si viene mañana una gran ingeniería española para establecerse en Israel, no es problema. Lo preocupante es que el objetivo principal de un emprendedor sea vender su empresa, y esa mentalidad está cambiando. Nos preocupa aunque la contra-opinión es que también da igual. Hay un dicho muy conocido en Israel, que dice que si eres emprendedor y te has hecho rico al vender tu empresa, es casi seguro que vas a empezar otra empresa, esta vez con experiencia, con clientes…


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