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Odiando el remarketing

El diseño y ejecución de campañas de remarketing por parte de sitios y anunciantes es una de las técnicas de marketing online más y peor empleadas últimamente, y que más odio, por persecutoria y agresiva.

Básicamente, las estrategias de remarketing ayudan a los anunciantes a impactar a los usuarios que han visitado su sitio web o han usado su aplicación, en otros sitios web o plataformas a través de redes de anuncios, por ejemplo Display de Google o Facebook Ads, con el objetivo de volver a captar la atención sobre el sitio visitado. Generar más o nuevas conversiones. ¡Qué gran idea y qué pésima ejecución!

Remarketing, opinión de Fernando Puente

Un día se te ocurre ir a visitar a un amigo en el extranjero, buscas un viaje, comparas, compras el billete y ya has caído en las garras del remarketing, ese remarketing agresivo que sigue queriendo que vuelvas a comprar otro billete, aunque ya lo compraste, y que te persigue a lo largo de toda tu navegación diaria, incluso después de haber vuelto del viaje, incluso después de haber olvidado el viaje; web tras web, plataforma tras plataforma por donde pasas. Esa sensación de que el sitio donde compraste el billete ha hecho la mayor inversión publicitaria del año y ha decidido empapelar Internet con tu viaje de fin de semana. En tu móvil y en tu ordenador.

Odio profundamente ese remarketing. Mal configurado, repetitivo, agresivo, que no caduca. Si no he pinchado en los primeros 999 banners, de todas formas y posiciones, ¿es necesario el banner mil? Pues han pensado que sí, que es necesario según el señor planificador de esa campaña.

Eso si hablamos de sitios de venta de viajes, por ejemplo, por que como caigas en algún enlace poco afortunado que te envía a modo gracioso un amigo, prepárate a recibir impactos de cualquier tipo de publicidad de dudoso gusto, y en cualquier idioma.

Todavía estoy esperando algún anunciante con un remarketing fino y elegante, bien programado y poco intrusivo, que me haga cambiar de idea. A lo mejor lo he vivido tan sutilmente que no me he enterado. Mis disculpas entonces y prestaré más atención.

¿Será todo esto culpa de las famosas cookies? Pues también. Ese pequeño rastro que vamos dejando por donde pasamos y que condiciona el resto de la publicidad que vamos soportando página a página. Ese que pensábamos que era para una navegación mejorada y que aceptamos buenamente en todos los sitios por donde pasamos. Ese rastro, es el alimento del monstruo del remarketing. El monstruo que odio.


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