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Roaming gratis con letra pequeña: la UE cede ante los teleoperadores

La promesa de Bruselas de librar a los usuarios de los recargos por hacer uso del móvil desde el extranjero se diluye limitándolo a 30 días seguidos o 90 al año. 

La batalla de la Unión Europea contra el roaming a las llamadas entre países de la comunidad viene de largo. Ya en 2010 la Comisión establecía 2015 como la fecha límite para acabar con él, pero las todopoderosas teleco no iban a ceder su jugoso negocio así como así, sólo por el bien del usuario.

Tras algunas pequeñas victorias en estos últimos años, en las que la institución supranacional ha conseguido obligar a las compañías teleoperadoras a reducir esas tarifas que sobrecargan las llamadas y el uso de datos cuando un cliente abandona su país, parecía que por fin el 15 junio de 2017 iba a ser el verano en el que pudiésemos viajar por Europa a nuestro antojo sin temer abultadas facturas.

Pero el regalo ha venido envenenado. El ciudadano no se iba a ir tan de rositas. Para no disgustar demasiado a los amigos teleoperadores de telefonía móvil, la Comisión Europea les plantea ahora un módico programa de exenciones de estos ‘recargos por comunicaciones en itinerancia’, como medida de prevención contra posibles abusos de los clientes, que ya sabemos que son los que siempre abusan de las pobres compañías telefónicas (y de las eléctricas, y de las proveedoras de combustible,…). En fin.

Así, la propuesta de la UE responde a una política “de uso razonable”, en la que se establecen unos límites por parte de Bruselas por un lado a las compañías, que deberán ofrecer a sus clientes operar en itinerancia al menos 90 días al año o 30 días seguidos. Según esto, cada vez que un viajero salga a algún país de la Unión debe volver a iniciar sesión en su móvil en la red doméstica, al menos, una vez cada 30 días, es decir debe volver a su país. Si no lo hace, la operadora puede aplicarle los recargos pertinentes.

No creemos que sea restrictivo, cumple con las necesidades de los europeos, que de media viajan menos de tres meses al año a otro Estado miembro, ha declarado la portavoz comunitaria Nathalie Vandystadt a Europa Press.

Bruselas lo considera suficiente para el ciudadano medio e insiste en que se trata se trata de un umbral “mínimo”que los operadores móviles pueden mejorar en tiempo o con ofertas “ilimitadas”, ya que el objetivo es asegurar que las compañías no ofrecen menos.

Sin embargo, lo que más me sorprende es que se tome esta decisión en previsión de que los ciudadanos trataremos de abusar de nuestras compañías. El gran temor de las UE (o de los lobbys de las telecomunicaciones involucrados) es que los consumidores domésticos utilicen permanentemente el roaming apuntándose al servicio de teléfono del proveedor más barato, independientemente de su ubicación —señala El País— para conseguir tarifas mejores que las de los operadores de su país de residencia, derivando así una competencia desleal entre operadoras.

Sin embargo, no acabo de ver tan claro que un español medio (digamos sin muchos conocimientos de otros idiomas, que tal vez haga uno o ningún viaje al año fuera de España) vaya a abandonar su compañía de teléfono local, con su pack de televisión digital, sus películas, sus series, su fútbol e internet en casa, por un contrato con una compañía eslovaca o rumana por el simple hecho de ahorrarse unos euros al mes.

Aún encima, para aquellos que cumplan el requisito de algoritmo matemático de los días fuera de casa, la CE impone a los usuarios límites de consumo. Nada de disfrutar de tu programa de llamadas ilimitadas y tu bono de datos como si estuvieras en casa. El operador ofrecerá un baremo consistente en el promedio de consumo de llamadas de los clientes de esa tarifa en concreto; y como sobrepase ese límite, las compañías podrán aplicar el roaming.

Por ejemplo, si el promedio se estipula en 100 minutos al mes, la compañía cobrará a partir del minuto 101, aunque no se hayan disfrutado los 90 días. Y en el caso de los datos, igual.

¿Y qué garantía tendremos los clientes de que ese promedio de consumo es real? ¿Por qué hemos de confiar en unos teleoperadores que por otro lado son el sector de consumo con mayores quejas por parte de los consumidores?

Visto lo visto, y falta de la votación el próximo mes de diciembre, este programa europeo mal llamado “roaming como en casa” se me antoja como otro fracaso más de una Unión Europea que si nació con la voluntad de crear un territorio único y compartido entre sus estados miembro, no hace sino seguir levantando barreras para los ciudadanos, en este caso en un aspecto primordial como el la conectividad y las comunicaciones.


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